jueves, 13 de febrero de 2014

Centro psiquiátrico

- Muy bien, niños – sonrió Beaumont, divertido, viendo a sus…pacientes – Espero que os hayáis puesto guapos para las visitas – aguantó la risa como pudo. La mayoría vestía apenas con un sucio pijama sencillo del centro. Algunos pocos estaban impedidos por una camisa de fuerza, pero no porque fuese necesaria; era la forma en que Burche “marcaba” a sus juguetes favoritos: se divertía mucho persiguiéndolos y asustándolos mientras ellos trataban de defenderse sin lograrlo – Sí, tenemos visitas – continuó con una ligera sonrisa afilada – Ya sabéis lo que significa eso, ¿verdad? – dejó un par de segundos de silencio, pero nadie se atrevió a hablar, eso le gustó – Significa que en los próximos días tendremos que hacer algunas…mudanzas. Algunos de vosotros debéis ser trasladados a edificios distintos para poder continuar con la recuperación, mientras los nuevos conejitos empiezan el tratamiento – cerró los ojos un momento, notando cómo el miedo afloraba de los cuerpos de aquellos hombres y mujeres a medida que imaginaban el destino que les esperaría en “los otros edificios”: ninguno de los que había logrado volver quería hablar de lo que había visto allí.
- ¿Cuándo llegan los nuevos juguetes? – preguntó Burche sonriendo, mirando al médico directamente a los ojos. Eso no gustó a Beaumont, pero no lo dijo en voz alta.
- En unas horas. Espero poder contar con que les des una bienvenida como se merecen – respondió con tono serio.
- No se preocupe – sonrió, contento – Me aseguraré de que los nuevos juguetes sepan en seguida quién manda aquí.
- Perfecto. No quiero que ninguno de esos imbéciles intente atacarme a mí, al personal médico o a ninguno de vosotros – dijo, haciendo especial hincapié en dónde se encontraba él y dónde Burche en la escala jerárquica.
- No se preocupe, doctor, que no lo harán – sonrió Conrad mirándolo de medio lado – Todos sabrán quién manda aquí, se lo aseguro, y cuando termine con ellos ninguno querrá enfrentarse a mí, al personal médico o a usted – le devolvió la sonrisa, haciendo hincapié especial en que se había puesto el primero en la lista, eso puso nervioso a Beaumont pese a que no lo dejó ver.
- Eso espero – asintió, alejándose – Ah, bruto. Si crees que voy a permitir que me des la patada y te quedes tú con el dominio absoluto del centro lo llevas muy claro. Por si no te has dado cuenta algunos de tus perros más fieles no están, ¿verdad? Te diré que, con suerte, algún día aprenderán lo suficiente como para no necesitar pañales…pero tú no vas a tenerla. ¿Creías que eras el único que hablaba con ella? Pues vas a llevarte una sorpresa – pensaba, tranquilizándose a medida que se alejaba. Iría a su despacho donde podría relajarse con un poco de música.
- Cuando esos nuevos juguetes lleguen y estés con ellos dándoles la brasa con tus tonterías estúpidas, te voy a quitar de en medio. Voy a darles una clase magistral a todos de que yo soy el nuevo jefe en este sitio – sonrió Burche viéndolo marchar, sabiendo que el médico tenía miedo de él y de lo que pensaba hacer. Eso era bueno, le tendría despistado mientras sus subalternos se encargaban de tener al personal médico…ocupado. Nada le impediría hacerse con el poder en el centro. Le había prometido a la gran bata blanca que le proporcionaría gritos, dolor y  alimento. Ella le había dicho que él no quería fallarle, y tenía razón. Sabía que la idea de fallar a la gran bata blanca era…terrorífica.

- Están preparando algo – comentó uno de los pacientes, viendo cómo el médico se alejaba – Y no creo que sea algo que nos guste demasiado.
- No te preocupes, no estaremos aquí cuando todo eso pase – aseguró otro de ellos, muy seguro de lo que decía.
- ¿Cuándo todo eso pase? ¿Y qué es lo que va a pasar, eh? – preguntó un tercero, con tono irónico.
- Cuando todo eso pase, tú asegúrate de quedarte cerca. No pienso hacer de niñera de ninguno. Quien se quede atrás, se queda atrás.


Después del falso líder y el caníbal, le matarían a él. La gran bata blanca estalló en una carcajada que ninguno de ellos escuchó pero que, sin embargo, provocó cierta tensión en el ambiente. 

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