La imagen de Michael acercándose a él con esa sonrisa tan
demente extraña en la cara le había
preocupado mucho, más aún podría decir que estaba incluso asustado. Michael
nunca había sido un hombre demasiado valiente, ni mucho menos violento. Todo lo
contrario, era un hombre que hacía valer las palabras siempre antes que la
violencia. Zack nunca lo había visto de aquella manera, tan… ¿convencido? De lo
que estaba haciendo, de lo que iba a hacer. Esa era en realidad lo aterrador de
la situación: estaba convencido de hacer lo que estaba a punto de hacer sin
importarle en absoluto las consecuencias de sus actos, o que aquello fuese
moralmente reprochable.
- Maldita sea –
pensó buscando con la mirada a James, deseando que éste le ayudase – Está loco, está absoluta y completamente
loco.
-
¿Lo está? ¿Qué es la locura? ¿Qué lo diferencia de la cordura? –
preguntó la voz con un tono divertido.
- No hagas caso, te
está distrayendo – pensó Zack, observando cómo Michael continuaba
acercándose con la piedra en las manos.
- Tarde, estúpido
humano. Siempre llegáis demasiado tarde – sentenció la voz con tono
satisfecho.
El filo de piedra voló. Cortó el aire, cortó la tela e
hizo un pequeño tajo en la carne, nada grave. Se hizo el silencio una vez más y
todos se miraron de nuevo fijamente, sorprendidos. Cuando la fría roca cortó y
comenzó a manar la sangre todos habían sentido una especie de vibración en la
sala, como si algo muy pesado hubiese caído a lo lejos.
- Oh, el delicioso
olor a sangre. Hace mucho tiempo que no lo disfrutaba – dijo la voz, cerca
– El olor de la sangre, el sabor de la
carne. El sonido de mis dientes desgarrando piel, grasa, músculo y hueso.
Vuestros alaridos, fruto del miedo y del dolor. El desagradable, pero
divertido, olor de orina y excrementos cuando me veis…hace mucho tiempo que nadie caía en mi red, pequeñas
moscas. Voy a asegurarme de disfrutar del festín.
- Tenemos
que salir de aquí, juntos – dijo James tras escuchar aquello. Miró a ambos
hombres a la espera de una respuesta.
Sin embargo Michael seguía atacando a Zack sin descanso,
ávido de alimento. Zack lograba esquivarlo y golpearlo, pero Michael siempre
volvía, una y otra vez. Era como si aquél no fuese realmente Michael, como si algo alguien jugase con él, como si
fuese una marioneta. Afortunadamente pudo golpearle con fuerza suficiente en la
cabeza como para hacerlo caer, aunque estaba seguro de que aquello apenas lo
retrasaría un poco, no lo detendría.
- ¡Vámonos de aquí de una vez! – gritó Zack,
aterrorizado, huyendo por uno de los túneles por los que ninguno había salido.
- ¿Pero por dónde? – había preguntado James, más para el
aire que para nadie. Estaba seguro de que huir sin más, sin prestar atención a
qué túnel escoger, era peor incluso que no hacer nada. Debían optar por el
túnel correcto para huir, pero no pudo hacerlo. El miedo a lo que se acercaba
era demasiado como para tratar de buscar algo que le sirviese como guía.
La carcajada volvió una vez más, con desgarradora fuerza,
barriendo a los tres sin piedad. Se había clavado en las mentes de los hombres,
amenazando con destrozarlos. James y Zack habían tomado caminos diferentes una
vez más con la esperanza de encontrar alguna salida.
- Estúpidos humanos
– había susurrado la voz.
La criatura se acercaba con prisa hacia el centro de la
sala. Para sorpresa, y horror, de Michael no había salido por ninguno de los
túneles sino que descendió directamente del techo de piedra. La visión de aquél
ser le hizo aullar de terror. Los gritos llegaron hasta Zack y James, quienes
corrieron más deprisa.
- Tú vas a ser el primero, pero no el último. No hay
ninguna salida más que por donde habéis entrado, pero por ahí tampoco se puede
salir. Estáis atrapados, conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario