sábado, 4 de enero de 2014

Vidas sin valor II

No podrían describir cómo de imposible es la escena que presencian, es algo como surgido de una oscura pesadilla; quizá esa sea la palabra más adecuada para describirla, una pesadilla. El hombre que se había adelantado se encuentra apenas un metro y medio, con suerte dos, dentro de la estancia. Observa todo a su alrededor tratando de encontrar una explicación, una manera de entender todo aquello, pero le resulta imposible. 

La sangre, la sangre fría y coagulada, lo cubre todo. Pinta las paredes como un siniestro papel oscuro, como un vino viejo. Los pedazos...los pedazos, ¿de quién será cada trozo? imposible saberlo, ni siquiera podrían saber a qué trozo mayor pertenece cada uno. El olor comienza a tomar un cariz más reconocible: orina, heces, carne putrefacta, sangre. Por fin ese olor extraño se había marchado, bien podría haber sido el olor del miedo. 

- ¿Qué diablos ha pasado aquí, joder? - pregunta por fin el hombre que había vomitado. Es el más corpulento de todos, maneja una ametralladora ligera y se llama Cody. 
- Es como si los hubieran...despedazado, o algo así. Maldita sea, ¿qué coño ocurre aquí, jefe? - miran ambos al que estaba dentro de la casa. 

Sus hombres piden una explicación y él sabe que se la merecen tanto o más que él, sabe que no puede pedirles que se mantengan firmes, fríos, y que continúen cumpliendo órdenes cuando lo que tienen delante les hace perder todo sentido de la realidad, al menos de la realidad que ellos conocen. Sabe que tiene que dar una explicación, pero sabe que no tiene ninguna. Al menos, ninguna convincente. 

- Debe haber sido algún animal, o algo parecido - aventura sin atreverse a mirar a sus hombres. Sabe lo que están pensando en ese momento pues es lo mismo que está pensando él: un animal no podría entrar en una casa y matar a cinco hombres armados - O debían estar hasta el culo de droga, yo que sé - dice dándose la vuelta para salir de la casa, necesita tomar aire fresco. De lo contrario se volvería loco. 
- ¿Y qué coño hacemos ahora? - pregunta Cody saliendo tras él - Quiero decir, las órdenes eran venir aquí y cargarnos a estos cabrones. Ya hemos cumplido, ¿no? Hora de irse. 

El silencio impera en el grupo. Técnicamente tiene razón. Técnicamente ellos han cumplido con el trabajo y ya no tienen mayor motivo para quedarse allí que el de querer asegurarse una buena temporada de pesadillas. Y sin embargo el sargento sabe que aquello no ha hecho más que empezar. 

- Seguiremos con el objetivo B. Tenemos que continuar hacia las coordenadas del código Aurora - dice con autoridad mirando a los demás durante un momento. Él es el que manda, allí no hay opciones para las sugerencias o las opiniones si él no lo permite. Todos lo saben - Apoyaremos el asalto al laboratorio. 

El sargento se aleja hacia el jeep en el que habían llegado hasta aquél lugar de locos para comenzar un nuevo viaje de al menos un par de horas. 

- Tío menudo montón de mierda - dice por fin el más joven del grupo. 
- Tranquilo amiguito, yo te cubro - responde Cody volviendo al vehículo tras palmearle la espalda. No pone en entredicho las órdenes recibidas, ha aprendido a guardarse su opinión cuando no es buen momento. 

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