miércoles, 12 de febrero de 2014

Centro psiquiátrico

- Bueno, hablemos en serio de una vez – comentó en voz baja uno de aquellos pacientes, mirando al resto - ¿Cómo vamos a hacer para salir de aquí? Cuando me trajeron aquí no me dejaron ver cómo habíamos llegado, y no creo que a ninguno de vosotros sí os hayan dejado – sonrió, burlón.
- Lo primero es salir de este edificio – respondió otro, con tono ligeramente nervioso – Una vez fuera ya buscaremos la salida, ¿no? Es fácil – sonrió, apretándose una mano con fuerza.
- ¿Sí, será fácil? – preguntó el silencio con una sonrisa irónica, negando con la cabeza - ¿Alguna vez has mirado al patio? Yo nunca he visto ninguna salida – sonrió, negando – ¿Crees que podemos echar a correr por ahí sin más, esperando encontrar la salida? Olvídalo.
- ¿Y por qué no? – insistió, con gesto más nervioso, arañándose el brazo de manera lenta, pero asegurándose de hacerse sangre – No creerás que ese jardín es infinito, ¿verdad? – le devolvió la sonrisa, burlón.
- No, no es infinito. ¿Pero cuánto tiempo estaremos caminando? A lo mejor nos pasamos muchas horas caminando en círculo sin llegar a ninguna parte. ¿Y qué haremos cuando tengamos hambre y sed?
- Comernos – susurró en voz baja, lamiéndose la sangre del brazo con cierta ansiedad.

Se hizo el silencio entre todos ellos. El maldito paciente, que parecía tímido y asustadizo, se estaba lamiendo su propia sangre con un gesto que no les había gustado a ninguno. No es que ninguno fuese precisamente débil o se fuese a dejar impresionar fácilmente, a fin de cuentas todos eran criminales, pero no les había gustado demasiado lo que habían visto. ¿Acaso era un maldito caníbal? Se miraron entre sí en silencio, llegando a otro acuerdo mudo. Después de huir del centro psiquiátrico y de matar a ese maldito tipo que se creía el líder del grupo, le matarían también a él; era un peligro para el grupo y no podían permitirse tener elementos de ese calibre entre ellos. Un hombre de esa clase en el grupo podía no contenerse con su…ansiedad, podría tener hambre, y eso les acarrearía problemas a la hora de huir de cualquier parte. Definitivamente no permitirían que nadie pusiese en peligro su plan de escape.

La gran bata blanca sonreía, feliz, satisfecha, orgullosa de las decisiones de sus invitados. ¿Pretendían huir por el “jardín”? muy bien, ella se lo permitiría, sí. Les dejaría corretear por las instalaciones exteriores del patio, pero haría que Conrad y sus perros de presa los persiguiera para darles caza como a conejos asustados. Sabía que Burche no rechazaría esa oportunidad; primero por miedo a enfadarla, y segundo porque le resultaría demasiado divertido. Y encima tenían un caníbal entre ellos…la gran bata blanca sonrió.

Burche también sonreía, frotándose las manos por lo que estaba a punto de suceder en el centro psiquiátrico. Él no era médico, pero había observado muchas veces, a escondidas, a Beaumont realizar esos “experimentos y pruebas” y estaba muy seguro de poder llevarlos a cabo él mismo. Claro que él no pensaba aportar nada a la ciencia y la investigación, ¿verdad? No, él simplemente se deleitaría con el agradable y dulce sonido de los gritos de los pobres diablos que cayesen en sus garras, sin necesidad de añadir música clásica al maldito asunto. Sabía que a ella no le gustaba que Beaumont pusiese música clásica; ella quería escuchar los gritos sin más, para poder cerrar los ojos y sentirse en paz consigo misma, igual que él. Añadir la maldita música clásica para suavizar los gritos era simplemente una pérdida de tiempo, algo inservible.


La gran bata blanca escuchaba los pensamientos más íntimos de Burche, y sonreía satisfecha. Quizás hubiese dado con un auténtico filón en ese hombre. No sabía cuánto tiempo le permitiría hacerle creer que era el dueño del lugar antes de quitarlo de en medio, pero sabía que lo echaría de menos; ese tipo iba a proporcionarle muchos gritos, sin embargo llegaría el día en que se lo quitase de en medio. La gran bata blanca no quería correr riesgos, no quería que ese tipo se creyese intocable y acabase desafiándola. 

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