viernes, 14 de febrero de 2014

Vidas sin valor

La indecisión era tan grande que se hacía insoportable. Tenía que tomar una decisión de una vez por todas, y tenía que hacerlo rápido.

- Tampoco puedo estar tan seguro de que vaya a funcionar, ¿verdad? Quiero decir que…no puedo esperar que funcione simplemente quemando el combustible, necesitaría algo que lo hiciese explotar, ¿no? Sería lo más adecuado, ¿pero dónde se supone que voy a encontrarlo? – pensó mientras miraba con ansiedad creciente hacia la puerta. ¿Debía marcharse y arriesgarse a caer en alguna trampa? No era demasiado inteligente, pero tampoco lo sería prender fuego a los barriles y que no funcionase – Desde luego, aquí parado sin hacer nada no voy a encontrarlo – sentenció su mente sin que él quisiese escucharla - ¡Maldita sea, está bien! – gruñó por lo bajo mientras se dirigía hacia la puerta por donde Cody no había salido. ¿Cómo estaría? Se lo llevaba preguntando prácticamente desde que los hizo perseguirlos. Se había sacrificado para que finalmente lo hiciera, y eso era un aliciente para asegurarse de que lo lograría sin fallar. – Muy bien, allá voy. Sea lo que sea, que sea ya – pensó, saliendo finalmente.

Caminó por pasillos a oscuras en silencio, acompañado de lo mismo. La situación era tétrica y no podía evitar sentir los escalofríos que bailaban desde su espalda hasta su nuca, como si le quisiesen poner sobre aviso de algo, o como si simplemente quisieran burlarse de él mostrándole que tenía miedo. - ¿Quién no lo tendría en esta situación, maldita sea? – pensó sujetando la pistola con ambas manos mientras avanzaba, la munición del rifle de asalto la había gastado tratando de rechazar demasiados ataques. – Si al menos supiera cómo están las cosas en el puente… - insistió su mente, pero desechó la idea de su mente una vez más; no podía desconcentrarse si quería seguir con vida…aunque ésta se acabase pronto.

Un solo par de pasos se acercaba hacia él con resolución pero no se había dado cuenta. Por mucho que quisiera no podía escuchar más allá de su propia respiración en realidad.

- ¿Entonces qué hacemos?
- Ya os lo he dicho, dejadle las herramientas para que abra una puerta.
- ¿Sugieres que nos rebelemos contra los más evolucionados?
- ¿Y por qué no? Han fracasado. Ya lo has oído, el antiguo quiere que salgamos de aquí para poder ayudarle, así que no podemos permitirnos ningún fallo más. Ellos han demostrado ser incompetentes.
- Me gusta tu idea, sí. ¿Pero intentarán detenernos?
- No lo creo, y en todo caso no les serviría de nada.

De nuevo escuchaba el cuchicheo de las voces, pero no en su mente. Definitivamente estaba pasando algo, y lo sabía porque las voces de su mente estaban preocupadas. Tenían miedo, y eso le gustaba. Era una demostración efectiva de que no eran tan poderosos como querían creerse ellos mismos. Mientras avanzaba en busca de Rick continuaba pensando en esa…¿rebelión? - ¿Ya no sois tan arrogantes? – preguntó con una sonrisa divertida.

- Nos van a traicionar.
- Ya lo han hecho.
- ¿Y se supone que vamos a permitírselo?
- No, por supuesto que no.
- Bien, ¿y entonces qué hacemos?
- Dejar que el humano encuentre al otro, y dejar que le advierta. Dejaremos que vuelen el barco por los aires.
- ¿Te has vuelto loco? ¿Por qué vamos a hacer eso?
- Porque no voy a permitir que esos neonatos se crean más importantes que yo.
- ¿Qué tú? Somos una colonia, un solo pensamiento. Una sola voz, una sola fuerza.
- Sí, esa es una idea muy bonita. Pero según esa  idea obsoleta, permitiríamos que nos traicionasen. ¿Estás dispuesto a consentirlo?

- No, supongo que no. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario