miércoles, 12 de febrero de 2014

Vidas sin valor

- ¿Qué has dicho? – preguntó Rick sin necesitar que se lo repitiese en realidad. Aquellas criaturas avanzaban en silencio a por ellos, por lo que lo había escuchado perfectamente.
- ¡Que vueles esa maldita mierda de una vez! – gritó de nuevo. No lo hacían por necesidad, si no por miedo - ¿No querías tener claro si te apoyaba o no? ¡Pues entonces, hazlo! – empujó a aquellas criaturas tratando de mantenerse lo más alejado de aquellos mordiscos, pero resultaría imposible - ¡Vamos, cabrones!

Disparó, golpeó. Hizo todo lo que pudo para que aquellas malditas criaturas se centrasen en él para que Rick pudiese cumplir con su trabajo. Era difícil; sabía que si ellos ya no tenían voluntad propia no tenía demasiadas posibilidades de conseguir que le siguieran, que se centrasen en quien iba a volar el barco para mandarlos a todos al fondo del mar…claro que tampoco estaba seguro de que fuesen tan inteligentes, ¿no? Quizá si olían la sangre o alguna chorrada de esas tuviese suerte. Destrozó la cabeza de uno de ellos con un culatazo de su arma, pero recibió un mordisco cerca del codo. Aguantó el grito de dolor para no alertar a Rick y entonces comenzó a retroceder hacia una de las puertas; no podía marcharse corriendo sin asegurarse de que todos, o una gran mayoría, le siguiese.

- ¡Cody, espera! – gritó Rick, tratando de acercarse hacia él, pero era imposible.
- ¡Tú vuélalo de una vez, maldita sea! – exclamó, abandonando la sala.

Logró su propósito, se llevó a la mayoría de aquellas cosas. Rick quedó solo en la sala, nervioso, confundido y asustado, consciente de que Cody acababa de sacrificarse para que pudiese “cumplir la misión”. Eso no era lo que quería, aunque sabía que en realidad el resultado iba a ser el mismo. Cerró los ojos un momento tratando de tomar aire para atreverse a hacerlo; por mucho que Cody creyese que él podía estar bajo la influencia de las voces estaba asustado. La idea de volar el barco con ellos dentro no le gustaba en absoluto, pero no quedaba otra solución.

- Esos estúpidos están persiguiendo al humano equivocado.
- ¿Tú crees? Yo diría que siguen al que no hemos infectado.
- ¡Tenemos que detener al otro!
- ¿Por qué?
- ¡Porque si hace explotar esos barriles es posible que acabemos hundiéndonos!
- ¿Crees que lo hará, realmente? Tiene familia, así que no creo que realmente se atreva a sacrificarse.
- Sabe que si nosotros llegamos a tierra ya no tendrá familia.
- Si, es posible. Pero también puede pensar que pueden encontrar una forma de detenernos en tierra antes de que lleguemos, ¿sabes? Que haya decidido hacer estallar el barco no significa que vaya a hacerlo.
- ¿Entonces qué demonios sugieres?
- Que le convenzamos de que es posible que haya otras soluciones más allá de la inmediata. No es tan difícil.
- Lo que quiera que vayáis a hacer, hacedlo de una vez. No podemos permitirnos que os hundan en el fondo del mar. Si queremos cumplir con nuestro planes, tenéis que estar aquí.

Las voces de nuevo. Escuchaba en silencio, sin entrometerse. Había aprendido por la vía dura que era mejor no intentar hablarles; era mejor limitarse a escuchar en silencio y aprovechar todo lo que las voces dijesen.


- ¿Así que queréis convencer a Rick de que no vuele el portaaviones? Bueno, entonces siento deciros que quizá sea yo el que os corte el rollo – se dijo con una ligera sonrisa divertida. Corrió hacia la sala de máquinas, donde las voces y él sabía que se encontraba. Tenía que advertirle, aunque no le creyese, aunque le matase. Tenía que evitar que aquellas voces se aprovechasen de él y le convencieran de que no lo hiciera. ¿Podría? Lo averiguaría. 

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