martes, 28 de enero de 2014

Vidas sin valor

- Pero entonces, ¿tenemos que proteger el suministro de emergencia, sin saber a qué coño nos estamos enfrentando? – preguntó finalmente Cody sin poder contenerse ni un minuto más.
- Sí, así es – respondió Rick tratando de mantener la calma.
- Pero, ¿cómo pretenden que lo hagamos? Quiero decir, ¿y si son muchos más que nosotros? Además, no tiene sentido sólo mandarnos a nosotros dos, ¿no crees?
- Mira Cody – dijo por fin mirándolo a los ojos – Nosotros sólo cumplimos órdenes, ¿de acuerdo? A Bradford no le importamos una mierda, ¿lo entiendes? – hablaba con brusquedad – Además, sí que tiene sentido. Nosotros somos los únicos testigos del proyecto Aurora, y los de arriba no querrán arriesgarse a que abramos el pico sobre ese tema – esa idea le taladraba la cabeza con insistencia. Era ridícula, el ejército no podía pretender deshacerse de una patrulla por haber cumplido con su trabajo, pero al mismo tiempo era muy lógica, y eso era lo que él temía: tener razón.

Cody avanzó en silencio varios metros, probablemente herido en el orgullo y en su confianza hacia todos, incluyéndole a él. Rick sabía que no había respondido como debía haberlo hecho, pero estaba demasiado nervioso y asustado como para andarse con demasiados miramientos a la hora de decirle a nadie lo que pensaba, aunque tuvo la precaución de no comentar nada de lo que pensaba.

- Los humanos, dudan.
- Sí, lo hacen.
- Podemos usarlos en nuestro favor.
- No, no podemos. Si intentamos hablar con ellos se pondrán nerviosos y tratarán de combatirnos. Eso sería peligroso.
- Pero si los convencemos de que nos ayuden…podríamos infiltrarnos en cualquier parte.
- No. Los humanos no van a ayudarnos, porque nos tienen miedo. Tenemos que alimentarnos, reproducirnos, extendernos por nuestra cuenta.
- Siento la sangre, están cerca.
- Y armados, esta vez será difícil.
- No debes fallarnos, no puedes hacerlo.

De nuevo las voces en su cabeza hablaban entre sí, aquello le ponía enfermo. No sabía qué estaba pasando y no estaba seguro de querer hacerlo, pero sabía que las voces podían hacerle daño si intentaba meterse en su conversación. Avanzó por el largo pasillo a oscuras mientras trataba de descubrir dónde estaba y, sobretodo, en qué no debía fallar a las voces.

- Un solo humano contra dos armados fracasará.
- ¿Y qué? Sólo es un vehículo.
- Nosotros vamos dentro de ese vehículo. Si el humano fracasa…
- Comprendo, no podemos arriesgarnos. Nosotros ya estamos casi listos para salir, no debemos permitir que esos humanos nos derroten ahora. ¿Qué hacemos?
- Manda a los durmientes, cuatro o cinco serán suficientes, que los rodeen y los hagan dormir.
- Desconfiarán de ellos, creen que saben lo que pasan,  si los ven venir de repente…
- Manda a su amigo también, de él no desconfiarán.

Cuando abrió los ojos se sentía débil, mareado, y no sabía dónde demonios estaba. Se puso en pie intentando mantener el equilibrio y un ligero dolor en la espalda le hizo apoyarse contra la pared para no caer.

- Al fin estás despierto, Johnny – dijo la voz de Anthony a su lado, con una sonrisa.
- Sí, hijo de puta, estoy despierto y voy a acabar contigo – proclamó, feliz, mientras se lanzaba a por él.

- Quieto, humano. Tienes que atacar, sí, pero a otros.
- Queremos sangre, no nos falles. No te atrevas a hacerlo.

- ¿Quién coño está hablando? – preguntó mirando a su alrededor.
- Sssh – instó Anthony para hacer que se callara – No enfades a las voces.
- ¿Voces? – preguntó incrédulo - ¿De qué estás hablando? ¿Qué voces son esas?
- No lo sé – dijo el novato marchándose – Pero tenemos trabajo que hacer.


Lo siguió sin saber por qué, ese chico ahora despedía un halo de poder demasiado fuerte como para poder resistirse. 

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