lunes, 16 de junio de 2014

La sombra del cielo |10|

– Es sólo que no puedes pretender olvidar que eres parte de este mundo, y que sientes la necesidad de ayudar a quien se encuentra completamente desprotegido ante una amenaza irracional. Tranquilo, es completamente normal – respondió su voz interior con cierta burla en la voz. – Pero no olvides que es más que probable que ahí abajo haya más de una y de dos de esas personas que te veían por la calle con cara de estar pasando el peor día de toda tu vida y que nadie se preocupó de preguntar si te encontrabas bien. Por el amor de dios, Jack, si ni siquiera se preocuparon por llamar una ambulancia el día en que pretendiste cortarte las…
– Bueno, basta – zanjó con tono firme, alejándose a toda prisa de la autopista: sabía que cuanto antes se marchase de allí antes olvidaría el tema su voz interior. Sin embargo él mismo no podía olvidarlo, y el resentimiento volvió a aflorar. – Pero que ellos no fuesen capaces de ayudarme en un momento en el que yo lo necesitaba no significa que yo tenga que pagarles con la misma  moneda, ¿no? Quiero decir, al no hacerlo me estaría convirtiendo en uno de ellos y…bueno, no tendría sentido criticar que me hayan ignorado de esa forma si yo después hago exactamente lo mismo, ¿no? Sería un poco hipócrita.
– Puedes recurrir a la filosofía barata para seguir culpándote por no prestar ayuda a una panda de imbéciles si quieres, Jack – respondió su voz interior con indiferencia. – Pero en el fondo eso no te convertirá en un hipócrita ni en un héroe: estamos ante una situación de emergencia y tú solo estas velando por tu propia seguridad, ¿sabes? Que ellos hayan sido lo suficientemente estúpidos como para pensar que podrían abandonar la ciudad en coche sin que se formase un atasco de mil pares de narices no es más que una muestra de la absoluta estupidez humana. Eso o una sobredosis de películas de serie B.
– En realidad todo esto parece de una película de serie B, ¿no te parece? De repente un buen día una invasión alienígena sacude todo el mundo y sólo un pobre diablo en una ciudad cualquiera tiene en sus manos la forma de evitar caer preso de las confabulaciones extraterrestres – sonrió con sarcasmo. – Es como un guión de película cutre que ponen en televisión un domingo por la tarde.
– Consuélate pensando que cuando hayas derrotado tú solo a las hordas invasoras te llevarás el amor de la chica de la peli – replicó la mente con absoluta indiferencia. – O sé un poco más avispado y piensa que no sabemos si todo esto es a nivel global o solamente es a pequeña escala, además ni siquiera sabemos si tú eres el único que tiene la forma de evitar el dominio…o si realmente eres capaz de evitarlo.
– Creo que no quiero seguir tratando este tema. – dijo él, sintiendo un escalofrío que le recorrió el cuerpo por completo.
Mejor, necesito buena parte de la atención que te presto para evitar que nuestro pequeño invitado siga avanzando por los recovecos retorcidos e incomprendidos durante años por todo tipo de psicólogos, psiquiatras y charlatanes, de tu mente.
– ¿Crees que…?
– Creo que es mejor que cierres el pico de una vez por todas y te limites a sacarnos de este maldito lugar de una vez por todas, Jack.
    Su voz interior guardó silencio de nuevo y supo, por la experiencia de haberlo vivido en cientos de ocasiones, que pasaría una buena temporada hasta que se decidiese a volver hablar con él, así que decidió hacerle caso y abandonar la ciudad.
    Sabía que tarde o temprano acabaría volviendo: no tenía víveres suficientes como para aguantar más de 48 horas a la intemperie, por lo que la necesidad de hacerse con un arma con la que poder defenderse se hacía completamente imperiosa. Avanzó por las calles de la ciudad tratando de hacerse con algo con lo que poder defenderse, rezando en silencio por encontrarse con un arma tirada en el suelo como por arte de magia, sin éxito.
– Nada de todo esto tiene sentido – susurró en voz baja, avanzando al interior de una pequeña tienda de barrio, allí al menos encontraría algo que poder llevarse. – Es una maldita locura. – susurró una vez más, alerta.
    El choque de un peso muerto contra una de las estanterías le alertó, por no decir que en realidad le asustó, y agudizó el oído tratando de buscar el origen del sonido. Finalmente decidió acercarse hacia el final del pasillo, donde algunas latas habían caído.
Esto es completamente estúpido, me estoy acercando directamente hacia la boca del lobo y de forma voluntaria. – pensó, cerrando los ojos mientras avanzaba con los nervios a flor de piel.
    El sonido del corazón golpeándole en el pecho, luchando por salir desbocado, tapó cualquier sonido por encima de los demás.
Ya puedes abrir los ojos, héroe, siento decepcionarte pero me temo que, de momento, no has encontrado a la tía buena de la película. – dijo su voz interior.
¿Qué quieres decir? – preguntó, mirando a su alrededor confundido.
Creo que de momento hemos encontrado al compañero al que todos desean que agarre una horda de zombies y lo devoren vivo. Que hemos encontrado al insoportable, vamos. – dijo su mente, sarcástica y divertida.
¿Qué…?
    La pregunta murió en el aire cuando finalmente descubrió lo que la voz interior quería decirle. Ante él, plantado con las piernas abiertas y mirándolo en silencio enarbolando un bate de béisbol como si de un hacha vikinga se tratase, le un hombre de mediana edad se pasaba la lengua por la comisura de los labios con impaciencia.
– Entonces debes de ser una de esas malditas cosas. ¡Quédate quieto, que vas a salir guapo en la foto! – aulló con júbilo, lanzando un fuerte golpe hacia la cabeza de Jack.
    Logró apartarse a tiempo, más por reflejo que por decisión propia, y le miró aturdido y asustado.
– ¡¿Se puede saber qué diablos pretendes hacer, pedazo de animal?! – replicó, mirándolo con ojos desorbitados.
    El hombre, que se preparaba para lanzar otro golpe, se detuvo en seco y lo miró perplejo.
– Eso mismo podría preguntarte a ti, amiguito – sonrió de medio lado, apoyando el bate en el suelo. – ¿No te han enseñado que en caso de invasión de zombies tienes que responder cuando te encuentras con un superviviente armado?
Fantástico, un friki obseso que pretende salvar el mundo. – pensó con fastidio.
Igualito que tú, Jack. – replicó la voz interior.
– ¿Estás loco o qué diablos te pasa? – preguntó al hombre con curiosidad y rechazo en la voz. Se apartó unos pasos, desconfiando.
– ¡Venga, no te pongas así! – exclamó con una sonrisa divertida en la boca. – Ya me ha quedado claro que no eres una de esas cosas, así que no tenemos por qué ponernos así, ¿no te parece? Aún no ha pasado el tiempo suficiente como para que nos pongamos unos en contra de otros y que los psicópatas se adueñen de las calles, amigo.
– Yo no soy tu amigo. – respondió Jack, girándose sobre los talones para dar media vuelta y alejarse de él.
    El tipo le siguió sin dudarlo, cargando sobre el hombro el bate de béisbol.
– Eso es cierto, pero sólo es una mera cuestión de tiempo, amigo. – sonrió de medio lado. – Me llamo Robert Brent, ¿y tú?

– Me llamo Jack. – respondió, al cabo de varios minutos de incómodo silencio. 

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