sábado, 22 de febrero de 2014

Centro psiquiátrico

- Te digo que hay algo que no me gusta en todo esto – insistió, mirando al conductor con miedo.
El conductor suspiró profundamente, mirándolo de reojo. Estaba cansado, tenía sueño y también estaba asustado, aunque no permitiría que el otro lo supiese; sólo le faltaba eso, que a su compañero le diese un total ataque de histeria. – Y yo te digo que no está pasando nada de lo corriente – repitió, cono tono mecánico – Mira, francamente creo que todo esto no es más que mera cuestión de sugestividad, ¿sabes? Creo que estás cansado y que tu mente te está jugando una mala pasada, ¿me sigues? – hizo una pausa, aunque no le dejaría responder aún – Estamos aquí, rodeados de criminales y locos, camino de un centro psiquiátrico en plena noche. Comprendo perfectamente que todo esto te afecte, tranquilo; a mí también me pasaba exactamente lo mismo cuando empecé a trabajar haciendo esta ruta, pero con el tiempo verás que no va a suceder nada malo, ¿de acuerdo? – hablaba con tono áspero mal disimulado – Sólo tienes que relajarte un poco y seguir concentrado en tu tarea.
- ¿Tú crees? – preguntó, sin convencimiento, mirándolo. – Quiero decir, ¿crees que sólo se trate de mera sugestión? – no lo creía. Estaba completamente convencido de que allí estaba sucediendo algo malo, algo muy malo. Todo su cuerpo estaba gritándole que obligase al conductor a dar la media vuelta o, al menos, a que parase para dejarle salir. No quería permanecer en aquél lugar ni un segundo más.
- ¡Pues claro, hombre! – exclamó el conductor, calmándose un poco. No había sido justo perder los nervios con el novato; comprendía que estuviese cagado de miedo – Mira, te entiendo perfectamente. Este lugar desprende malas vibraciones porque dentro no hay precisamente ositos de peluche y golosinas, ¿sabes? – se encogió de hombros, tratando de mostrarse todo lo indiferente que podía – Pero al final acabarás acostumbrándote, y llegará el momento en que no hagas el mínimo caso a todo eso. A mí al principio tampoco me gustaba un pelo hacer esta ruta, pero es la mejor manera para poder elegir ruta en el futuro. Es como si te diesen preferencia por hacer esta.
- Espero que tengas razón – dijo volviendo la mirada a los pacientes, que por suerte para él continuaban drogados y dormidos. Aunque habría jurado que había visto a algunos sonreír en una ocasión, y eso le ponía más nervioso – Siento estar dándote la nochecita, es que este sitio… - se encogió de hombros.
- Tranquilo, no tardaremos demasiado. Nos estará esperando el director con un par de enfermeros que se encargarán de sacarlos de aquí y llevarlos a las  habitaciones. Un par de firmas y luego tú y yo nos marcharemos de aquí lo más rápido posible. Y no habrá más trabajo hasta el próximo traslado de pacientes – explicó con voz mucho más tranquila, a sabiendas de que su compañero lo agradecería.

Ya había visto las luces del vehículo a lo lejos, y se frotó las manos para entrar en calor. Había tenido un escalofrío pero lo había achacado al frío que hacía allí fuera, en el patio. Había hablado con algunos de los vigilantes, sorprendiéndose de la ausencia de otros, y los había logrado convencer de que habían sido los propios pacientes quienes le habían atacado y asesinado. Sonrió un poco, mirándolos por el rabillo del ojo – Me ganaré la absoluta lealtad de estos cuatro brutos y nombraré jefe de vigilantes al más leal de todos. Por fin se ha acabado esta pesadilla…y puedo ser yo, una vez más, el que las desate – pensó, satisfecho.

En alguna habitación, olvidada, atado a la camilla con varias correas Conrad Mazazo Burche tenía un sueño horrible. Soñaba que una gran araña de resplandeciente metal le perseguía por túneles de hierro oxidado, siempre riendo tras él.


- Lo siento, Conrad. Te he dado una oportunidad y la has desaprovechado, ahora debes pagar las consecuencias – susurró una voz en su oído, haciendo que se estremeciera, asustado. 

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