martes, 18 de febrero de 2014

Vidas sin valor

- Espero que no te equivoques.
- Yo también lo espero.

Aunque no pudo escuchar aquella conversación entre las voces supo que estaban tramando algo; no se dejarían engañar tan fácilmente, pero él tampoco. Llegado el momento se aseguraría de que aquellas voces no saliesen del barco. Corrió hacia la armería en busca de Rick. Cruzó entre hombres y mujeres que se movían de un lado para otro como si estuviesen sonámbulos sin que ninguno se interpusiera en su camino, cosa que agradeció.

- ¡Esos dos malditos inútiles nos han traicionado, a todos!
- ¿Y qué hacemos? Tenemos que hacer algo, pero no podemos movernos de aquí. ¿Cómo lo han hecho?
- No lo sé, y tampoco sé exactamente qué hacer, pero tenemos que impedir que vuelen el barco. Tenemos que salir…
- ¿Estás loco? Es demasiado pronto, no estamos lo suficientemente formados aún. Si salimos ahora moriremos en seguida.
- Siempre será mejor eso que morir todos, ¿no te parece?

Cuando por fin alcanzó la armería pudo ver a Rick, preparando todo lo que necesitaba para llevar a cabo su plan. Tenía que advertirle de alguna manera, pero sabía que si iba demasiado rápido le acabaría disparando. ¿Cómo diablos tendría que hacerlo? No lo sabía exactamente, por lo que decidió esconderse tras una pared para evitar llevarse una ráfaga que lo matase.

- Eh, Rick – dijo con voz baja.
- ¿Quién está ahí? – se dio la vuelta con rapidez, apuntando hacia la puerta.
- Soy yo…Anthony – respondió con nerviosismo – No voy a hacerte nada, ¿vale? Sé que es una locura, estoy de acuerdo en eso, y sé que no me vas a creer pero…he llegado a un pacto con las voces – continuó, seguro de que no se lo creería.
- ¡Y una mierda! – exclamó, al borde del límite - ¡Déjame en paz, o sal de una vez! No vais a impedir que vuele todo este sitio por los aires.
- No, no lo voy a hacer. En realidad quiero ayudarte a hacerlo, pero no puedo decir mucho más – cerró los ojos.
- Debes estar borracho si crees que voy a caer en la trampa – replicó Rick, negando con la cabeza – ¿Ahora pretendes ayudarme? Claro que sí, ¿y se puede saber por qué?
- Los otros han…bueno, en realidad no sé exactamente qué está pasando, ¿de acuerdo? Sólo sé que las voces que tengo en mi cabeza han traicionado a las otras, y por eso los dos seguimos vivos. No sé cuánto tiempo más aguantarán manteniendo quietos a los marines, pero tenemos que aprovecharlo en nuestro favor.
- ¿Pero de verdad crees que voy a picar? – preguntó con un claro tono irónico en la voz – Deja de intentar engañarme, novato. Sal a la luz, donde pueda verte. Sal y muere de una vez, tendré un problema menos.

Finalmente salió de su escondite. Lo hizo despacio y con los brazos en alto mientras miraba fijamente a Rick a los ojos. Estaba convencido de que le pegaría un tiro, y las voces más aún, pero sin embargo había salido y se acercaba a él.

- Aquí estoy, Rick. Si quieres pegarme un tiro, adelante – dijo sin miedo. Notaba la duda en su ex jefe de patrulla.

- ¡Nos va a matar!
- No, no lo va a hacer. Sabe que, en realidad, no le está mintiendo. Sabe que si nos mata estará perdido. Pero también sabe que no nos dejará salir de aquí.
- ¿Cómo lo sabes?

- Lo veo, lo siento. 

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