La situación estaba clara para todos; si querían salir de allí con vida tendrían que llegar antes de que eso los cazase. El problema era que no sabían qué era eso ni qué aspecto tenía, aunque en cierto modo eso era de agradecer, ni tampoco dónde estaba la salida, si es que realmente la había. La voz había dicho que podían venderse mutuamente para ganar tiempo de búsqueda, antes de que los encontrase. Quizá eso significase que, en realidad, la voz no tenía poder suficiente como para atraparlos a todos si iban en grupo, ¿verdad? quizá podrían salir de allí si se mantenían unidos.
- Podéis intentarlo, claro. Pero yo no apostaría por un caballo perdedor. A decir verdad ésta será la carrera de vuestras vidas. Si yo fuera vosotros no dudaría en buscar la salida, sólo - dijo la voz a modo de respuesta a una suposición que ninguno de ellos se llegó a formular.
Aún reinaba el silencio en la estancia abierta y ninguno había hecho amago de moverse, ni para bien ni para mal. No estaban muy seguros de cómo actuar ya que la idea de mantenerse juntos, pese a no haber sido ni siquiera imaginada, era bastante coherente como para que pudiesen creerla. Claro que la idea de que una criatura enorme les persiguiera por un sin fin de pasillos y túneles oscuros no era en absoluto agradable. Si uno de ellos se quedaba atrás podía servir como alimento distracción para que los otros dos pudiesen avanzar. No era algo ético ni moral, pero en cuestiones de supervivencia la moral y la ética quedaban relegadas tras la integridad física o psíquica. Sin embargo no era tan fácil eso de "vender" a ninguno de los otros; ¿cómo se suponía que debían proceder? ¿hiriendo a alguno, lanzándoselo a la araña criatura cuando la tuviesen delante?
- ¿Cómo? - preguntó finalmente uno de ellos mientras miraba a sus dos compañeros aún con la misma cara de expectación que antes.
- Cómo, ¿qué? - preguntó la voz a su vez, con un tono burlesco.
- ¿Cómo puedo venderlos? ¿Cómo hago para que te entretengas con ellos mientras yo huyo de aquí? - preguntó directamente.
La ¿conversación? fue captada por los tres en el momento. Los otros dos miraron al tipo que pretendía venderlos como simple ganado y uno de ellos abrió la boca, señalándolo.
- ¡Eres un hijo de puta! ¿Cómo puedes siquiera pensar en traicionarnos?
- Mala suerte - respondió con sencillez - Si tengo que elegir entre vosotros y yo, la decisión está clara.
- ¿No entiendes que sólo nos está utilizando? ¡No hay manera de salir de aquí! Este laberinto debe medir como mínimo varios kilómetros. Sin agua, sin comida, sin luz, no podremos salir de aquí nunca.
Los dos se miraban mutuamente, calculando las posibilidades de un enfrentamiento físico. Intuían que en algún lugar la criatura se estaría regocijando, preparándose para salir. La cordura apelaba a la colaboración, el instinto de supervivencia al egoísmo. Por fin Michael se adelantó un poco. Miró a ambos dedicándoles una sonrisa desencajada mientras recogía del suelo una pequeña roca, afilada.
- Eso no es del todo cierto - susurró con un tono de voz frío, lejano - Sí que hay comida. Oh, sí, la hay en cantidad - se acercó a Zack despacio, jugando con la roca entre los dedos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario