lunes, 20 de enero de 2014

Relatillos sin más

Bueno en vista de que no tengo muchas ganas de continuar con lo de Vidas sin valor en este momento voy a postear algunos "microcuentos" que he escrito en otro foro hace mucho tiempo. Me gustaría conocer la opinión de los pocos que me lean sobre si debo continuar ese relato o empezar con otro; muchas gracias. 

- Lágrimas calibre .50 - 

El día en que el capitán H. Wells cayó en acto de servicio es un día que los pocos supervivientes de la operación Aurora jamás olvidarán.

La mañana había aparecido débil y brumosa, se prometía un día oscuro y frío. Lo fué. Apenas pasada media hora del amanecer los hombres se habían subido al camión que los llevaría fuera de la ciudad, cuyo nombre es clasificado, para dejarlos a merced de las inclemencias del tiempo, el enemigo y su orientación.

Llegaron a destino a eso de las once de la mañana y las nubes habían vencido a los tímidos rayos de sol. Yo llevaba toda la noche esperando en una puta colina sin poder hacer un maldito fuego y ya tenía los huevos congelados. Era la primera vez que veía a la compañía Víbora y al capitán Wells, pero nunca olvidaré a ese hombre ni su gesto de darme un termo de café caliente que me bebí muy agusto pese a que no me guste.

¿Qué nuevas hay del enemigo? - Me preguntó mirando colina abajo.
No les he visto en toda la noche, capitán, aunque intuyo que deben tener algo tras ese valle - repuse yo señalando.

El tipo me miró y asintió en silencio.

Sus órdenes eran esperar el relevo y retirarse - me dijo, yo lo sabía. Él también.
Si quiere me quedo a ayudarle en el jaleo - le dije yo con fingida indiferencia.

Él me dijo que los soldados de aspecto creído, respondón y un poco liantes, por no decir que trapichean, le caían de puta madre. Máxime si llevaban tupé y gafas de sol incluso de noche. Yo, que era justo lo que acababa de describir, sonreí y le dije que esperase a la tercera cita para meterme mano.

Me interné en aquél jodido valle sólo para reconocer el terreno. La culminación de la operación Aurora estaba a punto de comenzar. Cuando lo hizo el combate fue bastante rápido: los flanqueamos por las paredes rocosas y los mandamos al infierno.

El capitán mandó a sus hombres a buscar documentos y yo me dediqué a carroñear objetos de valor, por lo que me separé del grupo...sólo puedo perdonármelo pensando en que puedo darles venganza. No ví exactamente qué pasó o por qué, no lo necesito para apretar el gatillo.

Cuando regresé con mi escaso botín personal me agazapé al oír disparos. No tenía balas en mi M16 por lo que saqué mi M9 como un rayo. Junto al capitán y sus hombres de confianza habían otros uniformados pero sin distintivos. Discutían de algo que yo no oía, pero Wells negaba con la cabeza todo el rato. Lo que pasó a continuación fue demasiado rápido.

Aquél tipo que me sonaba de algo disparó en pleno pecho a bocajarro una sola bala de una magnum 44. Los compañeros de este dispararon sobre los hombres de Wells. No tardó en formarse una escabechina que se saldó con demasiados buenos soldados muertos. Confieso que no tomé parte en el asunto. Sólo ví cómo aquellos hijos de puta se subían a humvees americanos y se marchaban con la documentación.

Yo indagué por mi parte y fuí descubriendo cosas y enemigos con uniforme amigo. Pero ahora estoy aquí.Apostado en la fachada de un edificio en construcción con un fusil de francotirador Barret M95 calibre 50. ¿Las lágrimas? Mías, de recordar cómo un maldito capullo mató a un buen capitán por unos documentos demasiado importantes como para matar por ellos.


Espero a que mi presa se reúna con mi víctima en este descampado a las 03:30 de la madrugada. Son las 11:55. Tengo tiempo de recordar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario