- Esto es una maldita locura. Estamos preparando nuestro propio suicidio
como si no pasara nada. Es para que esas cosas no lleguen a tierra pero… ¿y si
llegan igualmente? ¿Y si…precisamente lo que quieren es que volemos el barco,
para quedar libres? Podríamos buscar la manera de salir, ¿no? Podríamos
intentar volar una de las puertas cerradas y cambiar el rumbo del portaaviones,
de ese modo nunca tocaría tierra. Sin embargo…vamos a volarlo, sin más. Sin
dudar de que es la mejor opción, sin intentar buscar una forma de salvarnos ni
siquiera. Es una locura…¿pero y si Rick lo que quiere es que se extiendan esas
cosas por todo el mar? Infectarían la vida marina y entonces…¡santo cielo,
contaminaría el mundo entero en muy poco tiempo! El mar es la cuna de la vida,
¿no? Entonces… - aquella idea llevaba rebotando en su mente bastante
tiempo, y ya era imposible ignorarla durante más tiempo. La pregunta que se
hacía ahora era, ¿debía intentar convencerlo? Si realmente lo que quería era
extender esas cosas por todo el mar era porque se había convertido en una de
esas cosas, y si se intentaba rebelar contra esa idea…acabaría atacándole,
estaba seguro. ¿Pero realmente lo estaba? ¿Podía asegurar completamente que
aquél hombre con el que había servido tanto tiempo, con el que había vivido
tantas situaciones buenas y malas, ya no era el mismo? No estaba del todo
seguro, pero tampoco podía negar que no lo fuera, ¿no? – Oye, Rick – dijo con
precaución en la voz, habiéndose separado unos metros de él de forma
disimulada.
- ¿Qué pasa? – preguntó sin
prestarle demasiada atención, obcecado en colocar los barriles de combustible -
¿Ya vienen? – ahora sí dejó vislumbrar una nota de precaución en la voz.
- Quizá lo ha fingido, para que no sospeche – pensó, sin poder
evitarlo - ¿Estás seguro de que es una buena idea? – insistió, atento a la
reacción – Quiero decir…he estado pensando, ¿vale? ¿Y si al hacer volar el
portaaviones por los aires, esas cosas llegan al océano? Podrían infectar toda
la vida marina, y estaríamos igualmente jodidos, ¿no crees?
Rick se giró para mirarlo a
los ojos. La situación era incómoda, se podía notar perfectamente la tensión y
la desconfianza entre ambos hombres; ambos permanecieron en silencio durante
largo rato sin abrir la boca. Finalmente Rick se humedeció los labios con la
lengua, y se enderezó encogiéndose de hombros.
- Pues para serte sincero,
ni siquiera había pensado en esa posibilidad – dijo, sincero.
- Es que si esas cosas
sobreviven a la explosión y pueden infectar la vida marítima… ya sabes, el mar
es la cuna de la vida.
- Sí, estaríamos muy jodidos
– asintió, pasándose una mano por la cabeza en gesto cansado – Pero no creo que
tengamos muchas más opciones, ¿sabes? Además, la explosión será bastante gorda.
Si eso no los mata de todas formas acabarán siendo arrastrados al fondo,
atrapados aquí dentro para siempre.
- ¿Pero y si se escapan? –
insistió, inseguro – No quiero seguir con esta mierda, sé que nos estoy
retrasando – dijo a modo de disculpa – Pero no puedo dejar de pensar en esa
maldita posibilidad. ¿Y si lo que quieren es que volemos el barco? – dijo al
fin, mirándolo.
- ¿Cómo van a querer eso…? A
ver, Cody – dijo con impaciencia en la voz – Hemos llegado a la conclusión de
que son un jodido virus, ¿no? No pueden pensar por sí mismos, por lo que no
pueden engañar a gente a la que no han infectado, ¿no crees?
- Ahí quería yo llegar, compañero. ¿Y si resulta que sí te han infectado,
¿qué? Te estaría ayudando a cumplir sus propósitos – pensó con mayor
desconfianza aún, alejándose otros dos pasos tratando de disimularlo – Bueno,
eso en realidad no lo sabemos. No sabemos nada de esas cosas, joder – protestó - ¿Y si resulta que sí
pueden engañarnos? Nunca he visto ningún virus que anule la capacidad de nadie
y lo use como un juguete, ¿sabes?
- Están dudando.
-
Lo hemos conseguido, estamos a salvo.
-
No, todavía no.
-
¿Por qué no?
-
Todavía pueden intentar algo. No estaremos seguros hasta que no estén muertos.
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