Avanzó por los pasillos
buscando alguna manera de subir; necesitaba llegar a la armería para encontrar,
con suerte, algo que le sirviese para mandar el barco al fondo. No había
olvidado la idea principal de hacerlo reventar, ¿pero y si realmente quedaba
una última opción? No quería sentenciarse sin haber probado la última bala de
la recámara.
No escuchaba ningún ruido a
su alrededor, y eso le ponía nervioso: estaba siendo vigilado. No podía
asegurarlo, pero no por ello dejaría de ser cierto. Tenía que darse prisa si no
quería acabar cayendo en una trampa como un estúpido – Bueno, lo más probable es que las vías de acceso principal estén
bloqueadas, ¿no? Siempre puedo intentar subir por alguno de los conductos de
ventilación…pero por dios que no me hace especial ilusión aventurarme por uno
de esos estrechos pasillos oscuros. ¿Y si me encuentro con…no sé, algo? No
podría darme la vuelta para huir todo lo deprisa que querría, pero tampoco
podría moverme libremente para enfrentarme a lo que sea. ¡Joder! Esto es
frustrante – se dijo mientras observaba una de las rejillas del conducto,
dudando – ¿Y si eso se estrecha en algún
punto? Estaría gracioso quedarse atascado ahí dentro y acabar muriéndome de
hambre…y lo peor es que eso no sería lo peor que pudiera pasarme – sentenció,
convencido. La idea de quedarse atascado sin poder moverse mientras una de
esas…cosas le miraba en silencio, con una sonrisa en los labios, antes de
acercarse era simplemente terrorífica. ¿Qué aspecto tendrían? No quería
imaginarlos, pero tampoco podía evitarlo. Imaginaba pequeñas criaturas de no
más de treinta centímetros de alto, extremadamente delgadas, con cuatro brazos
y cuatro piernas. Con una cara de un solo ojo y una boca circular llena de
diminutos pero afilados dientes. Con un color de piel cambiante, que se
adaptaba al entorno donde se encontraba… - ¡Basta,
basta de una vez! Como si no tuviera suficiente con estar a punto de meterme
ahí dentro como para estar imaginando semejantes tonterías. ¡No hay malditos
alienígenas, joder! No hay ningún ente de otro mundo que haya poseído a los
marines de este maldito barco, ¿de acuerdo? – se dijo tratando de
convencerse. Sin embargo sabía que la idea acabaría volviendo aunque él no
quisiese: por fin había pronunciado la palabra; alienígenas, no zombies ni
infecciones extrañas. Ésa era la situación: aunque no se lo quisiesen creer,
habían sido atacados por alguna criatura del espacio. Debía estar volviéndose
loco para pensar en aquella idea absurda. Y mucho más para adentrarse en el
conducto.
El espacio por donde debía
moverse era reducido y estaba muy oscuro, era incómodo y sentía que había muy
poco oxígeno allí. Se estaba agobiando en ese lugar, por lo que debía moverse
deprisa. Avanzaba casi arrastrándose sobre el cuerpo mientras permanecía alerta
a cualquier sonido que pudiese delatar que algo se acercase hacia él,
procurando no emitir él ninguno.
- Le has dado una buena imagen mental al humano.
-
¿No es increíble de lo que es capaz la sugestión mental? No pensé que fuese a
funcionar tan bien.
-
Sin embargo, ha subido a los conductos. ¿Estás seguro de tu idea?
-
Claro que sí. Debemos dejarle creer que está luchando contra una invasión
alienígena. Tenemos que dejarle llegar hasta el puente de mando, encontrándose
con una resistencia razonable. Así creerá que nos ha encerrado aquí, y que
puede buscar la manera de huir del barco y volarlo desde fuera, sin morir.
-
¿Estás seguro de que querrá hacer eso?
-
¿Tú querrías morir, si tienes la oportunidad de evitarlo?
-
Yo no, pero los humanos son tozudos.
-
No te preocupes por eso.
Cada vez que pasaba delante
de alguna de las rejillas podía ver algunos marines moviéndose por el barco de
manera torpe y confusa, como si estuviesen sonámbulos.
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