martes, 3 de junio de 2014

La sombra del cielo |8|

Creo que es un buen momento para empezar a plantearte ir de una vez al burguer de la esquina, Jack. Creo que no somos los únicos que tienen hambre por aquí. – dijo su yo interior, tratando de obligarle a recuperar el sentido tras el golpe.
    Apenas tuvo tiempo de ver la escalera que debía salvarle la vida en caso de incendio cuando la puerta de entrada finalmente cedió, viniéndose abajo tras una multitud de golpes fuertes y violentos.
No creo que hayan venido a felicitarte por tu cumpleaños, Jack. – insistió la voz interior, obligándole a dejar de prestar atención al grupo de personas que se lanzaban al interior de la casa, directos a por él.
Sobre todo porque faltan como ocho meses para eso. – replicó él, precipitándose escaleras abajo para huir.
¡A POR ÉL, NO PODEMOS PERMITIR QUE SE ESCAPE! NECESITAMOS SABER POR QUÉ NO ESTÁ SOMETIDO A NUESTRO CONTROL. – gritaba la voz de la criatura, enloquecida.
– Tengo demasiada mierda en la cabeza como para que puedas ponerle ningún tipo de orden, amiguito. Y llevo muchos años escuchando voces interiores como para que consigas engatusarme con tonterías. – replicó él, llegando a la escalera de la primera planta.
    La ventana de aquella planta también estaba rota, pero no parecía que nadie hubiese salido por ella.
Tal vez sólo están esperando a que llegues ahí para lanzarse a por ti, ¿no te parece? Yo lo haría: dejaría que te creyeses a salvo y entonces te atraparía en cuanto bajes la guardia. No creo que sea demasiado buena idea seguir por ahí. – dijo su voz interior, intentando hacerle parar antes de que fuese demasiado tarde.
¿Y qué diablos me sugieres, eh? No pretenderás que…
– O saltas o te arriesgas a que te estén esperando, tú decides. – sentenció la mente, sin añadir más.
¡¿Pero has visto la cantidad de metros que hay de aquí hacia el suelo?! – protestó, negando con la cabeza. Por nada del mundo se lanzaría al suelo.
Desde el puente del que querías tirarte había más del triple de altura, ¿recuerdas? – replicó el yo interior.
Eso era distinto, en ese momento no me importaba morir o no…
– Vaya. – exclamó con sorpresa. – ¿Y qué ha cambiado en los últimos meses sin que yo me haya dado cuenta, Jack? Por lo que sé sigues teniendo el mismo trabajo de mierda de siempre, sigues sin importarle lo más mínimo a nadie en todo el jodido mundo y sigues sintiéndote sólo e incomprendido. ¿Crees que no sé que pasas gran parte de la noche llorando mientras sueñas con ella? – dijo la voz, con intención de hacerle daño. Lo consiguió.
    Las palabras, dolorosas pero necesarias, removieron la frágil estabilidad en su interior, catapultándolo de nuevo a la montaña rusa de emociones encontradas: claro que no tenía ningún motivo real por el que seguir viviendo, más allá del sencillo miedo a que la muerte fuera dolorosa.
Tienes razón. – cedió, con los ojos humedecidos. – No tiene sentido que siga respirando en realidad. No he hecho nada de provecho con mi vida, y no he hecho nada que beneficie lo más mínimo al mundo.
    Primero una pierna, luego la otra. Quedó por fin sujeto a la baranda de metal mirando al suelo en silencio: si se lanzaba de cabeza era bastante probable que se partiese el cuello o que sufriese un traumatismo lo suficientemente grave como para desangrarle.
Salvo por el hecho de que ella en realidad te sigue amando. – susurró la voz interior en el momento en el que se lanzaba al vacío.
    La confesión había llegado en el momento necesario para hacerle querer continuar viviendo, por lo que cayó de pie al suelo y rodó en cuanto éstos tocaron el piso, logrando una caída segura.
Eres la cosa más despreciable y horrenda que he conocido jamás. – acusó, furioso. – ¿Por qué has hecho eso?
– Porque no necesitamos que te partas ningún hueso, Jack, pero tenía que hacerte saltar de una forma u otra, ¿no te parece? – respondió con sencillez la voz interior.
Eres… ¡TE ODIO! – exclamó, echando a correr hacia ninguna parte.
Yo también te odio, hermano. ¿Por qué tuviste que absorberme estando los dos en el útero? Por tu culpa yo nunca nací, pero tampoco he muerto, ¿sabes? Nunca he podido ver realmente la luz del sol, siempre he estado encerrado tras las sombras de tu mente, obligado a deambular formando parte de ti, cuando pude haber sido un Yo. – responde la voz interior sin que él pueda escucharla.
    Se dirige de forma apresurada, sin mirar hacia ninguna parte, hacia las afueras de la ciudad: sabe, o cree saberlo, que allí se encontrará a salvo de aquellas criaturas. Mientras él corre la ciudad va sumiéndose cada vez más en un caos que gobierna las calles: atropellos, disparos, saqueos.

PRONTO NO QUEDARÁ NADA DE VOSOTROS, Y OS VERÉIS SUMIDOS EN LA PAZ DE LA SERVIDUMBRE ETERNA. NUNCA MÁS REPRESENTARÉIS UN PELIGRO PARA EL UNIVERSO. A

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