- Anthony, ¿dónde estás
amigo? – preguntó John con un tono ligeramente cantarín, sonriendo sin poder
evitarlo – Sal, amigo. Necesitamos que nos ayudes, hay una emergencia, nadie
sabe lo que pasa pero Rick nos necesita. ¿Estás ahí? – insistió, avanzando – No
estamos para juegos, amigo. ¿Dónde estás? – continuó avanzando en silencio,
demasiado. El silencio gobernaba aquella parte del barco y eso le ponía
nervioso – Sal, puto zombie de mierda,
que voy a reventarte la cabeza a ostia limpia. Venga, échale cojones y asoma la
cara – pensó, nervioso.
- Están buscando al portador, quieren matarlo.
- Sí, pero no podemos permitirlo,
tenemos que detenerlo antes de que sea demasiado tarde.
- ¿Cómo lo hacemos? Está dispuesto a
matarlo, no podemos permitirlo.
- Fácil, deja que lo haga otro. Los
humanos sólo son vehículos.
Sintió
un ligero cosquilleo en la nuca y se giró de forma inconsciente, listo para
golpear a…nada, no había nada tras él. Todo estaba en silencio y eso era lo que
más le preocupaba; sabía reconocer y ubicar al instante cada sonido del barco,
pero la falta de ellos resultaba demasiado preocupante como para poder sentirse
tranquilo, era la prueba concluyente de que estaba pasando algo malo allí, algo
que no podían detener si conseguía adueñarse del barco.
-
Anthony – llamó de nuevo.
Nada,
silencio. Pasos, silencio. Se gira, silencio. Mira hacia un lado y otro
buscando la fuente de esos pasos, acompañado del silencio. No consigue
encontrar la fuente de los pasos, no puede prepararse para recibir lo que quiera
que esté a punto de salir a su paso…y eso le asusta. Le asusta a tal punto que
está a punto de darse media vuelta y echarse a correr para salir de allí, pero
no puede hacerlo.
- Sangre, tu sangre.
- ¿Quién coño ha dicho
eso? – pregunta, aterrado, intentando buscar la fuente del sonido.
- Yo lo he dicho, humano.
- Y yo también.
- ¿Quiénes sois
vosotros? – pregunta de nuevo intentando localizarlos.
- Lo sabrás pronto, humano.
- Tienes que dormir, soñar. Cuando
sueñes lo sabrás.
-
¿Dormir? Lo lleváis listo si creéis que me voy a echar una siesta ahora, ¿dónde
coño estáis? Salid, salid que os vea – dijo por fin.
- Estamos detrás de ti.
- Y pronto dentro de ti.
- Sangre, tu sangre.
- Tu sangre, vida.
- Nuestra vida.
- ¿De qué estáis
hablando? – pregunta, finalmente aterrorizado. No quiere saber quiénes son ni
de qué están hablando, sólo quiere huir, y eso hace.
En
su frenética carrera hacia la luz, hacia los sonidos, no ve bien el escalón con
el que tropieza. Intenta levantarse, aterrado – Aquí no hay ningún puto escalón, ¿entonces con qué…?
Nunca
llega a terminar la frase, simplemente nota un dolor sordo en la espalda. Por
suerte para él pierde el conocimiento, así no notará el dolor de los mordiscos.
- Más sangre, más vida. Pronto renaceremos y
podremos recolectar más sangre.
- Y entonces…
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