Salió a la calle ajustándose bien el sombrero con aire
distraído. Buscó en los bolsillos de la desteñida gabardina gris un paquete de
cigarrillos. Extrajo uno del paquete y se lo llevó a la boca de forma mecánica
para luego buscar, del mismo modo, una cerilla con que encenderlo. Dio una
calada aspirando el humo y suspiró mirando a ambos lados en silencio, subido
aún a los tres pequeños escalones del edificio – Menuda ciudad de mierda – pensó cuando decidió bajar por fin y
empezar a caminar hacia su destino – Una
ciudad que premia a los corruptos y los poderosos y que castiga a los honrados.
No importa cuántos años te hayas pasado aquí partiéndote el culo para que la
mierda no salpique a la gente decente; sólo basta un simple error en tu carrera
para que te echen a los leones. Vale, está bien, más que un error fue un
asesinato pero…qué demonios, fue lo que debía de hacer y no me arrepiento de
eso. Esa noche pude dormir tranquilo y pude mirar a los ojos sin vergüenza al
padre de la pobre desgraciada… - aspiró de nuevo del cigarrillo decidido a
enterrar de nuevo el pasado; ya había aguantado bastante por una buena
temporada – Bueno, señorita Kernat, es
hora de que empiece a trabajar de una vez. Cuanto antes me quite de encima esta
chorrada antes podré volver a los casos de verdad – se dijo sabiendo de
sobra que aquél era el primer caso rentable de todo el maldito mes y que lo más
probable era que cuando hubiese recopilado la información que el maldito crío
le pedía sobre la chiquilla se pasase un par de semanas de nuevo sin nada que
hacer, pero era mejor intentar compadecerse de sí mismo que afrontar la
realidad de la situación. Eso era mucho más cómodo y sencillo que mirarse al
espejo y decirse a uno mismo que sí, que la había cagado en el pasado y que a
raíz de eso estaba pasando hambre en el presente, dedicado a trabajos de
segunda; que el futuro que le esperaba por delante era más negro que esos
condenados cantantes de jazz y blues que solía escuchar en los bares el viernes
por la noche.
- Vaya vaya, el viejo Eds en persona – dijo una voz
burlona a su lado – ¿Qué pasa, Eddie, ya no saludas a tus viejos conocidos? –
preguntó de nuevo, insistiendo, Jeffrey Kenway, un simple traficante de medio
pelo al que en tiempos pasados Harrison tenía bien a raya.
- Más te vale cerrar el puto pico ahora mismo, si no
quieres que te lo cierre yo de un buen puñetazo, Jeffrey – respondió de mal
humor. No tenía ganas de aguantarle bromitas a cualquiera, y mucho menos a un tipo como aquél.
- Bueno tampoco hay que sulfurarse, chico – sonrió Kenway
divertido – ¿Cómo te trata la vida? A mí bien, sobre todo desde que tú ya no
estás rondando por las calles, viejo – sonrió divertido mirándolo desafiante.
- ¿Viejo? ¿Me has
llamado viejo, a mí, tú? Oh, no puedo creer que hayas cometido semejante error,
Jeffrey muchacho – pensó cerrando los puños con violencia dentro de los
bolsillos mientras lo miraba fijamente. Se había detenido y el cigarrillo
agonizaba entre sus labios cerrados – ¿Cómo me has llamado? – preguntó
despacio, tranquilo, sin quitarle la mirada de encima.
- Venga, Harry muchacho, no te pongas así – respondió
repentinamente nervioso, consciente de haberse pasado de listo – No era más que
una broma, yo…
No le dejó terminar la frase, antes de que lo lograse ya
lo tenía cogido por el cuello de la camisa y lo había levantado del suelo un
par de centímetros. Aún no había abierto la boca, simplemente lo miraba en
silencio fijamente mientras esbozaba una leve sonrisa que no auguraba nada
bueno. Kenway sintió el pánico aflorar en la piel ante aquella sonrisa y miró
de un lado a otro nervioso buscando ayuda, pero nadie les prestaba atención.
- Bueno Harry…he aprendido la lección – dijo incómodo –
Ya puedes bajarme, ¿eh? – dijo tratando de sonreír para quitar hierro al
asunto, pero el condenado Edwards no lo bajaba, ni tampoco parecía estar
dispuesto a hablar en breve – Oye, o me sueltas de una vez o puedes meterte en
un buen lío – amenazó sin convicción – Si aparece algún poli por aquí…
- Si aparece algún buen poli por aquí – dijo antes de que
pudiese acabar la frase – Hará lo mismo que hicieron todos hace tiempo.
Esperarán a que haya terminado contigo y luego taparán lo que he hecho. A nadie
le importa una mierda un jodido traficante, chico. ¿No lo sabías?
- Vale, vale, está bien
Harry. Siento haberte llamado…ya sabes – dijo sin querer pronunciar la
palabra por miedo a que le acabase pegando de verdad – Ha sido un error tonto
por mi parte y no volverá a suceder, ¿de acuerdo? Bien, ¿qué tal si ahora haces
el favor de bajarme y quedamos todos tan amigos, eh? – preguntó esbozando una
nueva sonrisa nerviosa, Harry no contestó.
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