domingo, 12 de enero de 2014

El laberinto - dos menos

La araña había hablado y él sintió el miedo sacudirle de lleno. Era posible que lo hubiese dicho para los dos pero estaba convencido de que no, que se dirigía a él.

- ¡No es justo, zorra! Teníamos un trato. Irías a por ellos primero y luego a por mí! – exclamó Zack mientras corría a toda prisa por el túnel, adentrándose más y más en la tierra.
- No seas tan egocéntrico, ¿quieres? No voy a por ti, sino a por el otro imbécil – dijo la araña con tono burlón en la voz.
- ¡NO! Habíamos hecho un trato – gritó Michael con miedo - ¿Qué hay de eso?
- Sí, lo habíamos hecho. Ya he ido a por uno de ellos, y ahora te toca a ti – dijo la voz, acercándose.
- Pero en nuestro trato habíamos hablado de que te ocupabas de los dos y yo mientras buscaba la salida. ¿Qué ha cambiado ahora?
- Ha cambiado que hace mucho tiempo que no pruebo la carne humana. Tú estás buscando una salida que no existe, yo ya la he buscado durante milenios. ¿Pero y si se diera el caso de que la encontrases? Te marcharías de aquí sin decirme nada, dejándome aquí solo. Sin embargo el trato de tu amigo es que os devoro a ambos y luego voy a por él. Él no intentará escapar de aquí, así que obviamente tú eres el siguiente.

Aquello provocó que Michael se sintiese totalmente aterrado. Trató de huir una vez más escalando las lisas paredes de la pirámide pero resultó en vano, caía una y otra vez sin poder aferrarse a nada para escalar. Su pulso era cada vez más acelerado y sentía cómo el aliento le quemaba la garganta cada vez respiraba. Era el fin, debía serlo.

- Esto no puede ser de verdad, no debe ser de verdad. Dios mío, ¿por qué yo? ¿Por qué? ¡No quiero morir, no quiero! ¡Déjame en paz, por favor, déjame en paz! – suplicó desesperado. La araña comenzó a reír una vez más como respuesta a las súplicas.

Se dio la vuelta tratando de volver hacia el laberinto. Quizá allí pudiese despistar a la araña, hacer que se cansara para poder huir hacia algún otro lugar. Era un riesgo puesto que sabía que la araña estaba recorriendo esos mismos túneles pero tenía la esperanza de poder llegar. Si lo conseguía estaría a salvo, al menos durante un tiempo.

- ¿Pero para qué alargar más la espera? Cuando  te atrape todo habrá acabado. Ya no habrá más dolor, más miedo. Nada, no habrá nada.
- Porque no quiero morir, ¿no lo entiendes? Nadie quiere morir.
- ¿Por qué? ¿Por miedo a lo que habrá después? ¿O tal vez a lo que no habrá después?
- No lo sé, joder, no lo sé. Sólo sé que tengo miedo, que no quiero morir. Déjame, por favor, déjame.
- Tus súplicas sólo me alimentan más, pequeña mosca.

Comenzó a descender por el túnel principal a toda prisa cuando se tropezó de lleno contra la araña. Su mente no lograba comprender la imagen que veía, pero sí comprendía la esencia del miedo. Debía tener miedo a aquella criatura, y se lo tenía. Trató de darse la vuelta para huir de nuevo pero ella le atrapó con su tela, envolviéndole en ella. Trató de gritar, de revolverse, pero no pudo lograrlo; la tela le cubrió por completo a toda velocidad impidiéndole todo movimiento, todo grito. Cerró los ojos intentando ahogar el miedo que sentía. No pudo volver a abrirlos.


Ella se lo llevaba a su madriguera. 

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