viernes, 24 de enero de 2014

Años 50

Salió a la calle ajustándose bien el sombrero con aire distraído. Buscó en los bolsillos de la desteñida gabardina gris un paquete de cigarrillos. Extrajo uno del paquete y se lo llevó a la boca de forma mecánica para luego buscar, del mismo modo, una cerilla con que encenderlo. Dio una calada aspirando el humo y suspiró mirando a ambos lados en silencio, subido aún a los tres pequeños escalones del edificio – Menuda ciudad de mierda – pensó cuando decidió bajar por fin y empezar a caminar hacia su destino – Una ciudad que premia a los corruptos y los poderosos y que castiga a los honrados. No importa cuántos años te hayas pasado aquí partiéndote el culo para que la mierda no salpique a la gente decente; sólo basta un simple error en tu carrera para que te echen a los leones. Vale, está bien, más que un error fue un asesinato pero…qué demonios, fue lo que debía de hacer y no me arrepiento de eso. Esa noche pude dormir tranquilo y pude mirar a los ojos sin vergüenza al padre de la pobre desgraciada… - aspiró de nuevo del cigarrillo decidido a enterrar de nuevo el pasado; ya había aguantado bastante por una buena temporada – Bueno, señorita Kernat, es hora de que empiece a trabajar de una vez. Cuanto antes me quite de encima esta chorrada antes podré volver a los casos de verdad – se dijo sabiendo de sobra que aquél era el primer caso rentable de todo el maldito mes y que lo más probable era que cuando hubiese recopilado la información que el maldito crío le pedía sobre la chiquilla se pasase un par de semanas de nuevo sin nada que hacer, pero era mejor intentar compadecerse de sí mismo que afrontar la realidad de la situación. Eso era mucho más cómodo y sencillo que mirarse al espejo y decirse a uno mismo que sí, que la había cagado en el pasado y que a raíz de eso estaba pasando hambre en el presente, dedicado a trabajos de segunda; que el futuro que le esperaba por delante era más negro que esos condenados cantantes de jazz y blues que solía escuchar en los bares el viernes por la noche.

- Vaya vaya, el viejo Eds en persona – dijo una voz burlona a su lado – ¿Qué pasa, Eddie, ya no saludas a tus viejos conocidos? – preguntó de nuevo, insistiendo, Jeffrey Kenway, un simple traficante de medio pelo al que en tiempos pasados Harrison tenía bien a raya.
- Más te vale cerrar el puto pico ahora mismo, si no quieres que te lo cierre yo de un buen puñetazo, Jeffrey – respondió de mal humor. No tenía ganas de aguantarle bromitas a cualquiera,  y mucho menos a un tipo como aquél.
- Bueno tampoco hay que sulfurarse, chico – sonrió Kenway divertido – ¿Cómo te trata la vida? A mí bien, sobre todo desde que tú ya no estás rondando por las calles, viejo – sonrió divertido mirándolo desafiante.
- ¿Viejo? ¿Me has llamado viejo, a mí, tú? Oh, no puedo creer que hayas cometido semejante error, Jeffrey muchacho – pensó cerrando los puños con violencia dentro de los bolsillos mientras lo miraba fijamente. Se había detenido y el cigarrillo agonizaba entre sus labios cerrados – ¿Cómo me has llamado? – preguntó despacio, tranquilo, sin quitarle la mirada de encima.
- Venga, Harry muchacho, no te pongas así – respondió repentinamente nervioso, consciente de haberse pasado de listo – No era más que una broma, yo…

No le dejó terminar la frase, antes de que lo lograse ya lo tenía cogido por el cuello de la camisa y lo había levantado del suelo un par de centímetros. Aún no había abierto la boca, simplemente lo miraba en silencio fijamente mientras esbozaba una leve sonrisa que no auguraba nada bueno. Kenway sintió el pánico aflorar en la piel ante aquella sonrisa y miró de un lado a otro nervioso buscando ayuda, pero nadie les prestaba atención.

- Bueno Harry…he aprendido la lección – dijo incómodo – Ya puedes bajarme, ¿eh? – dijo tratando de sonreír para quitar hierro al asunto, pero el condenado Edwards no lo bajaba, ni tampoco parecía estar dispuesto a hablar en breve – Oye, o me sueltas de una vez o puedes meterte en un buen lío – amenazó sin convicción – Si aparece algún poli por aquí…
- Si aparece algún buen poli por aquí – dijo antes de que pudiese acabar la frase – Hará lo mismo que hicieron todos hace tiempo. Esperarán a que haya terminado contigo y luego taparán lo que he hecho. A nadie le importa una mierda un jodido traficante, chico. ¿No lo sabías?

- Vale, vale, está bien  Harry. Siento haberte llamado…ya sabes – dijo sin querer pronunciar la palabra por miedo a que le acabase pegando de verdad – Ha sido un error tonto por mi parte y no volverá a suceder, ¿de acuerdo? Bien, ¿qué tal si ahora haces el favor de bajarme y quedamos todos tan amigos, eh? – preguntó esbozando una nueva sonrisa nerviosa, Harry no contestó. 

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