Rick
consiguió llegar a su objetivo donde se encontraba la sala de los motores de
emergencia. Por suerte para él aquella habitación no se encontraba a oscuras, y
eso era un alivio porque así podría eliminar gran parte de la sugestión a la
que había estado sometido desde que se había despertado. Miró alrededor
esperando a que apareciese Cody, seguro de que no podía tardar mucho más en
hacerlo.
-
Esto no me gusta, no me gusta en absoluto. Aquí están pasando cosas muy raras
desde que trajimos eso al barco, y creo que nadie sabe en realidad el potencial
que tiene ese chisme para mandarnos a todos al infierno – pensó posicionándose
en la sala para poder cubrir una de las dos entradas por donde podía
entrar...no sabía quién – Joder, Cody, ¿dónde demonios estás? – se dijo
inquieto – Espero que no se tomara en serio eso de que íbamos a buscar a John,
maldita sea.
Silencio,
silencio absoluto. Los segundos pasan como si fuesen horas para él, que se
encuentra tenso y nervioso esperando ver aparecer de un momento a otro
cualquier criatura de pesadilla por la puerta que está vigilando – Por favor,
que no entren por la otra, por favor, que no me cojan despistado – pensaba de
vez en cuando mientras miraba hacia atrás, inquieto. Se preguntaba una y otra
vez, con insistencia, dónde demonios se podrían haber metido los encargados de
reparar el suministro principal de energía, aunque no quería saberlo en
realidad. Era consciente de que aquello era una auténtica trampa para todo
aquél que se adentrase en el lugar.
-
Ese humano es el líder de los otros.
-
No, el humano líder está arriba.
-
Quiero decir de los que han bajado aquí, tal vez sea buena idea cogerle con
vida.
-
¿Para qué? Los humanos sólo sirven a un propósito, y una vez cumplido ya serán
inútiles.
-
Nos puede llevar hasta el humano líder, y entonces podríamos…
-
Comprendo, sí.
-
¿Pero dónde coño se ha metido toda mi maldita patrulla, maldición? – dijo Rick
al borde del ataque de nervios mientras trataba de calmarse un poco, aunque sabía
perfectamente que no podría hacerlo. La situación era bastante extraña y se
prestaba muy bien para que uno pensara cosas raras. No es que creyese en la
teoría de John y Cody de los zombies, al menos no la creía demasiado, pero sí
que estaba seguro de que algo estaba pasando con Anthony, y eso era lo que le
preocupaba. Sabía que no debían permitir que lo que estuviese allí abajo, con
ellos, llegara a los niveles superiores del portaaviones. Por fin pudo escuchar
unos pasos que se acercaban a un ritmo frenético, y ese sonido hizo que se le
helara la sangre durante unos segundos. Se preparó cobijándose más aún en su
escasa cobertura, apenas una viga de metal, y respiró de manera lenta para
tranquilizarse y prepararse para lo que estuviese por llegar. Trató de
adelantarse a eso que se acercaba intentando adivinar por dónde aparecería,
pero le fue imposible ubicar los pasos que resonaban con ecos metálicos por los
pasillos. – Bien, a la menor duda que tenga lo llenaré de plomo y luego le
preguntaré qué hora es – se dijo intentando sonreír con el chiste, y cerró los
ojos un instante casi rezando.
Cuando
la criatura entró en aquella sala tuvo que tirarse al suelo a las prisas ante
una ráfaga de balas que le habían disparado.
-
Eh, ¿qué cojones haces, gilipollas? – se quejó Cody, asustado.
-
¿Qué…? – la voz de Rick sonaba incrédula pero aliviada – Eres tú, ¿de verdad? –
preguntó sintiéndose estúpido.
-
No, soy tu abuelita la del campo – ironizó Cody levantándose del suelo – Joder
Rick, ya te pagué los veinte pavos la semana pasada – bromeó.
-
¿Has visto a John, o al novato? – preguntó Rick después de apagar la sonrisa.
-
No, tío. ¿Y tú?
-
No, yo tampoco.
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