- Lágrimas calibre .50 -
El día en que el capitán H. Wells cayó
en acto de servicio es un día que los pocos supervivientes de la operación
Aurora jamás olvidarán.
La mañana había aparecido débil y
brumosa, se prometía un día oscuro y frío. Lo fué. Apenas pasada media hora del
amanecer los hombres se habían subido al camión que los llevaría fuera de la
ciudad, cuyo nombre es clasificado, para dejarlos a merced de las inclemencias
del tiempo, el enemigo y su orientación.
Llegaron a destino a eso de las once de
la mañana y las nubes habían vencido a los tímidos rayos de sol. Yo llevaba
toda la noche esperando en una puta colina sin poder hacer un maldito fuego y
ya tenía los huevos congelados. Era la primera vez que veía a la compañía
Víbora y al capitán Wells, pero nunca olvidaré a ese hombre ni su gesto de
darme un termo de café caliente que me bebí muy agusto pese a que no me guste.
¿Qué nuevas hay del enemigo? - Me
preguntó mirando colina abajo.
No les he visto en toda la noche,
capitán, aunque intuyo que deben tener algo tras ese valle - repuse yo
señalando.
El tipo me miró y asintió en silencio.
Sus órdenes eran esperar el relevo y
retirarse - me dijo, yo lo sabía. Él también.
Si quiere me quedo a ayudarle en el jaleo
- le dije yo con fingida indiferencia.
Él me dijo que los soldados de aspecto
creído, respondón y un poco liantes, por no decir que trapichean, le caían de
puta madre. Máxime si llevaban tupé y gafas de sol incluso de noche. Yo, que
era justo lo que acababa de describir, sonreí y le dije que esperase a la
tercera cita para meterme mano.
Me interné en aquél jodido valle sólo
para reconocer el terreno. La culminación de la operación Aurora estaba a punto
de comenzar. Cuando lo hizo el combate fue bastante rápido: los flanqueamos por
las paredes rocosas y los mandamos al infierno.
El capitán mandó a sus hombres a buscar
documentos y yo me dediqué a carroñear objetos de valor, por lo que me separé
del grupo...sólo puedo perdonármelo pensando en que puedo darles venganza. No
ví exactamente qué pasó o por qué, no lo necesito para apretar el gatillo.
Cuando regresé con mi escaso botín
personal me agazapé al oír disparos. No tenía balas en mi M16 por lo que saqué
mi M9 como un rayo. Junto al capitán y sus hombres de confianza habían otros
uniformados pero sin distintivos. Discutían de algo que yo no oía, pero Wells
negaba con la cabeza todo el rato. Lo que pasó a continuación fue demasiado
rápido.
Aquél tipo que me sonaba de algo disparó
en pleno pecho a bocajarro una sola bala de una magnum 44. Los compañeros de
este dispararon sobre los hombres de Wells. No tardó en formarse una
escabechina que se saldó con demasiados buenos soldados muertos. Confieso que
no tomé parte en el asunto. Sólo ví cómo aquellos hijos de puta se subían a
humvees americanos y se marchaban con la documentación.
Yo indagué por mi parte y fuí
descubriendo cosas y enemigos con uniforme amigo. Pero ahora estoy
aquí.Apostado en la fachada de un edificio en construcción con un fusil de
francotirador Barret M95 calibre 50. ¿Las lágrimas? Mías, de recordar cómo un
maldito capullo mató a un buen capitán por unos documentos demasiado
importantes como para matar por ellos.
Espero a que mi presa se reúna con mi
víctima en este descampado a las 03:30 de la madrugada. Son las 11:55. Tengo
tiempo de recordar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario