martes, 6 de mayo de 2014

2 días: anochecer

    Que el aviso que prometía que las pesadillas estaban de camino no tenía por qué ir dirigido a él en particular había perdido todo sentido en cuanto la tarde comenzó a declinar hacia la noche. 
    Fue en ese preciso momento cuando divisó, a lo lejos, una nube de polvo que se levantaba y que parecía dirigirse directamente hacia donde se encontraba. 

- ¿Qué diablos...? - murmuró en voz baja para sí mismo, anonadado. Dio unos pasos hacia adelante mientras se hacía sombra en la cara con las manos para poder ver mejor. - No sé lo que es, pero creo que se acerca hacia aquí, y no es muy buena idea que estemos aquí cuando eso llegue, ¿no crees? - dijo su subconsciente. - No sé...quizá sea un coche que venga hacia aquí. Si fuera eso no sería demasiado inteligente marcharse. - sugirió en voz baja. - No, no sería exactamente inteligente. Pero sí lo sería si en lugar de un coche se trata de una banda de moteros o de algo mucho peor a todo eso, ¿no te parece? - insistió su mente con total tranquilidad mientras él permanecía indeciso, mirando la nube de polvo que se acercaba. 

    Tenía que tomar una decisión y debía hacerlo deprisa si quería salir de aquella situación con vida. Si se trataba de un vehículo normal y corriente podría pedirles que le llevasen hasta el primer sitio habitado, ya comenzaba a ponerse nervioso ante la inmensa soledad entre la que se encontraba. Pero si se trataba de algo peor, como insistía su cabeza, entonces la mejor opción era echar a correr fuera de la carretera y correr campo a través, cruzando el desierto. 

- Lo cual es casi tan peligroso como toparse con una banda de moteros, o con una horda de pesadillas montadas a lomos de fantasmagóricos caballos a medio podrir, ¿no te parece? - se preguntó a si mismo, con tono estúpido. - ¿Tú crees? Yo creo que lo del desierto puede ser más largo y más agónico, pero sin duda será mucho menos doloroso. - replicó su cabeza. 

    De nuevo perdió la vista hacia el horizonte para ver la polvorienta estela que se acercaba, y que ya se encontraba bastante más cerca, y de nuevo le sacudió por completo la indecisión absoluta: arriesgarse, o arriesgarse. En realidad ninguna de las dos opciones reportaba una seguridad real de supervivencia. 

- Necesito un trago. - susurró en voz baja, saliendo de la carretera para internarse un poco en el desierto. - Yo diría que ha sido un trago lo que nos ha traído hasta aquí, así que no creo que lo que más nos convenga ahora sea precisamente eso. - recriminó su cerebro sin piedad. 

    Como no pudo responder a aquello, porque no sabía si era verdad o no, se limitó a alejarse hacia el desierto en busca de un lugar donde permanecer escondido hasta que eso que provocaba la humareda pasara de largo. 
    La nube de polvo se acercaba con una velocidad nada despreciable, pero él era incapaz de escuchar el sonido de un motor que sugiriese que era algo humano mecánico. El calor había comenzado a remitir, pero en ese momento el sudor empapaba su frente y su espalda; un sudor frío, un sudor de muerte. 

- ¿Qué será...será? - finalizó su cerebro con un tono enloquecido y jovial cuando él se quedó sin palabras. 

    Ante sí veía la imagen, aterradora, de cuatro jinetes montados a caballo que miraban en silencio hacia donde se encontraba, como si estuviesen buscándole. 

- ¿No podías auto sugestionarte para que fuesen conejitos, verdad? - recriminó su cabeza. 

    No podía replicar porque se encontraba completamente aterrorizado. Temía que aquellas cosas pudiesen oler el miedo, que probablemente desprendía en cantidad desorbitada en ese momento, y que eso les guiase hacia donde se encontraba. Tragó saliva durante un momento, y los caballos, que no parecían exactamente muertos, relincharon. 
    Acto seguido le persiguieron por el desierto. 

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