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Las
atronadoras explosiones ensordecen a quien pilla cerca, llenan de polvo y
sangre el desierto.
Casi
cuarenta grados a la sombra y cargando el equipamiento, el arma y ahora,
acabada la tarea, la helada cerveza. Nosotros empezamos el asalto poco antes
del amanecer: poco más de diez personas infiltrandose en territorio enemigo
para rescatar a un par de prisioneros. Encontramos más resistencia de la
esperada y eso bastó para que el sargento decidiera pedir apoyo terrestre.
Lo
que esperábamos fuera una operación de dos horas se salió de madre y pudimos
abandonar la instalación sobre el mediodía. Desde las 12:00 hasta las 03:30
observamos cómo el cuartel bullia actividad: entraban y salían carros, coches y
gente. Tuvimos que defender nuestra posición de un par de ataques aislados,
nada serio.
Lo
gordo vino sobre las 04:15 cuando llegó nuestro apoyo blindado: tanques hasta
donde perdía uno la vista. El.combate fue bestial y agotador. Nosotros, que no
llevábamos más explosivos que las granadas, proporcionamos fuego de cobertura y
nuestro tirador eliminaba a sus observadores. Durante esta refriega tuvimos la mala
suerte de atraer la atención de un par de tanques y sufrimos algunas bajas
antes de quedar a salvo.
Ahora,
a las 07:45, nos limitamos a ver cómo los tanques aún operativos luchan entre
sí. La ardiente arena cubre todo y nos irrita los ojos. Del cuartel enemigo,
una imponente edificación de tres pisos de alto y varios bajo tierra; rodeado
de alambres de púas, apenas queda un esqueleto que, curiosamente, aún permanece
en pie.
Mi
patrulla celebra con cerveza fría y unos bocadillos su victoria mientras los
aliados y enemigos reparten toneladas de sangre y miedo. Sangre que baña una
caliente tierra. Miedo que rodea unos fríos corazones.
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Es
relativamente temprano y la tropa aún holgazanea en mayor o menor medida. Hay
algunos que ya han destripado a un par de guiris pero creo que yo no tardaré en
tomar ejemplo.
Anoche
tuve un sueño. Pilotaba un caza de la segunda guerra mundial y tenía órdenes de
escoltar un grupo de bombarderos. En total debíamos ser unas 150 aeronaves.
Tardamos varias horas en llegar y el.combate fue encarnizado, pero cumplimos la
misión.
De
vuelta a la base, apenas unas 20, seguimos perdiendo compañeros a causa de los
estragos sufridos. Mi avión en particular tenía una hélice ardiendo y el motor
escupia humo como una chimenea. Todo se volvió blanco, o mejor dicho luminoso,
sentí que no podía moverme...pero la nave volaba sola. A nuestro alrededor
amigos y enemigos ascendían hacia lo más alto. Se integraban en una nube
gigantesca que no resultó ser una nube, sino miles de aviones en formación. Yo
fui de los pocos que permaneció estable.
Al
despertar tenía la jarra de agua vacía y la boca seca. Después de beber agua
seguí notandola pastosa.
Ahora
salgo a patrullar con un Hornet en Caspio...¿tengo miedo? No lo sé.
10:46.
¡Hora
del almuerzo! Por primera vez no bromeo cuando digo que hemos cazado un par de
conejos. Loa hemos destripado, cortado, aderezado y estamos listos para
cocinar. Es una suerte que los tanques todavía estén ardiendo. ¿Sabes? Para
esto es para lo único que vale el enemigo. Nada sabe.tan rico como asado en
tanque. ¿Aroma de barbacoa? Mariconadas. Que aproveche, soldados.
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