Los pasos se habían vuelto a
escuchar una vez más, resonando en el interior del enorme ataúd de metal en el
que viajaban. En esta ocasión pudieron distinguir claramente más pasos
distintos que antes: en esta ocasión más de aquellas criaturas se sumaban a la
persecución. El nerviosismo, el miedo, la desesperación eran palpables casi a
simple vista en los rostros de los dos humanos; ignoraban qué había pasado
exactamente allí arriba mientras ellos habían sido encerrados en aquella zona,
pero no estaban dispuestos a arriesgarse a descubrir que era demasiado tarde.
Volarían el barco; era una decisión dolorosa y enorme, pero en el fondo
comprendían que no había más remedio si querían evitar que eso llegase a tierra
firme.
- ¿Pero entonces qué diablos
son esas cosas, Rick? – preguntó finalmente.
- No lo sé – respondió con
sencillez – Pero desde luego no son humanas.
- Eso está claro, pero… -
suspiró un poco, decidido a agotar hasta el último cartucho de preguntas -
¿Será una especie de virus? – se encogió de hombros – Quiero decir, primero
están perfectamente y luego pierden el sentido. Cuando se despierta
están…poseídos – dejó escapar una clara nota de miedo en la última palabra.
- No creo que estén poseídos
por ninguna chorrada de esas, Cody – respondió con cierta brusquedad,
consciente de que no debía haberlo hecho – Ni tampoco creo que sea cosa de un
virus.
- Es que…si fuese un virus,
quizá podríamos encontrar una cura – dijo temiendo escuchar la respuesta. Ése
era la última oportunidad que se le había ocurrido; no deseaba volar el barco y
condenar a muerte a cientos de compañeros y amigos.
- No conozco ningún virus
que te haga lanzarte a mordiscos a por la gente – dijo despacio – Claro que tampoco conoces todos los virus
del mundo, ¿verdad, Rick? – se preguntó con un tono ligeramente brusco – No
sé qué diablos provoca todo este asunto, pero no pienso permitir que eso llegue
a tierra firme y se extienda por donde le dé la gana – se adelantó un paso,
mirándolo fijamente a los ojos con seriedad; había llegado el momento de poner
todas las cartas sobre la mesa – No creo que pueda hacer esto sólo, amigo, y no voy a obligarte a que me ayudes – lo
miró, ligeramente indeciso, consciente de que no podía hacerle esa pregunta –
Pero, ¿vas a ayudarme?
Silencio. Cody lo miró
pensando la respuesta con calma. Volar el barco y matar a todos los que habían
dentro, incluyéndolos a ambos, era una idea demasiado extrema como para pensársela
siquiera; ¡estaba pidiéndole que le ayudase a suicidarse! ¿Cómo podía pensar
que podía hacerlo?
- Pues o te ayudo o te
detengo, qué joder – suspiró finalmente mirándolo a los ojos también – No me
queda otra que elegir una de esas dos opciones, y ya me jode tener que hacerlo.
Has sido un excelente líder en estos dos años y medio que hemos servido juntos,
Rick, y me estás pidiendo algo muy grande – dijo con tono serio.
- Por eso no puedo obligarte
a hacerlo – respondió él, aceptando la decisión.
- Maldita sea, debo de estar
jodidamente loco – murmuró en voz baja, acercándose a los cuatro últimos
barriles de combustible – Bien, movamos el culo de una vez, ¿quieres? –
suspiró.
- Lo siento, Cody – dijo en
voz baja, ayudándole.
- Tú no tienes la culpa, hombre
– negó con la cabeza.
Los pasos continuaban
acercándose mientras algo se crispaba en el ambiente, poniéndose en tensión.
Algo ahí abajo estaba nervioso por lo que estaban haciendo, lo sabían.
- ¡Detenedlos! No podemos permitir que hagan nada.
-
No lo harán, no te preocupes.
-
¿Cómo lo sabes?
-
Porque a uno de ellos lo han infectado.
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