domingo, 9 de febrero de 2014

Vidas sin valor

- Pero tú dijiste que uno de ellos había sido infectado.
- Sí, eso dije.
- ¿Entonces cómo estás tan seguro de que intentarán algo?
- Yo no he dicho que esté seguro de que lo hagan. He dicho que pueden hacerlo.
- ¿Cuál es la diferencia?
- La diferencia es que dais por sentado que al estar infectados ya están bajo nuestro control absoluto, y os equivocáis. Los humanos no son como otros, son demasiado estúpidos.
- ¿Demasiado estúpidos? ¿Qué quieres decir?
- Son capaces de sacrificarse sin estar seguros de que su idea funcione como ellos esperan.
- Entonces, ¿cuál es el problema?
- Que pueden tener la suerte de su parte, y su plan puede resultar eficaz.
- Pero… ¡eso sería catastrófico para nuestros planes!
- Exactamente.
- ¿Y cómo los detenemos?
- Haciendo lo que he estado haciendo yo.
- ¿Y eso es…?
- Confundirlos, enfrentarlos. Ellos no deben saber que las ideas que vosotros les hagáis tener no son realmente suyas. Si les habláis directamente, dudarán. Si les castigáis por hablaros entonces ya habéis fracasado. Nosotros tenemos que limitarnos a utilizarlos sin más, sin que se den cuenta. De lo contrario intentarán algo que os destruya, ¿de verdad os creéis intocables dentro de esos humanos?
- ¿Quién diablos es ese?
- El más antiguo. El primero en llegar.
- Creía que tú y yo fuimos los primeros en llegar.
- Callaos, y evitad que esos dos vuelen el barco por los aires. Os necesito aquí para proseguir con nuestros planes.
- ¿Nos necesitas? Somos uno, tú eres nosotros y nosotros somos tú. Sin nosotros tú no existes, sin ti nosotros no existimos.
- Te equivocas, yo no os necesito. Yo no estoy en ese barco.

Era la primera vez que las voces se mostraban tan nerviosas por algo que no lograba captar, pero estaba convencido de que estaban hablando con otra voz a la que no había escuchado hasta el momento. Por como hablaba parecía ser el “jefe” de aquellas cosas; no podría asegurarlo pues no había captado la conversación entera, pero estaba seguro de que no debía permitir a las voces detener a Rick y Cody. ¿Uno de ellos estaba infectado? ¿Cuál de ambos podría ser? No lo sabía, y tampoco importaba; ninguno de ellos iba a fiarse nunca más de él, ya lo consideraban el enemigo. – Tengo que hacer algo, y tengo que hacerlo ya – murmuró en voz baja, deseando que de esa manera las voces no lo escucharan - ¿Pero qué, y cómo? – se preguntó mientras avanzaba hacia el lugar donde sabía que se encontrarían sus antiguos compañeros de patrulla, tenía que advertirles de lo que estaba por llegar aunque muriese en el intento.

- ¿Dónde están los durmientes?
- Llegando. Pronto serán nuestros, y tendremos más sangre para poder seguir extendiéndonos.

- Que os lo habéis creído, cabronazos – pensó Anthony, sonriendo divertido. 

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