viernes, 3 de enero de 2014

El laberinto

- Esto no debe ser real, no puede serlo. Me niego a creer que esté aquí, encerrado, en una prisión milenaria o lo que demonios sea esto - Se dijo tratando de auto convencerse, necesitaba creer que había una salida y que iba a encontrarla, que no se quedaría ahí para siempre. 
- Mirándolo por el lado positivo, a ti te han encerrado con comida. Conmigo no tuvieron esa deferencia - respondió una voz en su interior. 
- ¿Con comida? ¡No tenemos ni comida, ni agua! - protestó de manera inconsciente, la voz que había sonado en su mente era exactamente la suya, por lo que no tenía motivos para desconfiar. 
- Tienes carne, yo no tenía eso. A mí me dejaron aquí solo, moribundo. Tú al menos tienes la opción de cazar, de alimentarte - respondió de nuevo la voz con tono suave, cálido, cercano.
- No puedo estar pensando esto en serio, no... no puede ser - negó con la cabeza y avanzó varios metros corriendo, tratando de alejarse de aquella idea tan extrema, tan loca, tan necesaria...suya. 

El laberinto por el que avanzaban era mucho más grande de lo que habían imaginado en un principio, parecía no tener fin. De vez en cuando miraban hacia atrás en silencio temiendo encontrar alguna criatura de pesadilla que les seguía, que sonreía de manera amigable antes de despedazarlos. Esa idea era más que suficiente para hacer que siguiesen avanzando hacia el interior del laberinto. Habían tratado de llamarse mutuamente para comprobar la distancia a la que estaban unos de otros pero nunca habían obtenido respuesta, cada uno pensaba que había sido el único que había tratado de llamarlos para orientarse, para sentirse a salvo. La idea llegó al unísono para los tres, y resultaba ser demasiado tentadora como para rechazarla: de encontrar una salida, no volverían atrás para buscar al resto. Podrían perderse una vez más, sería de mayor utilidad que buscasen ayuda en el exterior para encontrar al resto, pensaban para justificarse. 

- Aunque podrías no volver hacia atrás. Si sólo quedases tú, este descubrimiento sería sólo tuyo, tu nombre pasaría a la historia como el más grande descubridor de este siglo - susurró la voz a James.
- ¿Y por qué tendrías que volver? Tú has encontrado la salida, te has ganado el derecho a quedarte con todo lo que encuentres aquí dentro - susurró a Zack. 
- ¿De verdad crees que volverían a por ti? Lo más probable es que se marchen de aquí, dejándote encerrado para siempre, sin comida. Creo que deberías pensártelo - susurró a Michael. 

La voz poseía un tono neutro, era como si fuese producida por algo que no hacía distinciones entre agudos y graves, bajos y altos, que no tenía acento. Por supuesto era imposible, cualquier criatura con la capacidad de comunicarse estaba sujeta al condicionamiento del medio, lo cual influía en el tono del habla. Que aquella voz poseyese una cualidad imposible hacía suponer que no era de ese mundo era producida por algún tipo de máquina. 

Sin embargo esa misma voz iba filtrándose en sus mentes, dando a las ideas un cariz ponzoñoso. Era convincente, cercana, tranquilizadora; no desconfiaban de ella misma porque, en realidad, esa voz era su propia voz. Cada vez estaban más seguros de esa idea. 

- Me pregunto qué habrá más adelante - susurró Zack en voz baja, acercándose hacia un pasillo que contaba con una tenue pero palpable iluminación, como un brillo. 
- Puede ser la salida. Pero la salida tiene un precio, ¿estarías dispuesto a pagarlo? - preguntó la voz. 
- Lo que sea, con tal de salir de aquí. Este lugar pone los pelos de punta - respondió. 

2 comentarios:

  1. Espero que sigas la historia pronto, está muy intrigante la verdad^^ Me gusta tu manera de escribir, un saludo!!

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  2. Mil gracias, de verdad. La historia la voy continuando más o menos a diario :P

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