lunes, 7 de julio de 2014

Para ti

Si hace unos días me hubiesen dicho que mi vida podía cambiar en tan poco tiempo, lo más probable es que me hubiese reído de la idea. Si me hubiesen dicho que sería por conocer a alguien capaz de tirar abajo mi percepción del mundo, lo más probable es que me hubiese reído en su cara. Si me hubiesen dicho lo que iba a pasar después, lo más seguro es que le hubiese partido la cara al destino.  

72 horas pueden ser un período de tiempo muy largo si estamos esperando algo con ganas, o muy corto si estamos viviendo algo realmente increíble, y es la segunda opción la que me hace escribir ahora mismo estas líneas. Jamás pensé que pudiese pasarme lo que me pasó hace unos días, pero lo cierto es que sucedió. 

Para ser sincero al principio mi desconfianza era casi absoluta y no quería creer que nada de lo que estaba ocurriendo fuese real, pero poco a poco fue entrándome en la cabeza hasta el punto de que diste un mazazo en mi mundo y lo tiraste todo abajo: miedos, desconfianza, recelo...todo eso quedó sepultado por una marea imparable de ilusiones y expectativas, que finalmente quedaron reducidas a la nada más absoluta, y no te culpo de ello: al contrario, te doy las gracias. 

En tres días fuiste capaz de llegar muy dentro de mí y lograste que me sintiese tan cómodo contigo como para contarte cosas que he tardado casi 20 años en contarle a gente de mi entorno más cercano, y creo que por ese motivo estoy escribiéndote en realidad: pudiste haber sido mucho en mi vida, pero decidiste tomar otro camino (cosa que, como repito, no te culpo. Es más que probable que yo hubiese optado por el viejo refrán de "más vale malo conocido, que bueno por conocer". Y va sin segundas intenciones). 

Lo único que me ha molestado de todo el asunto es que no me dieses tiempo a responderte y a saber que te había llegado, por lo que espero que la curiosidad te acabe picando y entres en este blog al menos una vez más para darme la oportunidad de decirte todo esto; no volveré a escribir del tema al menos aquí. 

Me hiciste subir al cielo y me hiciste formar parte de él por un momento, y por eso te doy las gracias. Siento que la cosa no haya ido más allá entre los dos, pero sólo espero que seas feliz a lo largo de tu vida. 
Me  hiciste volver a sentir cosas que creía muertas, recordando sensaciones que pensaba que mi pasado había borrado, y por eso te doy las gracias. 
Aquí estaré, tú ya sabes dónde encontrarme. Yo sólo puedo volver a remar solo, esperando que algún día la tormenta vuelva a desvanecerse y el sol vuelva a brillar. 

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