sábado, 22 de marzo de 2014

Delia en el país de la oligofrenia [28]

    No sabía por qué había robado las llaves del médico y se había fugado, pero ahora se alegraba de hacerlo. Había usado a las otras pacientes como cebo para que entretuviesen a los celadores del edificio mientras ella escapaba en el coche del hombre al que había encerrado, sin saber que al hacerlo le había salvado la vida.
    La idea de volver a subirse a un coche, después de recordar lo que había pasado antes de llegar a aquél lugar, no le gustaba en absoluto. A decir verdad estaba completamente aterrorizada ante la idea de volver a conducir. ¿Y si Oliver volvía a aparecer? ¿Y si atropellaba a alguien? ¿Y si no conseguía lo que se proponía? ¿Y si, de vuelta en el manicomio, la castigaban por haber huido? Una auténtica oleada de preguntas nublaba su cabeza, amenazando con obligarla a volver allí. Las preguntas se desvanecieron en cuanto Ella puso en marcha el motor y se alejó del lugar lo más rápido que pudo; necesitaba recordar el pasado para poder ayudarla a ella, y para eso no debía seguir estando drogada por aquella gente; estaba convencida de que Oliver les había influido de alguna forma, obligándoles a mantenerla en un estado inconsciente todo el tiempo que fuese posible, pero eso ya había acabado. Ahora era libre.

- Me alegro de que hayas podido salir de ahí, ¿pero a dónde irás? – preguntó ella.
- No lo sé, pero tampoco me importa demasiado. Sólo quiero alejarme de este sitio para poder pensar con claridad. – dijo Ella, intentando prestar atención a la carretera.
- Necesitas un sitio donde poder refugiarte, y probablemente cambiarte de ropa para no llamar la atención. Si supiéramos dónde vivíamos… - dijo ella con tono de fastidio.
- No importa. – aseguró Ella con tono calmado. – Ya me las arreglaré para conseguir todo lo que ahora necesito.
- Pero, ¿qué harás luego? Has salido de ahí, y eso es un comienzo. – preguntó ella, expectante.
- Creo que tengo que ir a buscar a alguien que iba en el coche con nosotras. No sé quién es, pero creo que es importante. Ahora tengo que centrarme en lo que estoy haciendo, no quiero volver a…ya sabes. – respondió, despidiéndose.
- Te cuidado. – pidió con voz tímida.

DELIA:

- Lo primero es salir de esta casa e ir a la ciudad. – respondió Gato, una vez ella salió de ese trance en el que había entrado.
- ¿La ciudad? – preguntó, mirándolo incrédula.
- Claro. – respondió Cucaracha, acercándose un poco. – No creerías que sólo hay una casa y un jardín, ¿verdad? – sonrió, o al menos hizo un gesto parecido.
- Pues…sí. – respondió, tímida. – Pensaba que sólo existían la casa y el jardín.
- Todo este sitio es una representación del mundo real, Delia. – respondió Gato, zanjando la cuestión. – Todo lo que había allí, está aquí. Salvo porque está de forma…diferente, cambiada.
- ¿Cambiada? – preguntó sin entender a qué se refería.
- Amoldada a las necesidades de Oliver. – respondió Rata, mirándolos a todos. – Las cosas aquí ya no son lo que parecen, por lo que tendrás que andar con cuidado de con quién hablas y con quién andas. Puede que creas que un policía va a ayudarte, pero tal vez sólo quiera hacerte daño.
- ¿Entonces…?
- Eso significa que las cosas no son al contrario que en el mundo real, Delia. – respondió Gato con voz autoritaria. – No toda la policía aquí es buena, así como no todos los delincuentes son malos. Tendrás que ir con mucho cuidado para no caer en sus trampas.
- Eso parece muy difícil. – respondió ella, intimidada por la perspectiva de enfrentarse a semejante situación.
- No te preocupes, nosotros te ayudaremos cuanto podamos para que no caigas. Y creo que tu gemela también lo hará, siempre que esté fuera de peligro. – respondió Rata con tono tranquilizador.
- Tienes que estar preparada para matar cuando sea necesario. – dijo Gato, mirándola fijamente. – No puedes sentir pena por lo que veas ahí fuera, porque aun siendo buenos o malos ellos no la sentirán por ti; no son reales, sólo son copias.

- Lo entiendo. – aseguró ella, decidida. 

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