Su cerebro había tratado de bombardear las imágenes que había captado durante el sueño, pero la realidad era que se encontraba tan agotado que ni siquiera había sido capaz de intentarlo.
La noche pasó rápida y pudo dormir sin ningún problema, pero no por ello se sentía descansado. No se había percatado de ello debido al agotamiento físico y mental, pero su cuerpo había pasado mucho frío durante la noche y eso, junto al hambre y la sed, había hecho que se resintiese lo suficiente como para sentirse desorientado y confuso.
- ¿Qué pasa...? - el mero echo de preguntarse algo mentalmente había sido como golpearse con un martillo, pero aquello era mejor que intentar abrir la boca y pronunciar palabra. - ¿Dónde estoy...qué es este sitio? - se preguntó, caminando a trompicones hacia una pared en la que terminó apoyándose para no caer.
- No creo que quieras averiguarlo, viejo. - respondió su mente con voz propia.
- ¿Y por qué no, eh?
- Bueno...digamos que anoche había algo en la pared, y esta mañana no. - replicó su cerebro.
Se vio obligado a guardar silencio mientras intentaba procesar las palabras. ¿Por la noche había algo en la pared que ahora no? Deseó creer que lo más probable fuese que se tratase de algún insecto que reptase por allí.
Se dirigió hacia la salida de la cueva con recelo, ¿debía arriesgarse a salir?
- Tal vez esas cosas sigan ahí, buscándome. - pensó, aterrorizado.
- Es posible. Pero tienes hambre, y la garganta seca. No creo que te apetezca demasiado quedarte aquí el resto de tu vida. - objetó su cabeza.
- El resto de mi vida desde luego que no, ¿pero y si me quedo aquí el resto del día? Creo que este sitio es seguro, y según la nota hoy se acaba todo... - dijo inseguro, mirando a su alrededor.
- Sería gracioso que esas cosas viviesen aquí, ¿no crees? - replicó su cabeza.
Avanzó hacia la salida de la cueva en busca de la luz del sol cuando pudo percatarse de que en la misma entrada había una bandeja con comida: agua, fruta, pan, embutido. Todo colocado de forma delicada.
Se abalanzó sin pensárselo dos veces para comer y beber todo cuanto pudiese, ignorando la pequeña nota de papel que había sobre la bandeja.
- Tal vez debas abrirla. - sugirió su cerebro, mucho más despejado ahora.
- Te quedan veinticuatro horas. - anunció él con tono serio. - ¿Quieres escuchar eso?
- ¿Y si se trata de algo bueno? - preguntó, haciéndole dudar.
- ¿Por qué iba a tratarse de algo bueno? Esas cosas nos han perseguido durante toda la noche, no creo que ahora nos traigan el desayuno a la cama. - respondió él, engullendo a toda prisa.
- ¿Y si es otra cosa la que te ha traído esto? - insistió su cabeza.
- ¿Y si no lo es? - replicó él.
- Bueno, nunca lo sabrás si no lo lees. - respondió su mente con indiferencia.
Una vez acabado todo rastro de alimento de la bandeja permaneció en silencio mirando la nota de papel, cuidadosamente doblada por la mitad, y alargó una mano temblorosa para cogerla. - Esto es una estupidez. - pensó, antes de abrirla.
VAN A VENIR A POR TI ESTA NOCHE.
No hay comentarios:
Publicar un comentario