sábado, 24 de mayo de 2014

La sombra del cielo |6|

¿Y ahora qué hacemos? – pregunta con el corazón en un puño a su voz interior. La necesita más que nunca.
Ir al burguer de la esquina y pedir unos aros de cebolla fritos. – responde su otro yo.
    La respuesta inesperada e incomprensible, le obliga a detenerse para tomar aire, mirando a su alrededor. Las calles están extrañamente desiertas, y eso no le gusta en absoluto.
¿Te parece a ti que lo más inteligente que podemos hacer ahora es ir a un jodido burguer a comprar unos aros de cebolla? – pregunta, atónito.
¿Y por qué no? Llevamos dentro una cosa capaz de comunicarse con sus iguales en cualquier momento, ¿no lo recuerdas? Ir al burguer a por aros de cebolla es casi tan inteligente como que te diga qué tenemos que hacer o a dónde tenemos que ir, ¿no te parece? – replica la voz de bastante mal humor, incapaz de creer que realmente ese imbécil fuese el que prevaleciera de los dos.
Quieres decir que…
– Quiero decir que si yo planeo algo y tú me haces caso nuestro nuevo amigo sabrá exactamente lo que pensamos hacer, y no tardará en contárselo a sus amiguitos. Espero que tenga un alcance corto, o algo parecido. – zanja su voz interior, enfurecida.
    Asiente al comprenderlo finalmente.
¿Qué te parece si mueves el culo de una vez? Los conejos en el bosque no se ponen un cartel que pone “Dispáreme aquí, señor cazador”. – sugiere con sarcasmo.
Bueno, bueno, tampoco hay que ponerse así, ¿no te parece? A fin de cuentas tú eres el que da las órdenes al resto del cuerpo… ¿no?
– No, Jack, no. Yo no soy tu cerebro. Yo estoy dentro de él, atrapado.
– ¿Me estás diciendo que…?
– Te estoy diciendo que muevas el jodido culo de una vez y evites que nos atrapen, imbécil. Una vez a salvo podremos hablar con más tranquilidad. – termina, al fin.
NO HAY LUGAR DONDE PUEDAS ESCONDERTE, JACK. NI TÚ NI A TU ESTÚPIDA VOZ. OS ENCONTRAREMOS. OS ENCONTRAREMOS Y OS CAZAREMOS. – asegura la voz ajena de la criatura.
    Es aquella voz, y no la suya propia, la que le impulsa a seguir corriendo, ¿pero hacia dónde? No lo sabe, porque no sabe qué alcance tiene todo ese asunto. Tal vez sea sólo en la ciudad…o tal vez sea en todo el mundo, quizá incluso en todo el universo. Decide que lo mejor es volver al bloque de pisos donde malvive para poder pensar con tranquilidad allí.
Yo   que tú no me quedaría demasiado tiempo en el burguer, Jack. No sabemos cuánto tiempo será capaz nuestro amiguito de burlar la brecha. – advierte la voz.
¿Qué brecha? – pregunta, enfocando finalmente la calle donde se sitúa su edificio.
De momento hemos logrado confundir a esta cosa con juegos de palabras e imágenes de tu subconsciente, a decir verdad lo he hecho yo solo. Al parecer el flujo constante de información absurda que le lanzo es suficiente como para mantenerla ocupada intentando hacerse con el control de este sitio, pero no sé cuánto tiempo podré seguir manteniéndola a raya, ¿sabes? No creo que salir del burguer y marcharnos muy lejos sea suficiente como para que no tenga tanta influencia sobre nosotros, pero es la mejor baza que tenemos ahora mismo para jugar.
– ¿Eso…eso está…ya sabes…babeándome el cerebro? – pregunta con repulsión al tiempo que sube las escaleras de dos en dos.
No seas estúpido, Jack. – responde con fastidio. – Esta cosa no cabe físicamente dentro de tu cabeza. Lo más probable es que la tengas enroscada alrededor de la cabeza, o pegada a la espalda…no lo sé, yo no tengo ojos para ver el mundo exterior. – la última parte no puede evitar decirla con un breve pero inconfundible tono de envidia absoluta.
Es un alivio saber que no me está llenando la cabeza de baba espacial. – sonríe de medio lado, mucho más tranquilo.
Créeme, no es lo más asqueroso que hay aquí dentro. – contesta la voz.
    Nunca se ha sentido realmente parte de aquella ciudad y tampoco ha sentido como hogar aquél cuchitril de mala muerte en el que pasaba las noches con la única compañía de su voz interna, pero por un momento siente lástima por tener que abandonar todo aquello: de una forma u otra aquello no dejaba de ser su hogar, o al menos su casa.
    Camina en silencio por el desgastado suelo de parqué barato mientras esquiva las bolsas de basura que desde relativamente poco habían invadido la casa.
¿Crees que…? – esta vez no termina la frase, sabe que no puede hacerlo mientras haya riesgo de que aquella cosa atraiga la atención de las otras cosas que les observan.
    Abre el armario, pequeño, y llena una mochila vieja hasta el tope de su capacidad de ropa que ni siquiera se para a comprobar; no porque tenga demasiada prisa por huir, que debería tenerla, sino porque nunca le ha importado demasiado aquél aspecto de su vida. Observa en silencio el resto de la habitación para buscar qué más cosas debería llevarse, y finalmente se decide por el móvil, el cargador, un cuchillo de cocina, algo de comida enlatada y dos botellas de litro y medio de agua.
    Antes de salir se mira en silencio al espejo que hay en el salón y suspira sintiéndose ridículo.
Siempre creí que estaría preparado para el apocalipsis zombie, pero enfrentarse a una invasión alienígena… – chasquea la lengua, negando con la cabeza mientras se dirige hacia la puerta.
    Antes de abrirla escucha pasos que se acercan con demasiada prisa como para no levantar sospecha, por lo que decide pasar el pestillo y el cerrojo y se aparta unos pasos de ella, temeroso de que puedan echarla abajo.
– ¡Jack! – aúlla la voz de su jefe, con júbilo. – No has vuelto a tu puesto de trabajo, Jack, ¿es que no te sientes bien? ¿Estás enfermo?
    Aunque no puede verla la imagina a la perfección: la sonrisa de imbécil dibujándose en el rostro de aquél engreído hombrecillo.
– Jack, sé que estás ahí…por favor, ayúdame. – susurra una voz femenina con tono suplicante. – Jack…por favor, tengo miedo. Quieren hacerme daño…yo…lo siento. – insiste la voz.
    Hace casi un año que no sabe nada de ella, de la mujer de sus dibujos, pero reconoce la voz al instante. Un torrente de emociones le embarga, obligándole a caminar hacia adelante.
¡Ni se te ocurra! – exclama su voz interior. – No es ella, es un truco.


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