Aunque quiso
evitar presenciar la escena ninguno de los dos se lo permitió: Yrnma estaba
realmente ofendida por la desconfianza de Demian y quería que éste conociese la
verdad de primera mano, por dura que fuese. Por su parte Khör simplemente sabía
que la mejor manera de que el humano conociese a sus adversarios era viéndolos
en acción de primera mano.
De esta forma
no permitieron que pudiese alertar al grupo de cuatro personas que intentaba
huir hacia un bloque de edificios cercanos a ellos.
La anciana cayó
al suelo en medio de la carretera, y ninguno de los otros tres se giró para
mirar siquiera qué había sucedido. Tampoco dispusieron de demasiado tiempo para
hacerlo: una criatura cuadrúpeda se lanzó sobre la mujer para inmovilizarla en
el suelo.
La criatura,
que tenía una enorme cola llena de púas, miró fijamente hacia la mujer con los
cuatro ojos de que disponía en la cara, admirando el horror que su imagen
producía en su presa.
- ¿Eso es un Rhäl? – preguntó Demian un poco incrédulo e
indiferente. – No parecen tan peligrosos. Además, ¿cómo pueden esas cosas
manejar una nave espacial? Sólo tienen garras, no podrían manejar los
controles.
- Eso es un Ghür, Demian. – atajó Yrnma, mirándolo fijamente.
- Son los encargados de disgregar a los humanos en los
grupos más pequeños para que los otros cacen. Son algo así como sus mascotas. –
explicó la voz masculina, sosteniendo la mirada pero mucho más suave que la de
Yrnma.
- Entonces esto va en serio – susurró Demian, con un hilo
de voz. No quiso observar la escena del Ghür y la anciana pues la consideraba
demasiado brutal para él. No obstante los gritos fueron un claro indicador de
lo que había sucedido.
- ¿Es suficiente con esto, o quieres quedarte a ver cómo
su amo entra en el edificio para buscar a tus congéneres? – preguntó Yrnma.
- Ha sido más que suficiente. – susurró de nuevo Demian,
asustado. – ¿Cómo podemos vencer a esas…cosas? – preguntó mirando a ambos,
desesperado.
- Con armas, por supuesto. Tenéis que manteneros juntos y
armados para poder hacer frente a esas criaturas. Éste no es un caso aislado,
humano, se trata de un ataque a escala global. Necesitaríais poneros todos de
acuerdo para contrarrestar la invasión. – explicó Khör.
- ¿Todos de acuerdo? – sonrió de medio lado, negando con
la cabeza mientras chasqueaba la lengua. – Entonces estamos perdidos, amigo. Los
humanos nunca se pondrán de acuerdo en nada.
- Si saben lo que les conviene, se pondrán de acuerdo en
esto. – objetó Yrnma, echando una mirada a Khör que Demian no supo interpretar.
– Creo que ya se está haciendo demasiado tarde, será mejor que te llevemos a
ese lugar seguro del que te habíamos hablado.
Nadie dijo
palabra al respecto, tan sólo se limitaban a caminar hacia el lugar donde ella
les guiaba. Demian pasó gran parte del camino preguntándose cómo diablos podrían
hacer frente a semejante amenaza, y al no encontrar una respuesta satisfactoria
decidió dejar de pensar en el asunto.
Llegaron a un
viejo bunker subterráneo que con toda seguridad pertenecería a algún ciudadano
fanático que temía el fin del mundo o una guerra nuclear.
- Al final no iban
a estar tan locos como todos creíamos. – pensó con desgana, mirando a Yrnma
y Khör.
- Nosotros no podemos seguir, no podemos dejar que nos
vean tus congéneres.
- Mucha suerte, Demian. De vosotros depende vuestra
supervivencia.
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