Ahora sí, ahora tengo un ordenador y puedo escribir con comodidad. Ahora he vuelto, y quizá sea para quedarme.
Bueno como primera noticia creo que debería resaltar la creación de mi primer libro (¡cómo mola!) y aunque aún me falte corregir, registrar y publicar estoy bastante contento con el resultado. He decidido hacer caso a familiares y amigos, los pocos que me quedan en ambos grupos, y me he embarcado en un viaje de dudoso fin y turbulento intermedio: la escritura. Obviamente sé que uno no puede ganarse el pan, o siquiera las migajas, de la noche a la mañana y que hay mucha más gente con mucho mayor talento que yo que ya lleva tiempo moviéndose en este ambiente, pero eso me da igual. En fin creo que debería dejar de alargar esta pequeña nota, que probablemente lean cuatro gatos y eso con suerte, y debería escribir algo más, sólo por el gustazo de escuchar el teclear del teclado.
Uno nunca se imagina cuánto miedo puede soportar un corazón, hasta que se ve obligado a soportarlo. Uno nunca piensa que da igual cuanto miedo puede soportar antes de volverse loco, porque se sorprendería al descubrir que aún puede tener un poco más. Miedo, miedo es la palabra. Ellos no sabían a qué estaban a punto de enfrentarse cuando giraron el pomo de una vieja puerta; quizá de haberlo sabido nunca lo hubiesen hecho.
– No estoy muy seguro de querer hacerlo – dice uno de ellos consciente de que no debería haberlo dicho.
– Oh, vamos. No irás a acobardarte precisamente ahora, ¿verdad? Te recuerdo que estamos muy cerca de conseguirlo; retroceder ahora sería ignorar todo por lo que hemos trabajado – responde el otro, irritado
– Quizá sea mejor ignorar todo por lo que hemos trabajado, si todo por lo que hemos trabajado puede matarnos, o algo peor - piensa el más joven de los tres
Ninguno de los tres saqueadores sabe realmente a qué se están exponiendo al entrar en aquella sala, sólo lo hacen impulsados por la perspectiva de encontrar riquezas que poder llevarse, ¿pero no están impulsados también por algo más, algo que no pueden controlar? Quizá sea la inexplicable atracción que supone encontrar algo que nadie más ha visto hasta la fecha, quizá sólo sea porque algo ajeno extraño los atrae hacia una trampa algo que ni siquiera comprenden.
Al abrir la puerta y entrar en la sala no descubren más que polvo y piedras amontonadas, como si formasen una pequeña pirámide en el centro. Los tres observan aquello incrédulos mientras se acercan sin pensarlo hacia la trampa pequeña construcción. Observan, en silencio y con cierta fascinación, la absoluta nada.
– Bueno, pues parece que nos han timado – rompe el silencio Zack, el más ambicioso de los tres. Un hombre que sólo busca beneficio fácil.
– Quizá sea una estructura funeraria – replica James, acercándose hacia el montículo con curiosidad, parece dispuesto a escalarlo.
– ¿Y para qué nos sirve eso? ¡Piedras! miserables piedras – responde furioso Zack, dando una patada al aire.
James hace caso omiso de la pregunta de Zack a sabiendas de que éste sólo había accedido a acompañarles con el propósito de hacerse con un buen botín; no comprende la importancia del valor cultural y científico del descubrimiento que acaban de realizar.
– Esto no me gusta. No me gusta en absoluto, creo que deberíamos irnos de aquí, ahora – dice Michael con voz temblorosa, es el más joven de los tres y está claramente asustado.
– A ti no te gusta ni tu propia sombra, Mickey – responde Zack con sorna, esbozando una sonrisa en el rostro.
– Callaos, los dos – interrumpe James con tono autoritario – he encontrado algo.
– Dime que es algo de valor.
– Lo es, pero no del valor que tú esperas – replica James ya en la cúspide de la pirámide. Ésta mide casi cinco metros de alto y al menos otros seis de ancho.
Durante varios minutos el silencio es total en la sala. Zack y Michael, que esperaban pacientemente abajo, han subido por las lisas paredes de piedra para ayudar a James y, de paso, poder observar qué hay en el interior, si es que hay algo realmente. Cuando consiguen subir se miran incrédulos y luego a James.
– ¿Qué broma estúpida es esta? Ahí abajo no hay nada.
– Calla, y espera – responde James con paciencia – está a punto de volver a ocurrir, lo sé.
– ¿Qué? ¿Qué está a punto de ocurrir? Sea lo que sea lo que haya ahí abajo no puede ser bueno, no me gusta – piensa Michael con súbita certeza – ¿Y si...? – comienza, pero no puede seguir. Siente la garganta seca y un nudo en el estómago.
Zack, exasperado por la frustración de no haber encontrado nada, lo mira con rabia. Abre la boca para responder pero entonces las piedras que los sostienen ceden bajo el peso o quizá no sea por eso y los tres hombres caen al suelo, al interior de la pirámide. Afortunadamente para los tres logran evitar las piedras y salen indemnes de la caída, pero miran hacia arriba en silencio durante un momento.
– Bueno, ¿qué ibas a decir? – pregunta James mirando a Michael, quien no deja de temblar.
– ¿Y si en lugar de ser un sarcófago, se construyó para evitar que algo saliera? – responde. Finalmente ha puesto de manifiesto el mayor de sus temores, y ve en los ojos de ambos que dicho temor, es compartido.
– Deja de decir tonterías – replica Zack entre asustado y enfadado – y aunque así fuera este sitio debe tener al menos mil años, ¿no? cualquier cosa que hubiese aquí dentro habría muerto hace mucho.
La risa llega hasta ellos, rebotando entre kilómetros de piedra.
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