martes, 22 de abril de 2014

Improvisación. 2º parte

Ayer empecé un proyectillo un tanto curioso que me ha dejado con ganas de experimentar más al respecto de ésto. Por el momento continuaré una parte hoy y ya veremos qué pasa mañana. 


-- Relato -- 

    Se había marchado del local de mala muerte para seguir caminando hasta que no pudiese más y entonces buscar algún sitio donde pasar la noche. No tenía encima nada, salvo la nota de papel que rezaba aquella extraña cuenta atrás. 

- Hoy es mi día, eso está claro. - comentó en voz baja para él y la soledad mientras caminaba. - Espero que mañana sea mejor que hoy, pero vete a saber. - bostezó cansado. - ¿Qué pasará cuando el tiempo se acabe? En setenta  y dos horas no da tiempo para mucho en realidad. - continuó hablando para sí, sin hacer caso a nada de lo que les rodeaba. 

    Casi dos horas de deambular en línea recta siguiendo una carretera fantasma decidió que la mejor opción era la de pararse a descansar. En el antro al que había entrado tan sólo logró encontrar agua sucia y unos paquetes individuales de sal. Se había llevado también uno de los cuchillos de cocina, sin saber por qué; tan sólo quería sentirse a salvo. 

- Bueno, veamos dónde puedo... - comentó de nuevo al aire y chasqueó la lengua. Siempre había sido bastante introvertido y nunca había sido muy sociable, pero en ese momento echaba de menos ver cualquier rostro humano: era como si todo hubiese desaparecido en el mundo. - Vaya día, desde luego. Espero que mañana todo vaya mejor. - se dijo mientras caminaba hacia el exterior de la carretera para adentrarse un poco en el desierto de nuevo; allí buscaría un refugio seguro donde poder dormir unas horas. - Aunque seguro que no puede ir a peor que éste maldito día. - susurró a sabiendas de que sí podría ser mucho peor, y que seguramente así fuese: le quedarían dos días. 

    No sabía en qué consistía esa cuenta atrás pero estaba seguro de que no sería para nada bueno: cualquier cosa desconocida que cambiase su vida en 3 días no podía albergar nada bueno para nadie. 
    Por fin llegó a una zona de rocas y bostezó, cansado. Aquél sitio le proporcionaría un parapeto contra el viento y el frío, y eso era algo importante. 

- Sólo espero que los escorpiones o las serpientes no piensen lo mismo que yo. - Comentó, acomodándose como podía entre las rocas. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que los únicos seres vivos que había visto en todo el día habían sido aquellas cucarachas que recorrían la cocina. Y había algo muy extraño en ellas: eran de color negro muy oscuro y no parecían ser reales cucarachas comunes. 

    Una parte de su cerebro quería alertarle del peligro inminente que se acercaba, pero la otra estaba tan agotada que le obligó a sumirse en un sueño pesado. Soñó que continuaba caminando, porque no debía pararse. 

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