martes, 4 de febrero de 2014

Vidas sin valor

- Tenemos que detener a esos dos antes de que lleguen arriba. Si intentan algo…
- Pueden detenernos, sí.
- No, no lo harán. Su jefe creé que sabe qué está pasando aquí; creé que puede manejar la situación hasta llegar a un lugar adecuado.
- ¿Podremos fiarnos?
- Es mejor detenerlos.

Gritos, pasos, susurros…risas.

- Esto me da muy mala espina, Rick. Creo que van a intentar pararnos de alguna manera.
- Que intenten lo que quieran – respondió Rick, resuelto.
- Oye jefe, te has vuelto muy rarito desde que hemos vuelto de ese maldito sitio, ¿sabes? Me estás ocultando algo y no me gusta nada – replicó con tono serio.
- Calla y sigue corriendo, cuando estemos fuera de su alcance te contaré lo que sé – respondió de manera mecánica, como si se hubiese preparado para aquello desde hacía algún tiempo. - ¿Quién no se volvería “muy rarito” si se despertase de un sueño en el que te ve pegarte un tiro en los sesos, Cody? Además, no estoy seguro de que podamos hablar demasiado sin que eso nos escuche.

Tenía sentimientos encontrados en ese momento. No es que desconfiase de él, al menos no totalmente, pero había algo que no le había gustado en absoluto; esa manera de responderle tan mecánica…había sido rara, casi artificial. ¿Acaso era Rick uno de ellos? No podía saberlo porque realmente no sabía quién demonios eran “ellos”, pero esa respuesta no había sido suya. ¿Tendría que desconfiar incluso de su inmediato superior? No quería hacerlo, pero sabía que no tenía más remedio que hacerlo hasta que le diese motivos para pensar lo contrario.

Continuaron avanzando por el pasillo hasta alcanzar, por fin, la escalera que subía hacia el siguiente nivel…pero estaba cerrada.

- ¡Mierda! – exclamó Rick dando un puñetazo en la pared.
- Bueno, ¿y qué hacemos ahora? – preguntó Cody sin querer perder más tiempo del necesario.
- Intenta abrirla, yo te cubro – respondió sin más.

La puerta estaba atrancada, era como si alguien no quisiese dejarlos salir de allí. La golpeó, la empujó y trató de forzarla pero le resultaba imposible.

- Jefe – dijo Cody con voz temblorosa – Casi diría que la han soldado. Desde el otro lado.
- ¿Estás de coña? – preguntó mirándolo, incrédulo. Eso sí había sonado al verdadero Rick.
- Tenemos que buscar otra jodida salida, y rápido.


Los pasos que se acercaban ya sonaban mucho más cerca de ellos. Tenían que darse prisa. 

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