- Tenemos
que detener a esos dos antes de que lleguen arriba. Si intentan algo…
-
Pueden detenernos, sí.
-
No, no lo harán. Su jefe creé que sabe qué está pasando aquí; creé que puede
manejar la situación hasta llegar a un lugar adecuado.
- ¿Podremos
fiarnos?
- Es
mejor detenerlos.
Gritos, pasos, susurros…risas.
- Esto me da muy mala espina, Rick. Creo que van a
intentar pararnos de alguna manera.
- Que intenten lo que quieran – respondió Rick, resuelto.
- Oye jefe, te has vuelto muy rarito desde que hemos
vuelto de ese maldito sitio, ¿sabes? Me estás ocultando algo y no me gusta nada
– replicó con tono serio.
- Calla y sigue corriendo, cuando estemos fuera de su
alcance te contaré lo que sé – respondió de manera mecánica, como si se hubiese
preparado para aquello desde hacía algún tiempo. - ¿Quién no se volvería “muy rarito” si se despertase de un sueño en el
que te ve pegarte un tiro en los sesos, Cody? Además, no estoy seguro de que
podamos hablar demasiado sin que eso nos escuche.
Tenía sentimientos encontrados en ese momento. No es que
desconfiase de él, al menos no totalmente, pero había algo que no le había
gustado en absoluto; esa manera de responderle tan mecánica…había sido rara,
casi artificial. ¿Acaso era Rick uno de ellos? No podía saberlo porque
realmente no sabía quién demonios eran “ellos”, pero esa respuesta no había
sido suya. ¿Tendría que desconfiar incluso de su inmediato superior? No quería
hacerlo, pero sabía que no tenía más remedio que hacerlo hasta que le diese
motivos para pensar lo contrario.
Continuaron avanzando por el pasillo hasta alcanzar, por
fin, la escalera que subía hacia el siguiente nivel…pero estaba cerrada.
- ¡Mierda! – exclamó Rick dando un puñetazo en la pared.
- Bueno, ¿y qué hacemos ahora? – preguntó Cody sin querer
perder más tiempo del necesario.
- Intenta abrirla, yo te cubro – respondió sin más.
La puerta estaba atrancada, era como si alguien no
quisiese dejarlos salir de allí. La golpeó, la empujó y trató de forzarla pero
le resultaba imposible.
- Jefe – dijo Cody con voz temblorosa – Casi diría que la
han soldado. Desde el otro lado.
- ¿Estás de coña? – preguntó mirándolo, incrédulo. Eso sí
había sonado al verdadero Rick.
- Tenemos que buscar otra jodida salida, y rápido.
Los pasos que se acercaban ya sonaban mucho más cerca de
ellos. Tenían que darse prisa.
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