Cuatro hombres que viajan por una carretera olvidada, cuatro almas con familia e hijos, cuatro amigos, casi hermanos, con motivos por los que vivir. Tres sentencias de muerte que desconocen.
Después de horas de viaje con el canto de grillos y las ruedas en la tierra como único sonido de compañía llegan al pequeño pueblo vietnamita. Se deslizan como sombras rehuyendo la luz del amanecer, se mueven entre callejones polvorientos. Buscan una casa, una vida, un objetivo.
Al llegar frente a la casa se miran en silencio, todo o nada está en juego, uno de ellos se adelanta y coge el picaporte de la puerta con una mano. Mira a sus compañeros, hermanos de guerras olvidadas, gente en la que confía plenamente. Ellos devuelven la mirada y asienten, están nerviosos, preocupados, saben lo que se juegan, pero confían en los otros y los otros en ellos.
Los músculos de la mano se tensan, los dedos aprietan, poco a poco todos los nervios y tendones se preparan. El picaporte gira despacio, demasiado despacio, y el cierre de la puerta cede para que ésta apenas se abra un par de centímetros, dejando pasar la luz del interior por rendijas.
En ese instante todos preparan las armas con las que defender su vida, con las que robar una vida, y abren la puerta de una patada. Lo que hay en el interior de la estancia es tan inesperado, tan aterrador, que quedan clavados en el la entrada; notando cómo el inconfundible sudor frío del miedo les recorre la espina dorsal.
Tras lo que parecen ser incontables horas uno de ellos consigue rehacerse del shock y adelanta un paso, otro de ellos ha tenido que salir para vomitar, el ambiente está dominado exclusivamente por ese nauseabundo olor que no consiguen identificar.
Me he quedado intrigada XD
ResponderEliminarLa verdad es que esto lo escribí con el móvil hace la tira xD tengo que continuarla porque la verdad es que tenía alguna idea interesante, pero la perdí. Muchas gracias por tus visitas y comentarios!!
ResponderEliminar*__*
ResponderEliminar:D
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