-- Relato --
Frost; frío glacial
<< En el espacio sólo
hay dos cosas: Nada, y Frío. Un frío extremo.>>
Sürn-Rahn, profeta de
las estrellas.
Cuando la guerra entre los Grinner y los
Corpus fue incontrolable y se extendió a lo largo del universo, ambos bandos
recurrieron a un gran elenco de armas y herramientas de destrucción con las que
poder hacer frente al enemigo. Una de estas armas, que quizá siempre haya sido
la más poderosa de todas, fue la de la información, y nunca hubo mejor espía
que Jürn-Rednt.
Rednt era el único hombre capaz de obtener
la información más completa en el menor tiempo posible de ambos bandos, por lo
que cobraba una auténtica fortuna por cada trabajo realizado y cada victoria
obtenida en la batalla gracias a su información. No tardaron ambos bandos en
lanzarse en una guerra tan encarnizada por conseguir los servicios de
Jürn-Rednt en exclusiva.
Finalmente fueron los Grinner los que
lograron el contrato definitivo con el espía más cotizado de toda la galaxia.
–
Ahora que ese hombre trabaja para nosotros, nuestra supremacía en la galaxia
está garantizada. – exclamó Thërn-Klôt, comandante en jefe de la flota Grinner.
–
¿Está seguro, comandante? – preguntó uno de sus subalternos, con una sonrisa en
los labios.
–
¿Qué insinúas? – preguntó Klöt, mirándolo fijamente.
–
Jürn-Rednt trabaja para nosotros gracias al dinero, comandante. ¿Quién nos
asegura que los Corpus no ofrezcan un precio mayor por su lealtad? – preguntó
fingiendo indiferencia. Dejó pasar unos segundos en silencio para que el
comandante de la flota comprendiese lo que le estaba diciendo. – ¿Quién nos
asegura que no lo hicieron antes que nosotros? – añadió finalmente,
sentenciando la suerte del espía.
–
Comprendo. Si ese espía trabaja para nosotros, bien puede hacerlo para el
enemigo. – afirmó, convencido, con un golpe de mesa. – ¡Que me traigan al espía
inmediatamente! – ordenó.
–
Así se hará, señor. – respondió el subalterno, quien sonrió largamente en
cuanto salió del puente de mando en busca de Jürn-Rednt. – Ahora comprobarás de primera mano por qué no es una buena idea jugar a
dos bandas. – pensaba, complacido.
La búsqueda del espía no fue en absoluto
difícil ni prolongada, ya que éste trabajaba lealmente para los Grinner. Sin
embargo el subalterno del comandante de la flota exageró el informe de captura,
asegurando que había resultado muy difícil atraparle y que varios soldados
habían caído en una refriega contra los Corpus, a quienes sin duda Rednt había
puesto sobre aviso.
–
Por los crímenes de traición al Imperio Grinner serás condenado a vagar por el
espacio hasta el fin de los tiempos, espía. – fue la sentencia que Klôt impuso,
sin hacer ningún juicio.
–
¡Os estáis equivocando! – exclamó Jürn. – ¡Yo os era leal, pero ahora mi
venganza caerá sobre vosotros! – prometió, mientras se lo llevaban.
El otrora espía mejor pagado de la galaxia
fue encerrado en una cápsula criogénica que fue lanzada al espacio. El
subalterno del comandante se aseguró de que la criogénesis no fuese activada,
de modo que Rednt se viese obligado a vagar de forma consciente por el
universo, a la espera de que la órbita de algún planeta le atrajese para hacerle
caer y morir.
Jürn-Rednt sufrió la mayor de las torturas
cuando fue lanzado al espacio. No tardó demasiado en sentir cómo la temperatura
de su cuerpo bajaba a un ritmo demencial y cómo la sangre de sus venas se
congelaba en agudas aristas que le atravesaban. Notó perfectamente cómo la
humedad de sus pulmones se había congelado en el acto, convirtiendo en casi
imposible la respiración.
Vagó perdido durante años, sumido en una
semi-inconsciencia que le mantenía con vida pero que le obligaba a sentir el
dolor y la desesperación: observaba cómo todo el universo pasaba ante él con la
majestuosidad de algo inalcanzable, y se
prometió firmemente vengarse tanto de Corpus como Grinner si en alguna ocasión
tenía la oportunidad de escapar de su prisión de hielo y vacío.
Esa ocasión llegó el día en que los radares
de los Tenno captaron la señal de la cápsula en la que vagaba perdido.
–
Está vivo. – exclamó, sorprendido, uno de los maestros.
–
Álzate Frost, hijo del frío.
.
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