lunes, 26 de mayo de 2014

La sombra del cielo |7|

Escuchó la advertencia de la voz interior pero no le hizo el menor caso: ella estaba ahí fuera, en peligro. Ella había vuelto al fin hacia él, y ahora le necesitaba. Él no podía fallarle a ella, no podía volver a…
Era ella la que estaba en esta cama la que en brazos de otro, mientras tú intentabas reaccionar de una manera u otra, ¿no te acuerdas? Era ella la que intentó quitarte la casa y todo lo que tenías, pese a lo que había hecho. Y fue ella la misma que sea rió de ti en plena cara cuando intentaste pedirle perdón, aunque no fuese tuya la culpa de nada. ¿Pretendes creer de verdad que ahora ella ha venido hasta aquí, para hablar contigo? Y aún suponiendo que pudiese ser así, que no lo es, ¿crees que querría algo bueno de ti? No lo creo, Jack. Lo que creo es que ella es uno de ellos, y que esto no es más que un truco para que puedan atraparte todos juntos, ¿sabes? Piénsalo, en serio. Piénsalo sólo un momento antes de hacer nada, y si crees que de verdad ella está ahí, pidiéndote ayuda, entonces abre la puerta y enfréntate a tu destino. .- respondió la voz, tratando de sacarle de la ensoñación a la que estaba sometido.
    Las palabras, crueles pero verdaderas, calaron hondo en su interior y le hicieron pararse a pensar seriamente sobre la posibilidad de que ella estuviese ahí, necesitándole.
Pero yo…yo…yo la quiero. – pensó, con un suspiro. – Pese a todo lo que me ha hecho y a todo lo que ha intentado, yo la sigo queriendo. Sigo necesitándola, tanto como necesito respirar continuamente. Sin ella yo no soy nadie, no soy nada. Sin ella estoy perdido, yo…la necesito. – se dijo, con voz temblorosa.
Aun siendo así, ella ya no es la mujer a la que tú conociste, Jack. Ahora ella también tiene una babosa pegada a la nuca que le obliga a hacer lo que esa cosa quiera, y esa cosa ahora quiere atraparte. – afirmó la voz, tratando de obligarle a pensar con claridad. Sabía que buena parte del problema era la maldita babosa que confundía la mente de su yo exterior, por lo que la bombardeó con imágenes y recuerdos absurdos.
    Un fuerte golpe contra la puerta le obligó a reaccionar finalmente, apartándose de esta de un salto bastante ágil. Miró hacia la entrada en silencio, esperando.
– ¡Jack, ábreme ahora mismo! – exclamó la voz de ella, burlona. – ¡Ábreme antes de que sea demasiado tarde! – exigió. – Vamos…Jack, por favor. – pidió esta vez con tono suplicante, haciendo amago de llorar. – Yo…te perdono por todo lo que ha pasado, ¿no quieres que lo hablemos? Sé que podemos volver a ser felices juntos, Jackie…
    De nuevo la tentación se abría paso en su interior, obligándole a acercarse a la puerta para poder abrir.
¿Crees que te permitirán seguir con vida? Yo creo que no se arriesgarán a dejar a alguien capaz de resistirles con vida, ¿sabes? De hecho casi puedo imaginármelos, todos ahí reunidos y esperando, llevando encima cuchillos y hachas. En cuanto esa puerta caiga abajo entrarán aquí como una manada de fieras salvajes, listas para la carnicería. – dijo la voz, haciendo uso de imágenes del subconsciente para obligarle a reaccionar de una vez por todas.
    La imagen, perfectamente vívida en su mente, fue suficiente como para que se apartase definitivamente de la puerta. Recogió al paso la mochila que había preparado y corrió hacia una de las ventanas del edificio.
¡SE ESCAPA, SE ESCAPA! ¡DAOS PRISA Y VENID A POR ÉL DE UNA VEZ! – aulló, furiosa, la voz de la criatura.
    La ventana, que daba directamente hacia la escalera de incendios del edifico, se había atascado. Mientras forcejeaba con ella pudo notar el segundo impacto contra la puerta, mucho más fuerte y violento: la habían golpeado con un hacha, en un intento desesperado por echarla abajo. Aquello fue más que suficiente para que se decidiese, de una vez, a golpear el fino cristal con lo primero que tuvo a mano: el mando a distancia de la diminuta televisión de tubo que había sobre una mesa desvencijada.
Para que luego digan que la televisión no nos salvaría la vida. – pensó sin sentido con una sonrisa desquiciada mientras se lanzaba, literalmente, por la ventana medio rota.

    Cayó contra el suelo de metal oscurecido y permaneció durante unos instantes completamente desorientado. 

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