sábado, 18 de enero de 2014

Vidas sin valor XI

- Por fin se ha acabado toda esta mierda. En cuanto lleguemos al portaaviones y haga el informe de rigor pienso echarme a dormir hasta que no pueda aguantar más. Sólo quiero olvidar todo este jodido asunto de una vez por todas, estoy harto – piensa mientras mira distraído por la ventanilla del helicóptero que se los llevan.

Para sorpresa de todos la evacuación fue mucho más rápida de lo que habrían imaginado en un principio, parecía que el mando estaba esperando con ansias a que les solicitasen la extracción para mandar el helicóptero a las coordenadas, eso era raro. Por supuesto todos sabían que ese informe de rigor no iba a ser precisamente de rigor; Rick se había metido en un buen lío al desobedecer las órdenes directas del mando de volver a la base en cuanto tuviesen los datos del proyecto Aurora, pero al propio Rick le importaba un bledo todo en ese momento, sólo estaba cansado, harto.

Cuando lleguemos al portaaviones tendremos sangre, sí, sangre. Podremos beber hasta saciarnos, alimentarnos hasta reventar…y entonces los llamaremos, sí, y ellos vendrán…ellos esperan ser llamados, pero ellos no lo saben. Sangre, sangre al fin. Consíguenos sangre para que ellos vuelvan. No nos falles, no lo hagas.

Anthony estaba aguantando con bastante entereza las miradas desconfiadas y los cuchicheos extraños de John y Cody en el helicóptero. Lo sabía sin necesidad de haberlos visto haciéndolo, lo sabía porque…porque lo sabía, no sabía cómo. Cerró los ojos, cansado también, y se acomodó como pudo contra una de las metálicas paredes, tratando de dormir.

Una vez más su mente se llenó con la imagen de la sangre fluyendo, caliente y espesa, derramada de la carne. No importaba qué carne fuese, podía ser perfectamente tanto animal como humana, pero tenía que haber sangre, mucha sangre. Aquellas imágenes le desconcertaron una vez más al no saber a qué se debían, pero de nuevo volvió a sentirse extrañamente feliz ante la visión de la sangre, de nuevo volvió a sonreír contento por verla. Ansioso por saborearla. Sangre, la sangre…tenemos que aguantar, llegar al destino. No podemos tener la sangre ahora, luego habrá más, mucha mucha más.

- Tío, ¿crees que hacemos bien en llevárnoslo? – preguntó John, sin especificar.
- ¿A qué te refieres? – preguntó Cody mirando primero a Anthony, y luego a los discos extraídos del laboratorio.
- Creo que a los dos – admitió por fin John, mirándolo fijamente – No sé por qué, pero todo esto me huele jodidamente mal, hermano. Aquí hay algo que no me gusta nada.
- Estaremos alerta, no te preocupes. Seguramente en cuanto lleguemos al novato le pinchen la antitetánica, o algo parecido – trató de sonreír.

No lo logró, él también estaba sometido a una tensión constante sin saber por qué; Rick también lo estaba, probablemente más incluso que ellos, pero se había derrumbado nada más entrar en el helicóptero, se había quedado casi instantáneamente dormido por el agotamiento de la jornada. Anthony…el novato estaba jodidamente raro, lo sabían, lo intuían, pero no sabían por qué. Lo tendrían vigilado, desde luego.

- Sangre, sangre. Nos vigilan, pero nos da igual, no nos importa. Cuando lleguemos al portaaviones no podrán detenernos.
- ¿Pero y si impiden que lleguemos? Desconfían, lo hacen.
- Entonces los mataremos. 

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