sábado, 15 de febrero de 2014

Centro psiquiátrico

Se acercaba la hora de llegada de los nuevos pacientes y la hora de intentar la huida. Los pacientes que se habían organizado para tratar de escapar se miraban en silencio, ocultando el nervio, el tedio y la excitación que les provocaba la espera de la ansiada libertad. ¿Qué harían cuando dejasen de buscarlos? No lo sabían, pero sin duda sería muy divertido. Podrían volver a sus antiguos “trabajos” antes de que la policía los atrapase: pirómanos, psicópatas, asesinos, sádicos, necrófilos, violadores…científicos. Todos ellos una vez más en la calle, con la libertad de volver a causar ese dolor y ese miedo que tanto deseaban.

La gran bata blanca sabía que las posibilidades de placer y alimento que le proporcionaba la huida de aquellas pobres ovejas eran casi infinitas. se había planteado en alguna ocasión permitirles escapar de su absoluto control, pero lo había rechazado en última estancia. Por mucho placer y alimento que aquellos hombres y mujeres pudiesen proporcionarles con el dolor humano no podía permitir que escapasen: escapar de su control sería un signo de debilidad. Nadie lo había logrado hasta la fecha, y nunca lo haría mientras ella viviese. No iba a permitir que el ganado se rebelase contra ella.

Burche también estaba ansioso por la llegada de la nueva jerarquía del centro psiquiátrico. Ella le había sugerido que no necesariamente debía seguir siendo un centro psiquiátrico; si él quería podría convertirlo en cualquier otro edificio, con cualquier otro tipo de propósito. La única condición que le ponía era que fuese algo que no atrajese las miradas del exterior: nadie fuera de sus muros podía saber lo que pasaba allí dentro. Se paseaba en silencio por los pasillos, ahuyentando con su presencia a los pacientes que le miraban en silencio, con una sonrisa satisfecha en los labios. Todos estaban descubriendo quién sería el próximo nuevo gran jefe allí, y todos sabía exactamente lo que les esperaba cuando se hiciese al fin con el poder: nada bueno. – Pronto, muy pronto. Un baile de dolor, una espiral de miedo. Un banquete infinito para ella…para que esté contenta conmigo, para que no acabe con mi existencia. – pensaba una y otra vez, ligeramente nervioso por lo que estaba a punto de suceder. Sabía que todos esos privilegios traían consigo una gran responsabilidad, sabía que el precio que pagar por sus errores sería demasiado alto…sin embargo estaba dispuesto a hacerlo. El premio era muy tentador: podría decidir sobre la vida del resto, de todos los que vivían allí, como un Dios.

- Muy bien, señor Burche, espero que esté preparado para lo que se le acerca. ¿Cree que puede traicionarme, asustarme, y salirse con la suya sin pagar el precio? Olvídelo, Burche. Tal vez usted sea el músculo, pero yo soy el cerebro. Cuando haya ingerido esta cantidad de mórficos quedará totalmente indefenso, y yo podré dejar bien claro a esta panda de imbéciles que YO soy el que manda aquí. YO y nadie más que YO – pensaba, recluido en su despacho, preparando una mezcla de mórficos y calmantes suficiente para tumbar a un caballo de tamaño considerable. No permitiría que aquél condenado hombre se saliese con la suya, sin más. No estaba muy seguro de cómo suministrarle semejante dosis, pero ya se las ingeniaría.

La gran bata blanca esperaba en silencio, pero enfurecida. No le gustaba el YO de Beaumont, y por eso iba a quitárselo de en medio. Ella había sido la artífice de la revuelta de los pacientes del auténtico centro psiquiátrico, y ella había sido quien le había hablado. Ella había sido quien había convencido a todos los pacientes que Beaumont era el auténtico médico, y que nunca había existido ningún motín. Ella le había dado el poder, a condición de que siempre supiese que estaba bajo sus órdenes. Ahora que lo había olvidado... lo quitaría de en medio. Burche le serviría a su propósito, al menos al principio.


- Y cuando hayamos escapado de aquí, los degollaré a todos – pensó uno de ellos, mirando al resto en silencio. La gran bata blanca rompió a reír. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario