Finalmente pudo respirar tranquilo cuando sintió que
volvía a tocar tierra de nuevo. Ahogó una frase que pudiese meterle en un nuevo
lío e hizo amago de marcharse rápido de allí, pero el brazo de Edwards le
retenía con fuerza.
- Bueno, ¿qué pasa ahora? No irás a pedirme la hora, ¿no?
– preguntó Kenway con ironía.
- ¿Qué sabes de Matthew Clements, Jeffrey?
- Pues poco, o más bien nada – respondió incómodo ante el
nombre.
- Venga, Jeff, no es la primera vez que haces las veces
de soplón, ¿verdad? – dijo Harry clavándole los dedos en el brazo.
- No, no lo es. Y si quieres que colabore contigo más te
vale tener mejor actitud chico – dijo quejándose de aquello – La diferencia es
que no soplo nada de gente que puede ser un problema real, ¿sabes? No me hace
mucha gracia la perspectiva de que me degüellen a media noche.
- ¿Acaso ese riesgo no lo tenías cuando nos contabas
cosillas de otra gente? – preguntó Harry bajando la voz y mirando a su alrededor
para asegurarse de que no estuviese metiendo
a aquél tipejo en un lío inmerecido.
- No tanto como con este, chaval. La gentuza de la calle
va mucho de boca, ¿sabes? Pero a la hora de la verdad están más solos que la
una, pero Clements tiene pasta, y eso se traduce en gente que puede venir a por
ti – comentó en voz baja también – No sé por qué me preguntas nada sobre este
tipejo Harry, y no me apetece nada saberlo, pero si quieres un consejo
gratis…yo dejaría de indagar al respecto – sonaba nervioso, y eso en aquellas
circunstancias no era algo que a Edwards le gustase.
- Está bien – dijo soltándole el brazo pero reteniéndolo
con la mirada un momento más – Seguiré tu consejo, de momento. Pero quiero
hablar contigo más a fondo del asunto cuando estemos en un sitio menos visible,
ya me entiendes – dijo clavándole la mirada un instante más antes de girarse
para seguir caminando.
- ¡Sí señor, iré a la iglesia y seré una buena oveja! Ya
sabe, dos calles a la derecha y una a la izquierda, no tiene pérdida – dijo
Kenway en voz alta, nervioso, fingiendo que era un desconocido que le había
pedido una dirección.
Avanzó ignorando todo cuanto le rodeaba mientras se
perdía en su mente. Tenía que esbozar un plan de actuación antes de empezar a
moverse en aguas poco profundas; seguir a una niñita rica de la parte alta de
la ciudad era una cosa sencilla y que no entrañaba demasiados problemas, pero
que Kenway se pusiese tan a la defensiva y se mostrase tan reacio a contarle
información sobre alguien era algo que no le había gustado en absoluto; si ese
imbécil era capaz de saber que hablar de Clements no era cosa recomendable es
que realmente ese tipo debía tener muchos trapos sucios. Encendió otro
cigarrillo que se llevó a la boca mientras
avanzaba en silencio sin ver por dónde iba pero a sabiendas de que no se
perdería: conocía las calles de aquella ciudad tan perfectamente como la palma
de su propia mano.
- Entonces la cosa
es que ese jodido crío se te presenta en tu despacho diciendo que quiere que
sigas a una tal Stacey Kernat para que descubras qué clase de gustos tiene y
cómo puede él conquistarla. Tú por supuesto no te crees una mierda de la
historia de ese tipejo y piensas que, en realidad, el muy cabrón quiere algo
muy distinto de la chica, pero sin embargo accedes a seguirla y a recopilar la
información porque, aunque no te guste reconocerlo, te estás muriendo de hambre
y necesitas un par de zapatos nuevos. Sales a echar un vistazo por ahí a ver
qué descubres de la niñita de papá y te tropiezas con un gusano al que casi le
partes la boca y quien, en tiempos pasados, solía ser una fuente de información
bastante fiable que nunca tuvo escrúpulos de vender ni siquiera a su propia
familia a cambio de algún favor que necesitase, pero ese gusano casi se mea
encima cuando le nombras al tal Clements. Bien, ahora la pregunta de rigor…
¿por qué todo este jodido asunto te huele tan mal? Hay algo que no cuadra en
todo esto, eso está claro. No sería el primer mafioso de medio pelo que quiere enamorar
a una ricachona, eso desde luego, pero ese tipo no parece de esa clase de
persona. Además, si tan peligroso puede resultar ser no es probable que se
arriesgue a contratar a un poli retirado, sabrá de sobra que si algo me huele
mal lo investigaría… ¿pero y si precisamente lo que quiere es que lo haga? Es
poco probable que todo esto sea una maldita trampa pero, ¿y si lo es? ¿Por qué?
No tendría sentido, yo ya no soy poli así que no podría interferir en ninguno
de sus negocios. ¿Algo que hice en el pasado? Nunca me topé con este crío
cuando era poli, probablemente el cabrón aún fuese un niñito de mamá por esa
época, así que tampoco debe tratarse de eso. ¿Entonces por qué contratarme a
mí? Dios santo, necesito un trago – pensó apoyando los codos en la barra
del bar de siempre. Sus pasos lo había llevado de manera inconsciente pero
irremediable hacia allí, a sabiendas de que tarde o temprano iba a acabar en
aquél maldito lugar. No se sorprendió de ver al camarero sirviendo un buen
trago de bourbon sin que él dijese nada – Como
en casa, en ningún sitio. Allí conocen tus gustos y lo que quieres sin que
tengas que abrir el pico – pensó encendiendo el tercer cigarrillo de la
tarde, cansado.
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