viernes, 24 de enero de 2014

Vidas sin valor

- Bueno, deja de pensar en películas cutres de serie B porque eso no nos está ayudando – se dijo Cody avanzando por los pasillos del portaaviones en silencio, atento a cualquier sonido que pudiese hacer la…¿amenaza? No sabía exactamente qué estaba pasando y eso le ponía nervioso. Tenía que encontrar a Rick y a John para poder ponerse al día de la situación y poder enfrentarla. ¿Deberían buscar también a Anthony? Desde un punto de vista ético eso era lo correcto, pero no sentía ningún deseo de buscarlo porque estaba convencido de que, al final, toda la culpa de aquello era de él. No lo había hecho de manera consciente, estaba claro, pero no dejaba de ser el que transportase el virus al barco.

Avanzar por los pasillos a oscuras era algo que le daba una dimensión distinta al barco; no era la primera vez que los recorría a oscuras, lógicamente, pero sí la primera vez que lo hacía mientras sonaba una alarma que aseguraba que estaban siendo atacados de verdad y que aquello no era ninguna broma. Pensar que podía encontrarse con alguna cosa salida de otro mundo, o simplemente un enemigo cabreado y asustado, al girar cualquier esquina era algo que no le animaba demasiado. Tenía que encontrar un arma, y debía hacerlo pronto, si quería salir de la situación entero.

- Tengo que encontrar al novato y reventarle la cabeza de manera rápida, que no sufra – pensaba John avanzando armado con una de las patas de las mesas del comedor arrancada a tirones. Aquello no le reportaba una sensación de seguridad plena pero era mejor que andar por ahí sin nada con que poder defenderse – Tengo que detenerlo antes de que extienda el virus y no podamos controlarlo. No pienso palmarla aquí dentro, no señor, no en este jodido ataúd de metal gigante.

Avanzaba pendiente de cualquier sonido que delatase algún movimiento cercano, consciente de que los zombies no era precisamente silenciosos al andar. Apretó con fuerza las manos para sentirse seguro cuando diese el golpe; había escuchado los pasos acercarse y estaba seguro de que fuera lo que fuese lo que venía hacia él no era ningún marine americano. Golpeó con fuerza cuando tuvo la oportunidad y falló, Cody le paró con un gesto de miedo y enfado.

- ¿Se puede saber qué cojones haces, hombre? – preguntó mirándolo sorprendido aún - ¿Qué te has creído, que eres un bateador profesional o qué? Joder tío, mi cabeza no es una jodida sandía, ¿vale?
- Bueno perdona – respondió John sin poder reprimir una sonrisa nerviosa – Pensé que eras…bueno, ya sabes.
- Al menos no soy el único puto colgado que lo piensa – dijo a modo de consuelo - ¿Has visto a Rick por ahí?
- Negativo – dijo con un encogimiento de hombros – Estoy buscando al novato, tío. Él es al que tenemos que cargarnos antes de que siga mordiendo a gente.
- Eh para el carro, cowboy – dijo Cody mirándolo a los ojos – No sabemos si en realidad es culpa del chaval o no. Podrían ser los putos amarillos, ¿no lo has pensado?
- Los habríamos visto llegar y no nos habrían cogido en calzoncillos, ¿no crees? No, este aviso tan repentino significa que ha sido algo de dentro. Y no puede haber sido nadie más que él. Tenemos que encontrarlo.
- Primero busquemos a Rick – dijo Cody tratando de hacerle entrar en razón – Él sabrá que hacer, ¿de acuerdo?
- Tú puedes buscarle si quieres, pero yo voy a llegar hasta el fondo del asunto de una vez por todas, tío – dijo convencido.

El silencio se hizo patente durante unos instantes. Ambos hombres se miraron con respeto mientras decidían qué era lo mejor que hacer. Cody sabía que tenía razón, que lo más probable era que Anthony fuese la causa de todo aquello, y que debían actuar con rapidez para evitar el mayor número de bajas posibles. Al final lo abrazó tras un instante de duda.

- Ten cuidado ahí fuera, socio.
- Sí, tú también. No dejes que te muerdan – dijo con seriedad.
- Tú tampoco, tío.


Continuaron sus caminos por separado.

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