Miedo.
Silencio. Incomprensión. Miedo.
No
comprende qué diablos está pasando en ese momento, pero sabe que es imposible
que pueda ser real. No ve a sus compañeros, han desaparecido; en su lugar ve
objetivos, dianas que abatir. No sabe qué diablos le está pasando por la mente
en ese momento, pero no le gusta. No le gusta en absoluto. Al despertar lo hizo
aturdido, desorientado, perdido, convencido. Sangre, tenía que derramar sangre,
no importaba de quién, no importaba de cuántos. Tenía que derramar toda la
sangre que pudiese, después todo se aclararía en su mente y podría volver a pensar con claridad,
Eso se lo había dicho y él lo creía ciegamente. Se arrastró por el suelo sin
hacer ruido, consciente de que sus presas huirían si le veían en aquél momento.
Se había alejado lo suficiente de aquél maldito hangar para poder planificar su
próximo movimiento, para poder regodearse ante la idea de derramar sangre. ¿A
mordiscos? Podía desgarrar carne, reducir a polvo el hueso. ¿Con las propias
manos? Podía desmembrar cualquier cosa. No importaba cómo, no importaba qué,
tenía que derramar sangre, y tenía que hacerlo deprisa. De lo contrario Eso, lo
que fuese Eso, se le lanzaría encima y le retorcería el cerebro hasta romperlo.
Lo había estado haciendo hasta que despertó.
-
¿Qué coño está pasando aquí, joder? – se preguntó en voz baja Rick tratando de
seguir el rastro de sangre sin conseguirlo, se había acabado repentinamente a
pocos metros de donde había comenzado - ¿Dónde
coño está Anthony? Es imposible que una persona pueda levantarse y marcharse
sin más después de haber perdido tanta sangre. Esto es una pesadilla, tiene que
serlo – pensó tratando de no alertar a sus hombres. Debía buscar al novato
y descubrir, de una vez, si era un zombie o no. Por supuesto no quería
descubrir algo así.
- Sangre, derramar sangre. Sangre, sangre,
sangre. Carne, sangre, miedo -
pensaba aturdido mientras se deslizaba por el suelo, fuera del hangar – Pero hay más sangre en el portaaviones,
mucha más. ¿Seguro? Sí, la hay. Miles de litros, miles de almas. El portaaviones…sangre,
sí, la sangre es buena. Nos da la vida, nos la quita – pensaba de manera
confusa. ¿Qué debía hacer a continuación? No lo sabía. Lo que fuese que
dominase su mente estaba planeando algo, lo sabía. No sabía qué, pero tenía
algo que ver con el portaaviones – Sangre,
sangre. Portaaviones, sangre. Debemos ir al portaaviones y derramar sangre. No
pueden enterarse de nuestros planes, queremos sangre. Nos haremos pasar por
ellos y en el portaaviones sangre, mucha sangre. Para poder vivir, para poder
volver. Queremos sangre, el portaaviones tiene sangre. Queremos el
portaaviones.
Fue
un alivio poder pensar con claridad de nuevo, pero no sabía dónde se encontraba
ni qué había sido de su patrulla. Lo último que recordaba con fuerza era el
médico mordiéndole en el brazo, todo lo demás se había vuelto borroso. ¡Le
habían mordido! Estaba herido. Al mirarse el brazo se sorprendió al ver que la
sangre había dejado de manar, se había coagulado. Eso también era un alivio.
Miró a su alrededor y descubrió el hangar, lo reconocía.
- Tengo que volver con mis compañeros, tengo
que salir de esta mierda. Ir al portaaviones y que me pongan la puta
antitetánica, seguro que aquél chalado tenía la rabia o algo parecido – se
dijo avanzando hacia allí.
Una
luz, una luz cegadora, le impidió ver de repente.
-
Alto ahí, ¿quién coño eres? – preguntó la voz, nerviosa, que le cegaba con la
luz. Supo inmediatamente que la luz estaba acoplada a un arma automática.
-
¿Qué…? – balbuceó sin poder continuar. No reconocía la voz, pero sabía que le
era familiar. Aún estaba demasiado desorientado - ¿Rick, John? – preguntó con
cierta esperanza.
-
¿Novato? ¿Qué coño haces aquí fuera? – preguntó, por fin reconociéndola, la voz
de Cody. Sonaba entre aliviada y desconfiada.
- No
lo sé tío, me estaba meando – dijo a modo de broma, pero con voz convincente -
¿Los otros están bien?
-
Sí…ven, volvamos a dentro – respondió tras unos segundos de absoluta duda.
La sangre, el portaaviones. Tienes que
llevarnos allí. No nos falles, no nos falles.
No
sabía qué era esa voz ni a qué se estaba refiriendo, pero no estaba dispuesto a
fallarla. No sabía por qué, pero no tenía intención de descubrir qué pasaría si
le fallaba.
Sangre…suficiente por fin.
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