sábado, 18 de enero de 2014

El laberinto - Final.

No se atrevió a pensarlo, ni a decirlo en voz baja siquiera por si ella le pudiese escuchar, pero había llegado a una resolución: tenía que asegurarse de que la araña no escapase de allí nunca. La idea había surgido de manera lenta en su mente, como si una pesada burbuja se hubiese liberado desde el fondo de su subconsciente. No era algo que le alegrase especialmente, pero sabía que debía hacerlo de una forma u otra; no podía permitir que aquella criatura saliese al mundo exterior y pudiese…dios sabría que podía hacer algo como aquello. Estaba decidido a cumplir con esa idea, ¿pero cómo? La maldita criatura era inmensa y él no tenía más que algunas rocas que podría coger del suelo; la imagen mental de atacar a la araña con piedras era simplemente ridícula. Debía haber una manera de evitar que esa cosa pudiese alcanzar la salida, y estaba imaginando exactamente cómo.

- Por dios – susurró caminando, aparentemente perdido – Esto no va a ser nada agradable, pero tengo que hacerlo. Yo no voy a poder salir de aquí, pero ella tampoco debe hacerlo – se decía en voz baja, atento a los sonidos que escuchara a su alrededor. Buscaba a la araña.

Pero ella no estaba haciéndole caso, quizá incluso hubiese olvidado por el momento que él estaba por ahí deambulando, él podía intuirlo. Ella estaba ocupada con alguna otra cosa, lo suficientemente concentrada como para hacer caso omiso al resto.

- Claro que está ocupada, está comiendo – susurro. Las palabras provocaron en él un estremecimiento de miedo y asco - ¿Cuánto tiempo debe hacer que no come? Y sin embargo la muy zorra sigue viva – se lamentó con un suspiro – Sí, debo hacerlo. No hay otra manera, intentar otra cosa sería un suicidio.

Seguía sin gustarle nada la perspectiva de hacerlo, pero estaba completamente convencido de que era la única forma segura de poder evitar que ella escapase. Se dirigió de nuevo hacia la gran cripta donde ella tenía su guarida, allí acabaría todo. Para bien, o para mal, allí sería.

- Este lugar es…simplemente inmenso – se dijo mientras descendía por la rampa, esta vez con cuidado de no caer. Agudizó de nuevo vista, oído y olfato para intentar localizarla pero ella no estaba allí, al menos no cerca – Está…está comiendo, en su madriguera – su mente había intentado jugarle una mala pasada, pero logró cortarla a tiempo. Sin duda era mejor hablar con la boca que con la mente.

Se acercó en busca de los dos sarcófagos de tela donde agonizaban Michael y James pero no estaban allí, ella debía habérselos llevado lejos. Cerró los ojos un momento tratando de reunir fuerzas de donde no las había y recordó sus palabras “Ahora que tengo comida, puedo volver a tener hijos. Y con ellos saldré de aquí al fin”. Debía impedirlo, y debía hacerlo cuanto antes. Sabía poco de arañas, pero esperaba que esta fuese de las que ponía sacos de huevos envueltos en tela y que no los llevase a cuestas. Tras mucho deambular en la oscuridad literalmente tropezó con el saco de huevos. Era grande, casi tan alto como él, y debía medir al menos dos metros de diámetro. Los huevos que había en su interior no alcanzaban la media docena, pero eran enormes. En cierto modo eso le facilitaría las cosas.

- Allá vamos…listo o no, allá vamos – susurró levantando una gran roca que había cerca del saco de huevos. Contuvo el aliento durante un instante y lanzó la roca sobre el saco de huevos.

El chillido fue atronador y reverberó por toda la cripta, él pudo notarlo perfectamente. Sonrió, satisfecho. Lanzó la roca dos veces más y terminó de aplastar a las criaturas, pero cuando las vio no pudo evitar vomitar encima de las mismas. Eran una mezcla entre arañas y fetos de humano. Se mareó, sintió que perdía las fuerzas, pero se obligó a terminar el trabajo, a pisar a las criaturas que se agitaban fuera del huevo intentando correr, intentando huir. Uno de ellos se lo quedó mirando y abrió la boca, intentando balbucir algo…pero Zack le aplastó el cráneo con el zapato, asqueado.

- ¡MALDITA ABOMINACIÓN DE LA NATURALEZA!  - rugió, furiosa, la araña - ¡¿QUÉ DIABLOS CREES QUE ESTÁS HACIENDO?!

Sintió perfectamente como la araña se revolvía en su madriguera, dándose la vuelta a toda prisa para ir a atraparle. Mamá se había enfadado, mucho.

- Jódete, perra. Nos matarás a los tres, pero no tendrás comida para tus aberraciones  - dijo satisfecho.

Si la risa de la araña había sido algo atronador y doloroso, cargado de burla, el grito que ahora lanzaba lo era mucho más, cargado de odio y rabia, pero también de miedo. La araña había comprendido de una manera repentina que era vulnerable, pero eso el humano jamás lo comprendería.

- No creo que sea una buena idea quedarse por aquí mucho tiempo, Zack – dijo en su mente la voz de James.
- Corre, por lo que más quieras, corre. Esto es horrible, corre  - añadió Michael, poco después.

Hizo caso, corrió, huyó. Se lanzó de nuevo hacia la rampa por la que había caído y por la que había podido huir tras haber saltado desde un montón de piedras que había amontonado a modo de rampa más estable. Trató de llegar a los túneles donde sabía que más tarde o más temprano ella le atraparía, pero no lo logró. Ella fue rápida y le envolvió con la tela, pero ésta no era del color verde oscuro con la que había envuelto a los otros dos. Esta era blanca, de pura seda, tela de araña común. Lo envolvió con rapidez, impidiendo que pudiese moverse. Cuando lo tuvo casi todo tapado lo llevó hasta ella, sonriendo medio histérica.

- ¿Crees que has ganado, pequeña mosca? Sólo me has retrasado un poco, pero no tengo ningún problema. Pondré más huevos y podré salir de aquí. Pero tú, pequeña y miserable mosca, tú serás su alimento. Te mantendré con vida durante siglos hasta que ellos hayan nacido, y te entregaré a ellos para que aprendan a cazar, y se alimenten. Estarás aquí, con nosotras, siglos y siglos. Tu agonía durará mucho tiempo pero la espera, igual que a tus amigos, te parecerá un segundo, te lo prometo.

No respondió, no pudo hacerlo. El miedo a lo que ella le había prometido era demasiado grande como para que pudiese pensar con coherencia. La visión de los fetos había sido superior a su capacidad mental, y se había vuelto demente. Sonrió, sonrió mirando a la araña, viendo la sonrisa de ella, sumándose a dicha sonrisa.

- La tonta arañita poderosa se creía, pero no sabía lo que pasaría – canturreó con voz infantil – La mosca a sus hijos entregó, pero la mosca a sus hijos aplastó. Y cuando la araña se enfadó, la mosca explotó – continuó cantando con una sonrisa, mientras su mente reía al mismo tiempo.

Durante todo lo que estuvo esperando a que la araña colocase los huevos y estos eclosionasen estuvo cantando, incansable, la misma cancioncilla.


Al final la araña sintió miedo. 


3 comentarios:

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  2. Fuuucka, eso sigue ahí con su progenie...

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    1. Te has metido una buena panzada a leer ayer macho XD sí, sigue con su progenie porque tiene alimento para criarla pero...¿tiene Zack algún plan? :P

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