No tenía muy claro qué debía hacer. No
sabía si subir hacia el puente de mando e intentar contactar con la base en
tierra firme, o bajar directo al polvorín y acabar el trabajo. Tenía que tomar
la decisión de una vez por todas, sin volverse atrás. Eso era lo que le había
dicho a Cody al menos en tres ocasiones, pero ahora era él mismo el que dudaba
– Venga, piénsalo rápido. Si vas al
puente de mando y contactas con la base, ¿qué les dirás? ¿Hay una invasión
alienígena dentro del barco? No te creerían, vendrían aquí cagando leches. Y si
te creyesen, por imposible que fuese, también lo harían. No puedes pretender
poner un rumbo fijo al barco sin más para que nunca llegue a tierra, porque
alguna de esas cosas acabaría llevándolo tarde o temprano. Hay que volarlo.
Pero puedo intentar retrasar la explosión lo suficiente como para intentar
salir de aquí… - pensaba, aún escondido en el conducto de ventilación – Pero no
puedo hacerlo solo, tengo que buscar a Cody. Lo más probable es que
haya…pero no lo sé. Él se ha sacrificado por mí tantas veces…no puedo dejarlo
aquí, sin más. No puedo matarlo y marcharme de aquí por una simple corazonada.
Finalmente salió del
conducto. Miró a su alrededor con la esperanza de que no hubiese nadie a la
espera de cazarlo, tuvo suerte. Avanzó hacia el polvorín del barco en busca de
algún tipo de explosivo que pudiese usar en su favor – Tiene gracia, tanto trabajo apilando el combustible para nada. En
realidad podría reventar el barco en esa misma sala, sólo necesitaría activar
uno de ellos y se acabaría todo – pensó con una sonrisa cansada en los
labios. Bajó un par de niveles en silencio, en busca de su objetivo. Las dudas
aún le bombardeaban en la cabeza, pero no les prestaba atención.
- ¿Y qué propones, humano?
-
No somos estúpidos. Sabemos que intentarás algo.
-
Es sencillo. A vosotros os interesa quedaros a bordo tanto como a mí. Nos están
buscando, ya lo sabéis, y no creo que quieran hacernos una fiesta de
cumpleaños, ¿no? – preguntó guardando una sonrisa triunfal, no
sabía si esas cosas podrían verla, o sentirla – Creo que lo más inteligente es que nos marchemos de aquí, todos, pero
os necesito. Vosotros tenéis cierto control aún sobre esos…durmientes, y yo
tengo las piernas con las que caminar.
-
No te sobrevalores, humano. Podríamos ordenarte caminar si quiséramos.
-
¿Así que, para qué te necesitamos?
-
¿Para qué? – chasqueó la lengua, divertido - ¿Para ayudaros a salir de aquí, por ejemplo?
Vosotros quizá podáis controlar mis piernas, pero no un cuerpo muerto, ¿verdad?
Seguro que sólo es cuestión de tiempo que os acaben acorralando – cerró los
ojos un momento, rezando para que la estratagema diese resultado. Las voces
volvieron a guardar silencio, eso era bueno; las había hecho dudar.
- Bueno, ¿qué juguete usar? – se preguntó a las puertas del polvorín.
Afortunadamente para él no se había tropezado con ninguna de las criaturas que
pululaban por el barco, y eso era de agradecer ya que no le quedaba nada de
munición. Entró en la estancia con cuidado de no caer en una trampa, si es que
la había. Por suerte no la hubo. Observó la inmensa cantidad de armas y
explosivos que se guardaban allí y se dirigió automáticamente por los
explosivos plásticos; con algo de suerte podría hacerlos detonar a distancia
sin que ninguna de esas criaturas las encontrase antes.
- Muy bien, no tenemos más remedio que aceptar la propuesta del humano.
-
¿Estás de broma? Se librará de nosotros en cuanto tenga la oportunidad.
-
¿Cómo? Moriría, lo sabe.
-
Tal vez no le importe, tal vez se sacrifique por el resto.
-
Es una opción, sí. Por eso tenemos que asegurarnos de que no nos arrastre con
él.
-
¿Cómo?
-
Eso es fácil. Llegado el momento, saldremos de él e infectaremos al otro
humano.
-
¿Qué otro humano?
-
El que pretende volar el barco, con todos nosotros dentro. Será fácil, y nos vengaremos
de esos traidores.
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