viernes, 7 de febrero de 2014

Vidas sin valor

Los pasos se habían vuelto a escuchar una vez más, resonando en el interior del enorme ataúd de metal en el que viajaban. En esta ocasión pudieron distinguir claramente más pasos distintos que antes: en esta ocasión más de aquellas criaturas se sumaban a la persecución. El nerviosismo, el miedo, la desesperación eran palpables casi a simple vista en los rostros de los dos humanos; ignoraban qué había pasado exactamente allí arriba mientras ellos habían sido encerrados en aquella zona, pero no estaban dispuestos a arriesgarse a descubrir que era demasiado tarde. Volarían el barco; era una decisión dolorosa y enorme, pero en el fondo comprendían que no había más remedio si querían evitar que eso llegase a tierra firme.

- ¿Pero entonces qué diablos son esas cosas, Rick? – preguntó finalmente.
- No lo sé – respondió con sencillez – Pero desde luego no son humanas.
- Eso está claro, pero… - suspiró un poco, decidido a agotar hasta el último cartucho de preguntas - ¿Será una especie de virus? – se encogió de hombros – Quiero decir, primero están perfectamente y luego pierden el sentido. Cuando se despierta están…poseídos – dejó escapar una clara nota de miedo en la última palabra.
- No creo que estén poseídos por ninguna chorrada de esas, Cody – respondió con cierta brusquedad, consciente de que no debía haberlo hecho – Ni tampoco creo que sea cosa de un virus.
- Es que…si fuese un virus, quizá podríamos encontrar una cura – dijo temiendo escuchar la respuesta. Ése era la última oportunidad que se le había ocurrido; no deseaba volar el barco y condenar a muerte a cientos de compañeros y amigos.
- No conozco ningún virus que te haga lanzarte a mordiscos a por la gente – dijo despacio – Claro que tampoco conoces todos los virus del mundo, ¿verdad, Rick? – se preguntó con un tono ligeramente brusco – No sé qué diablos provoca todo este asunto, pero no pienso permitir que eso llegue a tierra firme y se extienda por donde le dé la gana – se adelantó un paso, mirándolo fijamente a los ojos con seriedad; había llegado el momento de poner todas las cartas sobre la mesa – No creo que pueda hacer esto sólo, amigo,  y no voy a obligarte a que me ayudes – lo miró, ligeramente indeciso, consciente de que no podía hacerle esa pregunta – Pero, ¿vas a ayudarme?

Silencio. Cody lo miró pensando la respuesta con calma. Volar el barco y matar a todos los que habían dentro, incluyéndolos a ambos, era una idea demasiado extrema como para pensársela siquiera; ¡estaba pidiéndole que le ayudase a suicidarse! ¿Cómo podía pensar que podía hacerlo?

- Pues o te ayudo o te detengo, qué joder – suspiró finalmente mirándolo a los ojos también – No me queda otra que elegir una de esas dos opciones, y ya me jode tener que hacerlo. Has sido un excelente líder en estos dos años y medio que hemos servido juntos, Rick, y me estás pidiendo algo muy grande – dijo con tono serio.
- Por eso no puedo obligarte a hacerlo – respondió él, aceptando la decisión.
- Maldita sea, debo de estar jodidamente loco – murmuró en voz baja, acercándose a los cuatro últimos barriles de combustible – Bien, movamos el culo de una vez, ¿quieres? – suspiró.
- Lo siento, Cody – dijo en voz baja, ayudándole.
- Tú no tienes la culpa, hombre – negó con la cabeza.

Los pasos continuaban acercándose mientras algo se crispaba en el ambiente, poniéndose en tensión. Algo ahí abajo estaba nervioso por lo que estaban haciendo, lo sabían.

- ¡Detenedlos! No podemos permitir que hagan nada.
- No lo harán, no te preocupes.
- ¿Cómo lo sabes?

- Porque a uno de ellos lo han infectado. 

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