domingo, 26 de enero de 2014

Vidas sin valor

- Pero, ¿de verdad quieres ir abajo? – preguntó Cody, siguiéndolo al fin.

No es que le diese miedo la oscuridad ni mucho menos, pero no podía dejar de pensar en una horda de zombies arrastrándose por la parte baja del portaaviones, esperando a que algún desgraciado cayese en sus garras. La perspectiva de bajar allí resultaba muy desagradable como para que pudiese pensar en ella con calma.

- ¿Yo? Si por mí fuera no bajaría ahí abajo por nada del mundo, amigo – dijo Rick negando con la cabeza – Pero Bradford nos ordena proteger el suministro de energía de emergencia, y eso vamos a hacer – dijo decidido, armándose.
- Esto es una mierda – maldijo por fin por lo bajo mientras hacía lo mismo.
- ¿Una mierda? Una mierda es tener que bajar ahí a jugarnos el culo defendiendo una mierda de suministro de energía mientras nadie nos cuenta por qué coño Anthony estaba tan raro tras el mordisco. Una mierda es tener que pegarle un tiro a un miembro de tu patrulla porque sabes que está a punto de pasar algo horrible. Una mierda ha sido verte a ti volándote la tapa de los sesos por miedo, eso es una mierda. Tener que bajar un par de escaleras hacia ese destino simplemente es una putada, Cody – pensó mirándolo a los ojos – Nos movemos – le dijo sin más mientras se dirigía hacia allí.

Bajaron las escaleras pertinentes, adentrándose cada vez más en el interior del barco, sin poder evitar imaginar que estaban bajando voluntariamente al estómago de una gigantesca bestia de metal. Cada nivel que bajaban era más silencioso que el anterior, y al llegar a la sala de máquinas estaban en completo silencio. Ambos compartieron una mirada cómplice y se hicieron señales para separarse un poco, a fin de cubrir más terreno. Llegar hasta la sala de máquinas sería un viaje relativamente corto, pero sabían que no sería fácil; estaban convencidos que de un momento a otro se encontrarían con algún hombre que se arrastraba por allí, hacia ellos.

- Al menos espero no encontrarme con lo que vimos en el pueblucho. Joder, no soportaría ver algo así otra vez – pensó avanzando en silencio.

Una figura se acercaba hacia él en silencio, sin arrastrarse, una figura que sonreía en silencio mientras se deleitaba con la idea de conseguir sangre.

- Sí, la sangre por fin.
- Rápido, atrápalo. Tienes que cogerlo, sin hacer ruido, tienes que traerlo hacia la guarida para que duerma, para que vuelva.
- No nos falles, no quieras hacerlo.

No podía, no debía fallar, lo sabía, las voces se lo habían dicho. No sabía qué eran las voces, pero resultaban tranquilizadoras, quería hacer caso a las voces. Tenía que arrastrar aquél cuerpo hacia la guarida para que las voces pudiesen… ¿qué? No lo sabía, pero no hacía falta que lo supiese, sólo tenía que atraparlo y llevarlo allí, eso era fácil.

- Eh, marine – llamó Cody en voz baja - ¿Estás bien, socio? Nada, no hubo respuesta, sólo se acercaba en silencio con una sonrisa – Eh, tú, ¿no me oyes? – insistió, levantando a medias el arma - ¿Qué ha pasado? – le temblaban las manos.

El hombre que se le acercaba no parecía estar herido, ni mucho menos tenía aspecto de zombie, pero había algo que no le gustaba. Esa sonrisa fija, boba, le ponía muy nervioso. Sin duda no era un jodido zombie, ¿pero entonces por qué no le contestaba? No lo sabía, pero tenía que decidirse rápido, ya estaba a menos de cinco metros.

- Marine – insistió una vez más tratando de que aquél hombre reaccionase, lo consiguió.

El tipo se lanzó hacia adelante con ansias de sangre, se lanzó dispuesto a morderle, a arrancarle un trozo, se lanzó dispuesto a matarlo. Cody disparó sin pensárselo, la bala le atravesó la cabeza y el tipo cayó boca abajo en el suelo. No estaba preparado para ver aquello.

- ¿Qué coño…te han hecho, tío? – se preguntó incrédulo. No le habían mordido por delante, pero la espalda…no tenía nada de piel ni músculo en la espalda, se le veía toda la columna vertebral sin problemas. Aquella visión era demasiado horrenda, y huyó de ella. Se alejó de Rick sin saberlo, acercándose a la guarida.

- ¡Ha fallado, ha fallado!
- No, no lo ha hecho. Él viene a nosotros.
- Sangre, la sangre viene.

- Sí, y la cogeremos, será nuestra. 

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