jueves, 27 de marzo de 2014

El viajero [2]

- ¿Qué diablos sois? – preguntó, sin atreverse a acercarse a la puerta. Si de verdad estaban planteándose entrar en la habitación no quería permanecer demasiado cerca.
- Si salieses con nosotros podríamos explicártelo mejor. – dijo la voz de mujer, con tono dulce.
- Tenemos que darnos prisa, este lugar no es del todo seguro. Pronto vendrán a por nosotros, y te llevarán a ti con ellos. – añadió la voz masculina.
- ¿Qué vendrán? – replicó él, negando con la cabeza. – ¿Quiénes? – preguntó con desconfianza.
- No podemos explicártelo aquí, no tenemos tiempo para hacerlo. – respondió la voz masculina.
- ¿Pero quién diablos sois vosotros? – preguntó, acercándose poco a poco a  la puerta. No se sentía especialmente cómodo con la idea de salir de nuevo, pero necesitaba respuestas.
- Lo único que podemos decirte en este momento es que ya no estás en La Tierra, humano. – respondió la voz masculina.
    Aquello era poco menos que surrealista. Era imposible que aquellas dos cosas fuesen…alienígenas, y que él ya no se encontrase en “La Tierra” como sostenían. Sin embargo comenzaba a sospechar, en lo profundo de su subconsciente, de que estaban diciéndole la verdad.
    Suspiró, cerrando los ojos, mientras alargaba la mano sin querer hacerlo para abrir la puerta de la habitación. Una vez más la luz blanca y luminosa lo bañó por completo, impidiéndole ver.

- Tranquilo, no vamos a hacerte daño. – dijo la voz femenina con el mismo tono dulce de antes. – Camina hacia nuestras voces, nosotros te guiaremos. – pidió, con calma. – Cuando hayamos salido de aquí y estemos a salvo podremos explicártelo todo, y resolveremos todas tus preguntas.
- Decidme al menos dónde estamos. – pidió, confundido, caminando hacia las voces.
- Estás en una nave de tráfico de seres vivos. Probablemente ibas a ser vendido como mascota para alguien en el mercado negro o como sujeto de experimentación. – respondió la voz masculina.
- ¿Qué? – exclamó, entre asustado e incrédulo. – ¿Qué clase de broma de mal gusto es esta, eh? ¿Vendido como mascota o como sujeto de experimentación? Creo que os habéis fumado algo demasiado fuerte para vosotros, muchachos. – sonrió de medio lado.
- No te preocupes, cuando llegue el momento lo sabrás todo y podrás entenderlo. – aseguró la voz femenina.
- Humanos… - comentó, por lo bajo, la voz femenina. – Es sorprendente que una especie tan insignificante haya sido capaz de progresar lo suficiente como para ser considerada como potencialmente peligrosa para la galaxia.
- Chicos, en serio, tenéis que dejar de ver esas series. – sonrió, nervioso, mientras caminaba hacia las voces.


    Al llegar a ellas pudo distinguir de nuevo las figuras de quienes hablaban. Tenían la cabeza bulbosa y plagada de pequeñas protuberancias, con cuatro ojos. Su color de piel era grisáceo y caminaban de forma erguida aunque con la tendencia de inclinarse demasiado hacia adelante. Los brazos y las piernas estaban cubiertos de las mismas protuberancias marrones en forma de pequeños picos que, probablemente, les servirían como protección. 

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