Durante un
segundo pensó que no era más que un disfraz muy bien elaborado con el que le
estaban gastando una broma, pero al poco tiempo descubrió que no era un disfraz
en absoluto; por irreal que pudiese parecerle, aquellas cosas eran
completamente reales.
Asustado trató
de echarse hacia atrás para volver a la habitación donde se encontraba, pero
algo en él le impedía moverse; una necesidad de conocer y descubrir le obligaba
a permanecer ahí hasta que aquellas criaturas, cuyo sexo no podía distinguir a
simple vista, hablasen de nuevo. Hasta el momento no se habían comportado de
forma hostil hacia él, pero no por ello dejaba de desconfiar en todo lo que
estaba sucediendo.
- Humano, comprendemos que estés nervioso, asustado y
confundido por todo lo que está sucediendo. – dijo la voz masculina, situada a
su derecha, con tono ligeramente impaciente. – Pero es necesario que nos
marchemos ya de aquí, o de lo contrario no podremos hacerlo.
- Ellos están de camino. – aseguró la voz femenina.
- ¿Pero quiénes son ellos? – insistió, mirándolos a ambos
alternativamente.
- Los Râhl, humano. – respondió la voz masculina, cada
vez más impaciente. – Si nos descubren aquí nos matarán.
- Deja de llamarme humano, mi nombre es Demian. – dijo él,
caminando junto a ellos. – ¿Cuál es vuestro nombre?
- No tenemos nombres, Demian. – respondió la voz
masculina, un poco tosca, mientras avanzaba.
- ¿Y cómo demonios os diferenciáis unos de otros? –
preguntó el humano, claramente desconcertado.
- Nos miramos a los ojos, Demian. – respondió la voz
femenina con sencillez. – Así sabemos cuándo se refieren a nosotros.
- Sí, tiene lógica. – replicó Demian con tono sarcástico.
– ¿Y por qué se supone que esos tíos quieren matarnos? – preguntó con cierto
nerviosismo en la voz.
- A ti, humano. – dijo la voz masculina. – Quieren matarte
a ti. Nosotros estamos en paz con ellos.
Aquella confesión,
si es que podía llamarla de aquella manera, le obligó a quedarse plantado en el
sitio. Si sus supuestos salvadores tenían una alianza con los que,
supuestamente, querían matarle… ¿podría fiarse de ellos? La respuesta más
evidente era que no. Lo más probable es que esos dos pretendiesen venderle como
a un animal, ¿pero por qué?
Al salir del
edificio pudo percatarse de que se trataba de un antiguo edificio derruido y
abandonado hacía años. Aquél lugar podría perfectamente ser de… “La Tierra”, le
aterraba la idea de pensar que ya no estaba en su planeta, pero también podría
ser de otro mundo estrafalario e inventado. Se limitó a guardar silencio
durante un tiempo, esperando a ver cómo actuaban aquellos dos seres que
aseguraban ser de otro mundo.
Pesadilla,
broma o realidad le daba todo igual; no recordaba en absoluto cómo había
llegado a aquél maldito lugar y no sabía cómo podría volver a su casa, que era
lo que más ansiaba en ese momento. Sin embargo no pudo aguantar más.
- Si vosotros tenéis una alianza con esa gente, ¿por qué
debería confiar en vosotros? – preguntó con tono acusador.
- Comenzaba a pensar que los humanos no eráis tan
desconfiados como me habían dicho. – respondió la voz femenina, con una sonrisa
divertida.
- No estamos aliados con los Rähl, humano. Sólo estamos
en paz con ellos, pero si nos descubren ayudándote habrá acabado la paz.
- ¿Pero por qué quieren matarme? – preguntó, mirando a
ambos.
- Eres un trofeo, Demian. – respondió la voz femenina. –
Y los Rähl se toman la caza muy en serio. Siento decírtelo de esta manera, pero
estás en grave peligro.
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