lunes, 3 de febrero de 2014

Vidas sin valor

- ¿Puedes explicarme por qué se supone que le vamos a hacer caso al novato? – preguntó Cody a la carrera.
- Ya lo has visto tú mismo – respondió Rick con aspereza en la voz – Aquí está pasando algo raro, y no me apetece quedarme a descubrir qué.
– Ya pero… - suspiró un poco intentando ordenar los pensamientos - ¿Has visto la cara de John antes de lanzarse? Estaba como poseído o algo parecido.
- Cody, haz el favor de cerrar la puta boca y concentrarte, ¿quieres? Tenemos que subir y aislar esta zona del barco hasta que se nos ocurra algo mejor – respondió Rick con mayor brusquedad aún.

Guardó silencio mientras avanzaban, pero no pudo evitar seguir pensando - ¿Qué se nos ocurra algo? Querrás decir hasta que a Bradford se le ocurra algo. Él es el comandante, él es el que corta el bacalao aquí dentro. No podemos pretender tomar decisiones tan drásticas como hacer volar el maldito USS Nordic sin contar con nadie, joder – pensó avanzando aún con mayor velocidad, impulsado por el miedo – Claro que Bradford debe saber algo de todo esto, y si lo sabe quizá no esté tan dispuesto a volar el maldito barco. Quizá quiera intentar contenerlos y luego…no lo sé – se dijo. Era necesario dejar de pensar en nada que no fuese sobrevivir; Rick tenía razón: si empezaban a hablar y hablar del asunto antes de llegar arriba acabarían perdiendo el tiempo y la concentración y sería muy probable acabar equivocándose de ruta; acabarían perdidos allá abajo con aquellas cosas buscándolos.

- El maldito humano nos ha fallado. Se ha rebelado contra nuestros planes.
- Por suerte no lo han matado.
- Tenemos que hacer algo, no podemos permitir que se subleven.
- Los necesitamos.
- Sí, pero los necesitamos dóciles.
- Tengo una idea.

Las malditas voces en su cabeza parecían estar urdiendo un plan y sabía que no sería nada agradable para él, pero no le importaba. No sabía qué querían de él, pero desde luego no era nada bueno; habían obligado a John a lanzarse de cabeza para atacar a Cody y Rick y…las sentía, las sentía hurgando en su cabeza, adentrándose más aún de lo que ya lo habían hecho. Eso le dolía, le dolía terriblemente, esas eran las consecuencias de fallar…y ahora lo lamentaba realmente.

- ¡Dejadme, dejadme! – gritó con las manos en la cabeza, tratando de mitigar el dolor.
- Nos has fallado, y ahora debes pagar.
- Tus amigos no saldrán de aquí. Nosotros conocemos este sitio.
- ¿Qué lo conocéis? ¡Eso es imposible! – espetó Anthony, inseguro.
- Sí, lo conocemos.
- Nosotros lo conocemos todo sobre vosotros.
- Nosotros somos vosotros.
- Estamos dentro de vuestras cabezas.
- Ahora lo sabemos.



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