- Bueno, deja de pensar en películas
cutres de serie B porque eso no nos está ayudando – se
dijo Cody avanzando por los pasillos del portaaviones en silencio, atento a
cualquier sonido que pudiese hacer la…¿amenaza? No sabía exactamente qué estaba
pasando y eso le ponía nervioso. Tenía que encontrar a Rick y a John para poder
ponerse al día de la situación y poder enfrentarla. ¿Deberían buscar también a
Anthony? Desde un punto de vista ético eso era lo correcto, pero no sentía ningún
deseo de buscarlo porque estaba convencido de que, al final, toda la culpa de
aquello era de él. No lo había hecho de manera consciente, estaba claro, pero
no dejaba de ser el que transportase el virus al barco.
Avanzar
por los pasillos a oscuras era algo que le daba una dimensión distinta al
barco; no era la primera vez que los recorría a oscuras, lógicamente, pero sí
la primera vez que lo hacía mientras sonaba una alarma que aseguraba que
estaban siendo atacados de verdad y que aquello no era ninguna broma. Pensar que
podía encontrarse con alguna cosa salida de otro mundo, o simplemente un
enemigo cabreado y asustado, al girar cualquier esquina era algo que no le
animaba demasiado. Tenía que encontrar un arma, y debía hacerlo pronto, si quería
salir de la situación entero.
- Tengo que encontrar al novato y reventarle
la cabeza de manera rápida, que no sufra – pensaba John avanzando armado
con una de las patas de las mesas del comedor arrancada a tirones. Aquello no
le reportaba una sensación de seguridad plena pero era mejor que andar por ahí
sin nada con que poder defenderse – Tengo
que detenerlo antes de que extienda el virus y no podamos controlarlo. No pienso
palmarla aquí dentro, no señor, no en este jodido ataúd de metal gigante.
Avanzaba
pendiente de cualquier sonido que delatase algún movimiento cercano, consciente
de que los zombies no era precisamente silenciosos al andar. Apretó con fuerza
las manos para sentirse seguro cuando diese el golpe; había escuchado los pasos
acercarse y estaba seguro de que fuera lo que fuese lo que venía hacia él no
era ningún marine americano. Golpeó con fuerza cuando tuvo la oportunidad y
falló, Cody le paró con un gesto de miedo y enfado.
-
¿Se puede saber qué cojones haces, hombre? – preguntó mirándolo sorprendido aún
- ¿Qué te has creído, que eres un bateador profesional o qué? Joder tío, mi
cabeza no es una jodida sandía, ¿vale?
-
Bueno perdona – respondió John sin poder reprimir una sonrisa nerviosa – Pensé que
eras…bueno, ya sabes.
- Al
menos no soy el único puto colgado que lo piensa – dijo a modo de consuelo -
¿Has visto a Rick por ahí?
-
Negativo – dijo con un encogimiento de hombros – Estoy buscando al novato, tío.
Él es al que tenemos que cargarnos antes de que siga mordiendo a gente.
- Eh
para el carro, cowboy – dijo Cody mirándolo a los ojos – No sabemos si en
realidad es culpa del chaval o no. Podrían ser los putos amarillos, ¿no lo has
pensado?
-
Los habríamos visto llegar y no nos habrían cogido en calzoncillos, ¿no crees? No,
este aviso tan repentino significa que ha sido algo de dentro. Y no puede haber
sido nadie más que él. Tenemos que encontrarlo.
-
Primero busquemos a Rick – dijo Cody tratando de hacerle entrar en razón – Él
sabrá que hacer, ¿de acuerdo?
- Tú
puedes buscarle si quieres, pero yo voy a llegar hasta el fondo del asunto de
una vez por todas, tío – dijo convencido.
El silencio
se hizo patente durante unos instantes. Ambos hombres se miraron con respeto
mientras decidían qué era lo mejor que hacer. Cody sabía que tenía razón, que
lo más probable era que Anthony fuese la causa de todo aquello, y que debían
actuar con rapidez para evitar el mayor número de bajas posibles. Al final lo
abrazó tras un instante de duda.
-
Ten cuidado ahí fuera, socio.
- Sí,
tú también. No dejes que te muerdan – dijo con seriedad.
- Tú
tampoco, tío.
Continuaron
sus caminos por separado.
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