- Operación Aurora,
tiene nombre de producto para el pelo, o algo así – bromeó consigo mismo
mientras negaba con la cabeza, cansado. Habían sido demasiadas emociones
extrañas para una sola noche y sin embargo aún debían cumplir una última
misión, aparentemente sacada de la manga, antes de poder volver a la base.
Los cuatro por fin han llegado a las coordenadas que el
mando les ha proporcionado. Después de mucho buscar han logrado encontrar la
entrada al laboratorio. El líder de la patrulla había comunicado con la base
para pedir más instrucciones y un antipático miembro de inteligencia le había
dicho que qué instrucciones esperaba, que comenzase el ataque cuanto antes,
ostia, que a ver si se creía que estaban preparándoles una fiesta de cumpleaños
secreta o alguna mierda por el estilo.
- Así te atragantes
con la tarta, capullo – había pensado mientras lo mandaba a la mierda de
una manera mucho más respetuosa. – Malditos
payasos, les das una pantalla, un teclado y un ratón y se creen que están en un
puto videojuego – había pensado mientras le daba la noticia a sus hombres,
sin cortarse en expresiones “amables” en esa ocasión.
- Vaya un hatajo de culo gordos – había dicho Cody
negando con la cabeza mientras se ponía en marcha – Panda de tarados – murmuró.
Los cuatro se apostaron ante la entrada del laboratorio
farmacológico para repasar la poca información del mismo de la que disponían,
al parecer alguien en la base central no tenía muchas ganas de trabajar esa
madrugada, y de recordar la táctica a seguir.
- Recordad que el laboratorio tiene once niveles
subterráneos, comunicados todos por ascensores o escaleras de emergencia. Lo
que buscamos probablemente esté en la última planta, bien protegido. Quiero que
sea cosa rápida, nada de disparos innecesarios señores – recordaba el jefe de
patrulla mirándolos a los cuatro – No dejan de ser científicos, con un poco de
intimidación bastará.
- Sí, matar empollones no cuenta novato – sonrió Cody
palmeándole la espalda con complicidad.
- Centrémonos. Son científicos pero no sabemos si alguno
de ellos guarda ahí abajo algún arma – atajó con autoridad.
- ¿Quién coño escondería bajo tierra un laboratorio
farmacológico? – preguntó el joven.
- Alguien que no quiere que descubran lo que está
investigando.
- Nos movemos – zanjó el líder de la patrulla.
No encontraron demasiada resistencia en los primeros
niveles del laboratorio. Allí no habían más que investigaciones de medicamentos
de lo más variado: antibióticos, geles, píldoras para prevenir la caída del
cabello, aspirinas, cremas para dolores musculares… nada fuera de lo corriente
para un laboratorio. La cosa sin embargo fue cobrando interés a medida que
descendían a los tres últimos niveles. En el noveno nivel encontraron armas en
desarrollo. En el décimo toda la planta estaba destinada a la investigación y
desarrollo de algunas vacunas y antivirus. Fue en la onceava planta donde
encontraron resistencia activa, y hostil. Tuvieron que abrir fuego para poder
avanzar.
- Caray, pues sí que hemos encontrado el filón de oro –
sonrió Cody de medio lado.
- Todos atentos y preparados. Estos no eran los únicos
guardias de seguridad.
Las habitaciones por las que debían avanzar estaban
cerradas con puertas y claves de seguridad cada cual más compleja que la
anterior; estaba claro que sin lugar a dudas los datos que buscaban los
encontrarían en aquél lugar. Uno de ellos comenzó a sentir que algo allí no
marchaba bien. No sabía decir exactamente qué era, pero lo sentía.
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