lunes, 17 de febrero de 2014

Vidas sin valor

    No tenía muy claro qué debía hacer. No sabía si subir hacia el puente de mando e intentar contactar con la base en tierra firme, o bajar directo al polvorín y acabar el trabajo. Tenía que tomar la decisión de una vez por todas, sin volverse atrás. Eso era lo que le había dicho a Cody al menos en tres ocasiones, pero ahora era él mismo el que dudaba – Venga, piénsalo rápido. Si vas al puente de mando y contactas con la base, ¿qué les dirás? ¿Hay una invasión alienígena dentro del barco? No te creerían, vendrían aquí cagando leches. Y si te creyesen, por imposible que fuese, también lo harían. No puedes pretender poner un rumbo fijo al barco sin más para que nunca llegue a tierra, porque alguna de esas cosas acabaría llevándolo tarde o temprano. Hay que volarlo. Pero puedo intentar retrasar la explosión lo suficiente como para intentar salir de aquí… - pensaba, aún escondido en el conducto de ventilación – Pero no  puedo hacerlo solo, tengo que buscar a Cody. Lo más probable es que haya…pero no lo sé. Él se ha sacrificado por mí tantas veces…no puedo dejarlo aquí, sin más. No puedo matarlo y marcharme de aquí por una simple corazonada.

Finalmente salió del conducto. Miró a su alrededor con la esperanza de que no hubiese nadie a la espera de cazarlo, tuvo suerte. Avanzó hacia el polvorín del barco en busca de algún tipo de explosivo que pudiese usar en su favor – Tiene gracia, tanto trabajo apilando el combustible para nada. En realidad podría reventar el barco en esa misma sala, sólo necesitaría activar uno de ellos y se acabaría todo – pensó con una sonrisa cansada en los labios. Bajó un par de niveles en silencio, en busca de su objetivo. Las dudas aún le bombardeaban en la cabeza, pero no les prestaba atención.

- ¿Y qué propones, humano?
- No somos estúpidos. Sabemos que intentarás algo.
- Es sencillo. A vosotros os interesa quedaros a bordo tanto como a mí. Nos están buscando, ya lo sabéis, y no creo que quieran hacernos una fiesta de cumpleaños, ¿no? – preguntó guardando una sonrisa triunfal, no sabía si esas cosas podrían verla, o sentirla – Creo que lo más inteligente es que nos marchemos de aquí, todos, pero os necesito. Vosotros tenéis cierto control aún sobre esos…durmientes, y yo tengo las piernas con las que caminar.
- No te sobrevalores, humano. Podríamos ordenarte caminar si quiséramos.
- ¿Así que, para qué te necesitamos?
- ¿Para qué? – chasqueó la lengua, divertido - ¿Para ayudaros a salir de aquí, por ejemplo? Vosotros quizá podáis controlar mis piernas, pero no un cuerpo muerto, ¿verdad? Seguro que sólo es cuestión de tiempo que os acaben acorralando – cerró los ojos un momento, rezando para que la estratagema diese resultado. Las voces volvieron a guardar silencio, eso era bueno; las había hecho dudar.

- Bueno, ¿qué juguete usar? – se preguntó a las puertas del polvorín. Afortunadamente para él no se había tropezado con ninguna de las criaturas que pululaban por el barco, y eso era de agradecer ya que no le quedaba nada de munición. Entró en la estancia con cuidado de no caer en una trampa, si es que la había. Por suerte no la hubo. Observó la inmensa cantidad de armas y explosivos que se guardaban allí y se dirigió automáticamente por los explosivos plásticos; con algo de suerte podría hacerlos detonar a distancia sin que ninguna de esas criaturas las encontrase antes.

- Muy bien, no tenemos más remedio que aceptar la propuesta del humano.
- ¿Estás de broma? Se librará de nosotros en cuanto tenga la oportunidad.
- ¿Cómo? Moriría, lo sabe.
- Tal vez no le importe, tal vez se sacrifique por el resto.
- Es una opción, sí. Por eso tenemos que asegurarnos de que no nos arrastre con él.
- ¿Cómo?
- Eso es fácil. Llegado el momento, saldremos de él e infectaremos al otro humano.
- ¿Qué otro humano?

- El que pretende volar el barco, con todos nosotros dentro. Será fácil, y nos vengaremos de esos traidores. 

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