Finalmente
pudieron devolver la corriente al edificio sin problemas; no había ninguna
horda de pacientes esperándolos.
Sin embargo al
encenderlas pudieron escuchar una serie de gritos que hicieron que se les
pusiese el vello de punta. Se miraron, buscando una explicación, y supieron en
el momento que lo mejor era salir de allí cuanto antes.
- Bueno, de momento la cosa está saliendo como habíamos
planeado. – comentó Burche, tratando de ignorar las palabras que ella acababa
de susurrarle justo en el momento en que activaba de nuevo la energía.
- Sí. – asintió Beaumont, mirándolo fijamente a los ojos
un instante. – Igual que la última vez. Nos deja creer que estamos esquivándola
para luego darnos caza. – aseguró con un tono frío, convencido.
- No eres muy bueno dando ánimos. – replicó Burche,
negando con la cabeza.
- Tal vez sea porque soy realista, y sé lo que está
haciendo. – respondió él con indiferencia.
Suspiró, harto.
No sólo quería huir de aquél maldito lugar, en vez de condenarse estúpidamente
a morir para intentar “retener” a aquella maldita criatura, sino que además
estaba harto de aguantar a aquél maldito desgraciado.
Se paró en
seco, mirándolo mientras se cruzaba de brazos. Roldán tardó un poco en darse
cuenta de aquello, por lo que lo miró confundido y desconfiando.
- ¿Se puede saber qué estás haciendo? – preguntó de mal
humor. – Por si no te has dado cuenta, no tenemos demasiado tiempo como para
estar perdiéndolo con estupideces de egos dolidos.
- ¿No te das cuenta? – preguntó, acercándose despacio
hacia él. – No sirve de nada lo que estamos intentando. Ella no va a quedar
atrapada en los escombros de este maldito lugar, porque es imposible que
haciendo explotar la caldera este lugar se venga abajo. Y aún en el caso de que
lo lográsemos, este sitio es mucho más pequeño que el otro. – descruzó los
brazos, mirándolo fijamente mientras apretaba los puños. – Estamos perdiendo el
tiempo, y condenándonos.
Escuchó en
silencio lo que aquél hombre debía decirle, asintiendo de vez en cuando. Lo
peor de todo es que pensaba exactamente igual que él, pero no podía decírselo;
no podía rendirse al desánimo y el miedo o de lo contrario ella ya habría
ganado.
Un coro de
voces se acercaba hacia ellos pero aun así ninguno de los dos se movió, sabían
que eso mostraría debilidad y en aquél momento lo importante era mantenerse
fuerte; quien más fuerte fuese sería el que prevaleciese sobre el otro, y sería
su opción la que se haría.
- Puedes intentar escapar de aquí, e incluso quizá
conseguirlo. – respondió despacio, mirándolo fijamente. Tenía que repetir lo
mismo que ya le había dicho antes, pero no le importaba. – Puedes vivir varios
años de relativa tranquilidad mientras te escondes pero algún día ella estará ahí, sonriendo,
mirándote, dispuesta a acabar con su obra. Puedes pensar que la mejor carta que
tienes es la de huir y que puedes hacer un trato con ella. Puedes pensar en
venderme y huir…y tal vez llegues a creer que con eso ella no te mate, pero
llegará el día en que seas el último hombre sobre la tierra. – lo miraba
fijamente a los ojos, mientras el coro de voces sonaba cada vez más alto y más
cerca; una letanía fúnebre que pedía sangre a gritos. – Y ese día te
convertirás en la última presa a cazar…y entonces te enfrentarás a ella, y a
una prole de cientos de miles de seres como ella.
Burche guardó
silencio, escuchando y bajando la cabeza. Sabía que aquél desgraciado tenía
razón.
- Entonces será mejor que no perdamos el tiempo. –
replicó de mal humor, echándose a caminar hacia al sala de calderas.
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