martes, 21 de enero de 2014

Dos mini relatos

- 1 - 

Las atronadoras explosiones ensordecen a quien pilla cerca, llenan de polvo y sangre el desierto.

Casi cuarenta grados a la sombra y cargando el equipamiento, el arma y ahora, acabada la tarea, la helada cerveza. Nosotros empezamos el asalto poco antes del amanecer: poco más de diez personas infiltrandose en territorio enemigo para rescatar a un par de prisioneros. Encontramos más resistencia de la esperada y eso bastó para que el sargento decidiera pedir apoyo terrestre.

Lo que esperábamos fuera una operación de dos horas se salió de madre y pudimos abandonar la instalación sobre el mediodía. Desde las 12:00 hasta las 03:30 observamos cómo el cuartel bullia actividad: entraban y salían carros, coches y gente. Tuvimos que defender nuestra posición de un par de ataques aislados, nada serio.

Lo gordo vino sobre las 04:15 cuando llegó nuestro apoyo blindado: tanques hasta donde perdía uno la vista. El.combate fue bestial y agotador. Nosotros, que no llevábamos más explosivos que las granadas, proporcionamos fuego de cobertura y nuestro tirador eliminaba a sus observadores. Durante esta refriega tuvimos la mala suerte de atraer la atención de un par de tanques y sufrimos algunas bajas antes de quedar a salvo.

Ahora, a las 07:45, nos limitamos a ver cómo los tanques aún operativos luchan entre sí. La ardiente arena cubre todo y nos irrita los ojos. Del cuartel enemigo, una imponente edificación de tres pisos de alto y varios bajo tierra; rodeado de alambres de púas, apenas queda un esqueleto que, curiosamente, aún permanece en pie.


Mi patrulla celebra con cerveza fría y unos bocadillos su victoria mientras los aliados y enemigos reparten toneladas de sangre y miedo. Sangre que baña una caliente tierra. Miedo que rodea unos fríos corazones.

- 2 - 


Es relativamente temprano y la tropa aún holgazanea en mayor o menor medida. Hay algunos que ya han destripado a un par de guiris pero creo que yo no tardaré en tomar ejemplo.

Anoche tuve un sueño. Pilotaba un caza de la segunda guerra mundial y tenía órdenes de escoltar un grupo de bombarderos. En total debíamos ser unas 150 aeronaves. Tardamos varias horas en llegar y el.combate fue encarnizado, pero cumplimos la misión.

De vuelta a la base, apenas unas 20, seguimos perdiendo compañeros a causa de los estragos sufridos. Mi avión en particular tenía una hélice ardiendo y el motor escupia humo como una chimenea. Todo se volvió blanco, o mejor dicho luminoso, sentí que no podía moverme...pero la nave volaba sola. A nuestro alrededor amigos y enemigos ascendían hacia lo más alto. Se integraban en una nube gigantesca que no resultó ser una nube, sino miles de aviones en formación. Yo fui de los pocos que permaneció estable.

Al despertar tenía la jarra de agua vacía y la boca seca. Después de beber agua seguí notandola pastosa.

Ahora salgo a patrullar con un Hornet en Caspio...¿tengo miedo? No lo sé.

10:46.


¡Hora del almuerzo! Por primera vez no bromeo cuando digo que hemos cazado un par de conejos. Loa hemos destripado, cortado, aderezado y estamos listos para cocinar. Es una suerte que los tanques todavía estén ardiendo. ¿Sabes? Para esto es para lo único que vale el enemigo. Nada sabe.tan rico como asado en tanque. ¿Aroma de barbacoa? Mariconadas. Que aproveche, soldados.

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