martes, 11 de febrero de 2014

Vidas sin valor

- ¿Que lo haga de una vez? – repitió, incrédulo, sin creerlo – No me provoques, Rick.
- No te provoco – dijo acercándose a él con el arma en las manos, pero sujetada por el cañón – Si crees que soy una de esas jodidas cosas, ¡mátame de una vez! – le tiró el arma cerca de él y volvió a abrir los brazos, expectante.

Una vez más el silencio y la tensión se hicieron dueñas de aquella pequeña sala. Los dos se miraban en silencio pero con la respiración agitada, ¿se preparaban para algo? Era posible. Para qué, no lo sabían. Cody se mostraba más que reacio a acercarse al arma, consciente de que o bien podía ser una trampa o bien le estaba diciendo la verdad…ése era el problema; no podía discernir la realidad de la mentira, y le ponía nervioso. Habían demasiados “y si…” en todo ese asunto, y eso no le gustaba. Finalmente acabó descargando un puñetazo con fuerza en la pared más cercana, exasperado.

- ¡Es que no sé qué coño creo, ostia! – exclamó, mirándolo – No sé si puede que esas cosas te hayan mordido y lo que quieras sea precisamente liberarlas, o si lo que pasa es que me han mordido a mí e intentan confundirme para que no te permita acabar con ellas, ¿comprendes? – suspiró – Y quitando todo el asunto de estas cosas del diablo, no puedo aceptar el hecho de que estemos a punto de suicidarnos, de asesinar a un montón de marines inocentes y de volar el puto barco por los aires, sólo por una jodida corazonada, sin intentar buscar una jodida salida más. Compréndeme, Rick, no es fácil de aceptar, ¿sabes? – suspiró, dando un par de pasos sin rumbo por la estancia.
- Pues claro que es duro, Cody – respondió Rick con voz tranquila, mirándolo aún en el sitio donde estaba – Lo es para ti y para mí, los dos tenemos familia. Sé que te estoy pidiendo algo jodidamente extremo, pero ya te he dicho que podías darte la vuelta e intentar buscar alguna salida tú mismo – hablaba despacio, con calidez pero dureza en la voz – Porque lo que no quiero es estar pasando precisamente por esta situación, ¿sabes? Me he cansado de estar en continua tensión, desconfiando hasta de mi propia sombra. Ya no lo aguanto más, amigo. Márchate, atácame o ayúdame – dijo sin apartar la mirada de él – Pero basta ya de desconfianzas y estupideces. Si realmente crees que soy una de esas criaturas, o que quiero ayudarlas volando el barco, atácame. Lo que quiera que vayas a hacer, hazlo ya.

Una vez más el silencio entre ambos. Cody miraba a Rick en silencio, analizando y asimilando aquellas palabras. Rick lo miraba a él esperando una reacción; si le iba a atacar pensaba defenderse.

- ¿Qué van a hacer? Están dudando, pero nos perjudica.
- Los durmientes, haz que entren de una vez.
- Pero si uno de ellos está infectado, podría…
- Mejor él que todos nosotros. Nosotros ya estamos casi desarrollados por completo.

Al fin entraron. Lo hicieron en tromba, pero en silencio. Una manada de soldados, llenos de marcas y heridas, que los miraron durante un breve instante antes de lanzarse a por ellos en completo silencio. No había ningún gesto humano reconocible en sus facciones, y eso era malo. Aquellas cosas los pillaron por sorpresa, y debieron correr para poder buscar una situación segura antes de empezar a disparar. Se habían separado, y se miraban por el rabillo del ojo a la espera de ver qué pasaba con el otro; aún había desconfianza entre ambos.

- ¡Vuela esos putos barriles, hazlo de una maldita vez! – gritó Cody finalmente, tratando de contenerlos.
- ¡Son demasiados, no puedo acercarme! – respondió Rick, casi arrinconados.
- Entonces tendré que despistarlos – susurró Cody, mientras se lanzaba hacia adelante. 

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