El
grito rompió el silencio que se había producido cuando el agonizante médico
había mordido al novato. Rick no dudó ni un instante en volarle la cabeza al
condenado tipo que aún intentaba lanzarse sobre el lagrimoso Anthoy, mientras
Cody y John trataban de separarlo.
-
Por eso nunca hay que quitar la vista de encima a cualquiera que no sea de tu
patrulla, chico – dijo Rick con tono amable, sabía que si usaba un tono más
duro el chaval acabaría por llorar a pleno pulmón - ¿Estás bien, hijo?-
preguntó echándole un vistazo al brazo, que sangraba profusamente, dejando un
olor metálico en el aire.
-
Sí, sí estoy bien – dijo el chico poniéndose en pie aunque le temblasen las
piernas como el flan – Ese cabrón ha mordido fuerte, joder – trató de sonreír
un poco.
El
aire se estaba llenando de ese olor metálico que emanaba de la sangre del
chico. No era la primera vez que todos ellos veían una herida que sangraba,
pero nunca les había sacudido un olor tan intenso a sangre. John abrió la boca
para soltar un comentario divertido cuando una serie de gruñidos y gritos le
hicieron cerrarla. Eso los puso alerta y miraron alrededor.
-
¿Qué coño ha sido eso eh? – preguntó Cody, nervioso.
- La
señal de que nos marchamos de aquí perdiendo culo. ¡Todos al puto vehículo! –
dijo Rick. No recordaba cuál había sido la última vez que había visto a Cody
nervioso, y eso lo puso nervioso a él.
-
¿Alguno recuerda pelis de zombis? – preguntó John con una sonrisa divertida.
- No
digas gilipolleces y presta atención a la carretera – zanjó Rick de mal humor.
-
Seguro jefe – dijo John, quien miró a Cody sentado a su lado – Pero si el
novato empieza a echar espuma por la boca o algo por el estilo le meto una bala
en el cerebro – le susurró por lo bajo.
-Acelera
de una puta vez, ¿quieres? – le dijo Cody en el mismo tono, pero echando una mirada
disimulada hacia el novato. Luego miró a John y asintió con la cabeza.
-
¿Cuál es el punto de extracción, sargento? – preguntó John mientras se alejaba
de allí a toda prisa.
-
Vamos hacia el río – respondió Rick de mal humor aún – Nos espera un puto
helicóptero. O más les vale esperarnos.
Silencio.
Sangre. Metal. Todos van en silencio sin atreverse a comentar nada de lo que ha
pasado mientras salían del laboratorio. Todos han visto suficientes películas
como para adivinar que aquél era el perfecto guión barato de una película
americana; todo efectos especiales y disparos por todas partes. Era una
estupidez pensarlo, lo sabían, pero sin embargo tenía sentido. Eso explicaba lo
que había pasado en el pueblo al que se habían dirigido al principio. ¿Qué
diablos sería eso de la operación Aurora? El motor se recalentó al cabo de unos
kilómetros y se vieron obligados a detenerse.
-
Está bien – dijo John poniendo el freno de mano y saliendo del jeep – Si nadie
tiene huevos a decirlo lo haré yo. Si el novato va a convertirse en un muerto
viviente no creo que debamos llevarles los datos al ejército – dijo mirándolos
a todos fijamente.
-
No…no digas tonterías – dijo Anthony tratando de mantener la compostura, pero
llevaba al menos quince minutos tiritando de frío pese a que el resto sudase de
calor.
- No
es nada personal, chico – dijo John con un encogimiento de hombros.
-
Bueno basta de tonterías – dijo Rick saliendo también del jeep y mirándolos a
su vez - ¿Ya no distinguís películas baratas de realidad o qué? El chaval no se
va a convertir en un jodido zombi, ostia – pretendió sonar firme, pero no
estaba seguro.
-
Sólo digo que no es seguro – insistió John.
-
Jefe, creo que lo que Johnny quiere decir es que si los datos que tenemos
encima son sobre algún tipo de virus que afecte a la razón humana y nos
convierta en malas bestias no sería buena idea entregárselo al ejército.
Probablemente lo estudien para intentar sacar provecho de eso y yo…joder, creo
que no es buena idea. No sería ético qué coño – dijo Cody saliendo también del
vehículo, dejando sólo a Anthony que empezó a vomitar.
La
situación era bastante confusa como para poder dar una orden y esperar a que la
cumpliesen, Rick sabía que sus muchachos estaban demasiado nerviosos como para
aceptar cualquier cosa en ese momento. No dejaba de pensar en la imagen de la
casa y del laboratorio. Tenía toda la pinta de que quien estuviese afectado por
lo que fuese que lo provocase se volviese loco y se comiese a la gente, como si
fuesen zombis…todo era muy raro, muy confuso, pero tenían razón. Si el ejército
les ponía las manazas encima no sería para nada bueno. ¿Cuáles eran las
opciones? No podían desobedecer las órdenes o se les considerarían traidores.
No había nada que pudiesen hacer al respecto en realidad.
Huir,
podían huir.
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